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Sábado, 14 de marzo de 2015

MUSICA › MUSICA NUEVA EDICIóN DEL FESTIVAL DE TANGO INDEPENDIENTE

San Juan y Boedo antiguo, pero con espíritu joven

Nacido como alternativa ante el festival de tango oficial de la Ciudad, al que critican por tomar al tango sólo como mercancía y postal turística, el FTI aboga por la autogestión, la producción musical propia y el compromiso social.

 Por Andrés Valenzuela

“Abre la Orquesta Típica Almagro, que está sonando de puta madre, así que no se puede llegar tarde”, advierte Germán Marcos, uno de los organizadores del Festival de Tango Independiente, que vivirá hoy desde las 17 su primera jornada del año en el asfalto de avenida Boedo, entre la avenida San Juan y la cortadita San Ignacio. El entusiasmo del muchacho es comprensible. Además de la Almagro, por el escenario pasarán varias de las mejores orquestas de la nueva producción tanguera local y amigos del circuito: el Quinteto Negro La Boca, Amores Tangos, Orquesta Típica La Vidú, Marcapiel, el homenaje al Gordo Alorsa de La Guardia Hereje con Lucio Arce en la voz, La Siniestra y otros como Yira, el Trío Cañón o Los Habitués. Diez orquestas y otras gentilezas, como el baile de Andrés “Tanguito” Cejas y Genoveva Fernández, el fileteador Pablo Jofré o las proyecciones de cortos en el bar Pan y Arte, pegadito al escenario. Como es en la calle, y si llueve no se baila bajo el agua, la cosa pasa para mañana, domingo. Y araca: que la sexta edición del FTI este año cambia ligeramente su formato, pero no sus principios.

El Festival de Tango Independiente aboga por la autogestión, la producción musical propia, el compromiso social, la federalización de la música ciudadana y la calle como punto de encuentro. Todo eso se mantiene: el FTI está organizado por la Unión de Orquestas Típicas y el programa de radio Fractura Expuesta. Además, este año se constituyeron como cooperativa. Todas las agrupaciones que se presentan componen sus propios tangos y milongas, amplían el repertorio del género y lo exploran desde la actualidad. Además organizan encuentros, fechas y talleres en lugares como el Hospital Borda. Su circuito no se limita a Buenos Aires, también tiene fechas fuertes en las provincias (Mendoza, Paraná y Córdoba) y afuera del país (el año pasado adhirieron Montevideo y Santiago de Chile, por ejemplo). Su fecha de apertura porteña es sobre el asfalto, en el tanguerísimo barrio de Boedo.

Lo que este año no sucederá es un festival “de corrido”, de siete o diez jornadas consecutivas como se dio los años anteriores. En su lugar estará la fecha de hoy en Buenos Aires, actividades sociales durante la semana y luego cada mes se repetirá la experiencia –con orquestas de cada región y otras invitadas– en las otras sedes. Además, organizará su participación social en espacios públicos, escuelas y sectores generalmente invisibilizados de las políticas culturales. En el caso de Buenos Aires habrá actividades abiertas el lunes por la mañana en el Hospital Borda y por la tarde en la Escuela Almafuerte de Boedo. En la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Tornú la actividad estará limitada a los pacientes y sus familiares, el jueves, y finalmente el viernes 20 habrá fiesta tanguera en la comunitaria Radio Sur (FM88.3), de Parque Patricios.

“Son seis años haciendo el festival y consideramos que algunos de los preceptos iniciales fueron cumplidos”, plantea Marcos. Entre ellos, señala, la utopía de generar cambios en el ambiente. El FTI, asegura, no sólo consiguió mostrar un montón de proyectos, sino también amalgamarlos y proyectarlos. “Hay un montón de lugares que ya no nos necesitan y en el proceso, un montón de artistas y espacios tomaron el ejemplo e hicieron su propio festival”, celebra. Nacido también como alternativa ante el festival de tango oficial de la Ciudad, al que critican por tomar al tango sólo como mercancía y postal turística, festejan como una victoria propia que en la última edición éste invitara a algunos de sus habituales exponentes, como el jovencísimo compositor Agustín Guerrero o el cantante Cucuza Castiello. “Un festival lo cerramos parafraseando al Che Guevara y el foquismo, diciendo que al festival de tango de la Ciudad le íbamos a hacer uno, dos, mil festivales de tango independientes, y eso ocurrió”, se anima Marcos, “ahora tenemos que profundizar el camino de la federalización, los eventos con nuestra concepción, modo de hacer e inclusive nuestra estética”.

Ildefonso Pereyra es otro de los organizadores del festival. Hombre ligado a su barrio, no abandona una mirada macro sobre el asunto. “Compartir esto en las provincias va de la mano con la construcción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y con la regionalización del Instituto Nacional de la Música”, plantea, “cuando se habla de la producción regional y se dice que falta organización, en realidad es que estas leyes no fueron apropiadas”. Pereyra entiende que el camino iniciado por el FTI no nace del vacío, sino que es un emergente que aglutinó a toda la producción del sector. “Es fundamental entender que nuestro trabajo no está aislado ni es sólo un emergente de la Ciudad, sino que es fruto de la práctica consciente de un laburo colectivo y territorial muy fuerte”, considera y traza una distinción nítida con el festival oficial porteño: “Una cosa es tomar el tango como objeto de consumo cultural y otra tomarlo como una posibilidad de desarrollo de las identidades, de trabajo de construcción colectiva”. Por eso cada año los organizadores del FTI insisten en la idea de “llevar el tango a donde no se programa”.

El énfasis en la expansión del modelo que propone el festival, sin embargo, encuentra límites. El primero es el de la propia organización descentralizada, en el que cada sede se organiza a sí misma y recibe por su parte apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación. “El formato sigue siendo libre –reconoce Marcos–, muchas sedes serán en lugares cerrados porque eso lo decide cada espacio, nosotros lo hacemos en la calle porque nos gusta así.” Su compañero destaca que como sede original a lo sumo colaboran con un “saber hacer”, con aquellos lugares que recién comienzan el camino. Otros, más formados, no necesitan ayuda. “A los mendocinos no hay que decirles cómo, ¡lo hacen! Lo que tenemos que conseguir es enfocarles las cámaras en el momento adecuado”, completa.

Otro objetivo tierra adentro es hacer fuerza para que en los lugares más conservadores se rompa con el cliché. “Lo que sucede en las provincias es que a veces el cliché es una forma de llevar adelante el tango, pero hay que mostrar que cada vez hay más Altertango y menos del cliché”, explica Pereyra. Ambos recuerdan inequívocamente la invitación a una orquesta cordobesa que llegó “disfrazada” y generó un debate ético-estético en el festival. “Al final les dijimos que no se alejaran tanto del público que manejamos, quizá eso te sirve en un bar de San Telmo, pero no con nosotros”, recuerda Pereyra. En la sede de Paraná, por ejemplo, se encontraron con la sorpresa que generaba su propuesta de tangos nuevos. “Nos dijeron que los festivales estaban para hacer clásicos... y justamente éste no, pero a la siguiente edición volvieron con temas propios.”

Además de la “conexión local”, el Festival de Tango Independiente tiene un pie (¿con o sin zapato milonguero?) fuera del país. El año pasado se sumaron Santiago de Chile y Montevideo, que este año aspira a repetir la experiencia. “No nos importa si se realiza en tres bares, porque el fondo del asunto está en lo autogestivo y lo alternativo, no somos dos Estados poniéndose de acuerdo, sino la existencia de propuestas y deseos de trabajo en común –se emociona Pereyra–,“eso es construcción, es una cuestión simbólica que se juega en eso.”

Más allá del posicionamiento del tango argentino genuinamente contemporáneo, la lucha central del FTI es simbólica. Consiste en una aspiración para que el 2x4 recupere el lugar social. “Necesitamos que el tango reconstruya su público, que hable de hoy, por eso consideramos que debe ir a las barriadas y a las escuelas, para que los pibes puedan ver a un tipo común y corriente tocando el bandoneón, decirles a los chicos que no es un instrumento de décadas pasadas, necesitamos poner al tango en pie de igualdad con otras músicas.”

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“Hay que llevar el tango a donde no se programa”, dicen dos de los organizadores, Germán Marcos e Ildefonso Pereyra.
Imagen: Pablo Piovano
 
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