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Miércoles, 18 de mayo de 2016

LITERATURA › HOMENAJE AL SANJUANINO JORGE LEóNIDAS ESCUDERO

El poeta que hacía hablar a las piedras

Los poetas Javier Cófreces, Leonardo Martínez, Osvaldo Bossi y Ricardo Trombino rendirán tributo al recordado y entrañable autor de Atisbos. El encuentro será hoy, a las 19, en la Casa de San Juan en Buenos Aires. Habrá lectura de poemas de Escudero.

 Por Silvina Friera

“La poesía viene y yo comedido/ me ofrezco de puente para que llegue a otros./ Ella en el mundo de las analogías busca/ relaciones ocultas y me las dicta”, se lee al comienzo de “Poetas” de Jorge Leónidas Escudero, ese tesoro apodado “Chiquito”, que murió a los 95 años hace tres meses, el 10 de febrero pasado en San Juan, su ciudad natal. El poema continúa: “Y es difícil ser fiel porque uno mete/ palos de ciego, ocurrencias, vacío./ Ella aspira a la hermosura/ de fondo y forma, que el poema dé/ chispa y se hunda en tierra-tiempo donde/ se pierda la firma del que transcribe./ Es que soñaste ser creador/ pero la poesía te usa abusa/ de tu ignorancia y te hace creer que sí,/ que el poema es tuyo cuando sos/ el muñeco del ventrílocuo Sol/ Viento Caminos Cielo Amor y Dolor”. Escudero será homenajeado por los poetas Javier Cófreces, Leonardo Martínez, Osvaldo Bossi y Ricardo Trombino hoy a las 19 en la Casa de San Juan en Buenos Aires (Sarmiento 1251). También participarán los artistas sanjuaninos Pablo Maldonado y Belén Ramet. La lectura de varios poemas de “Chiquito” estará a cargo de Gabriela Borrelli Azara.

Javier Cófreces, poeta y editor, conoció a Escudero gracias al poeta Rogelio Ramos Signes, que le regaló uno de los primeros libros del maestro sanjuanino Le dije y me dijo. “Desde entonces descubrí que esa obra respondía a un escritor diferente. A un inspirado que estaba construyendo, sin proponérselo ni darse cuenta, una poética particular, fundante desde la oralidad de su región. Esa escritura no respondía a estereotipos literarios establecidos. Proponía un acercamiento novedoso al revelar poético. Luego, esa marca fue una constante en todos los libros que publicó durante 45 años. Al poco tiempo de aquella lectura comenzó nuestro trato, que de inmediato se transformó en amistad. En la década del ochenta y del noventa le publicaba sus poemas en una antigua revista que dirigí, ‘La Danza del ratón’, y nos veíamos seguido, en San Juan o en Buenos Aires. A partir de 2001 publiqué los 12 libros que escribió hasta su fallecimiento”, recuerda el editor de Ediciones en Danza. Ricardo Trombino ingresó a la carrera de Letras de la Universidad Nacional de San Juan en 1979. La profesora Berta Varas de Klement, ese mismo año, le recomendó la lectura de Escudero y se fue encontrando en las librerías con los primeros libros del poeta, La raíz en la roca, Le dije y me dijo y Piedra sensible. “Siempre fue certera y creciente la sensación de estar leyendo a un poeta distinto, original. Un día lo busqué en la guía telefónica, lo llamé e inmediatamente acordamos una juntada en un café, inicio de un vínculo entrañable y para siempre”, cuenta Trombino a Página/12.

“En tantos años de trato, Escudero nunca dejó de sorprenderme o asombrarme por muchísimas circunstancias –reconoce Cófreces–. En el plano poético, por su atrevimiento y audacia para construir una poética intuitiva y genial con una formación escasa. En el plano humano, por su inmenso grado de humildad y sencillez, al punto que jamás sospechó que su trabajo fuera tan relevante y conmoviera a tantos lectores. Además, Escudero logró hacer realidad aquella metáfora de ‘hacerle hablar a las piedras’, como ocurrió con las de sus montañas, y tal vez eso sea lo más asombroso. Como editor y lector, prefiero su Poesía completa, que contiene la totalidad de los textos de una veintena de sus títulos publicados. Ese libro reúne cuatro décadas de trabajo y testimonia el desarrollo poético del autor desde sus 50 años, cuando empezó a publicar, hasta que cumplió 90. Apenas quedaron dos obras editadas afuera de este volumen, Sobrevenir y Atisbos, por la cual recibió el segundo Premio Nacional de Poesía en 2015. Ahora bien, si de los 22 libros del maestro sanjuanino tuviera que elegir uno en particular, no dudaría un segundo: Verlas venir (2002). Es curioso, se trata del único libro absolutamente agotado de Escudero. Evidentemente, muchos lectores coincidieron con mi opinión”. Trombino admite que siempre le produjo “una sensación de inefable extrañamiento” leer la poesía de Escudero. “Me llamaba la atención el modo en el que me conmovía, me movilizaba, a la vez que sentía una voz muy cercana en cuanto a mi lugar de pertenencia y muy profunda en lo humano, trascendente. Era una experiencia lectora inédita. Me atraía especialmente el tratamiento del lenguaje poético, tan distinto. Además, temáticamente me subyugaba la forma de mostrar asuntos que antes no había conocido en la poesía sanjuanina. Había en Escudero otra cosa, otro hablar, otro mundo, otra poesía; era como haber descubierto una veta por la que podía desentrañar una profunda riqueza nueva y expansiva en la poesía. Cada libro suyo es reafirmación, expansión y profundización de su obra. De sus últimas publicaciones, creo que Atisbos es muy sólido y contundente”.

Trombino afirma que Escudero es un poeta “ventrílocuo” que “cede su voz a la voz de los otros y su escritura deviene una especie de registro del habla por el que se dice la experiencia humana cotidiana”, explica el poeta y profesor sanjuanino. “El poeta potencia sus habilidades escriturales y sostiene en el lenguaje su experiencia y su oralidad, sus indagaciones, sus entramados históricos y culturales. Así la escritura es también registro y sostenimiento de una cultura, de una identidad. Por eso Escudero es un poeta que sin vergüenza de su regionalidad, de su pertenencia geográfica, lingüística y cultural, sostiene en su poesía un mundo y un ser humano, que convierten su obra en universal. Es una poética de constantes e infatigables búsquedas en lo temático, en lo lingüístico, en la indagación estética y en el posicionamiento del creador frente al mundo”, analiza Trombino. Cófreces subraya que el poeta sanjuanino logró conformar una poética “única e inimitable”. “En la poética de Escudero existe un componente intransferible, producto de la intuición y la imaginación prodigiosa del autor. A ellas se suma la experiencia riquísima de una vida de aventuras, en la montaña, en el juego y en los afectos. El gran poeta sanjuanino suena siempre con sus rasgos originales, ya que fundó una cadencia propia, con un tono y un ritmo particulares, eficaces a sus propósitos expresivos. Me cuesta muchísimo leer su obra apartada de su voz y de su tonada. A pesar de que buena parte de los modismos y los guiños orales aparezcan transcriptos en sus versos”, plantea Cófreces.

¿Qué lugar ocupa la poesía de Escudero en la literatura argentina? ¿Con qué otros poetas dialoga o convive? “Esta pregunta es imposible de contestar –anticipa Cófreces–. Fui amigo de Escudero durante 30 años y tuve cantidad de conversaciones con él acerca de su acercamiento a otras voces poéticas nacionales. Le pregunté de qué poeta argentino se sentía próximo, de cuál reconocería influencias...La respuesta fue siempre la misma: de ninguno. En verdad, no reconoció influencias porque no leyó demasiado, o porque lo que leyó no le inspiró nada especialmente de qué valerse. Su poesía posee una sencillez inhabitual en el género, pero paradójicamente está cargada de una riqueza incomparable en cualquiera de los planos que se la analice. No conozco muchos casos análogos. Leí que hay quienes vinculan a Escudero con (Juan Carlos) Bustriazo Ortiz, y en rigor se trata de un disparate mayúsculo. La única coincidencia es que ambos son poetas deslumbrantes, a pesar de que Escudero no comulgaba con el poeta pampeano. Definitivamente, no hay forma posible de aliarlos o vincularlos desde lo poético, ya que cada uno emprendió un camino diferente. A pesar de eso, los lectores celebramos que ambos hayan logrado producir grandes obras”. Trombino postula que la poesía de Escudero ha fundado un decir original en la poesía argentina y latinoamericana. “Siempre está cerca y distante de otras voces, abraza temas parecidos con otros, pero los capta desde una óptica interior distinta y desde un hablar inéditamente sugerente, que por momentos parece oralidad, pero por algún costado se distancia y adquiere sonoridad propia. Escudero ha legado a la poesía un lenguaje despojado de gravedades, desolemnizado, desarticuló estereotipos. Poesía montaraz, indómita, que desafía el estatus de la escritura poética, difícil de encasillar, rotular y clasificar”.

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Jorge Leónidas Escudero murió hace tres meses, a los 95 años.
 
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