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Lunes, 12 de octubre de 2009

CINE › TERRY GILLIAM AL FIN ESTRENA THE IMAGINARIUM OF DOCTOR PARNASSUS

Cómo vencer una maldición eterna

El director, ex Monty Python, carga con un pesado historial de películas fallidas, fracasos y problemas con los estudios. Su última película quedó trunca con la muerte de Heath Ledger, pero Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law fueron al rescate.

 Por Tim Walker *

Hollywood es un lugar que gusta de la superstición. Por eso, cuando Heath Ledger murió en enero del año pasado, durante la filmación de The Imaginarium of Doctor Parnassus, se dijo que la maldición que pesa sobre el director Terry Gilliam lo había golpeado nuevamente. La filmografía de Gilliam, después de todo, está salpicada de proyectos sin terminar, caídas de presupuesto y batallas con los estudios. Muchos creyeron que Parnassus estaba tan maldita como su película sobre Don Quijote, que hasta ahora solo llegó a la pantalla como tema de Lost in La Mancha, un documental que relata el descenso al caos de la producción, cortesía de un clima bíblico, la enfermedad de su protagonista y hasta la Fuerza Aérea española realizando ejercicios cerca del set.

Pero lejos de probar esa maldición, el estreno de Parnassus fijado para este viernes 16 demuestra su brillantez. ¿Qué otro cineasta podría, gracias al poder único de su imaginación, atravesar semejante tragedia y convertirla en un tributo a su amigo, la estrella caída? ¿Y cuántos directores son tan amados como para que algunas de las más brillantes estrellas de Hollywood, como Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law, se sumen para terminar el proyecto? Parnassus cuenta la historia de una troupe de actores guiada por el doctor del título; se mueven entre la banalidad de la Londres moderna y un místico más allá, levantando colegas en el camino, incluyendo a Tony, un fracasado que ayuda en la tarea de rescatar a la hija del doctor de las garras del demonio, interpretado por Tom Waits. Tony se ve como Ledger en Londres, y como Depp, Farrell y Law a través de las gafas del doctor hacia el más allá. Como cualquier otra película de Terry Gilliam, es algo difícil de explicar sin las imágenes.

Christopher Plummer, quien interpreta a Parnassus y trabajó con Gilliam en Doce monos, dijo en una entrevista reciente que el director culpó de la muerte de Heath Ledger a la supuesta maldición que afecta sus películas: “Más allá de todas esas locuras, Terry es un alma extremadamente sensible, un hombre muy emocional –dijo–. Es mitad genio y mitad demente. Estoy loco por él”.

La singular imaginación de Gilliam corrompió por primera vez a la cultura popular en 1969, cuando el emigrado de 29 años, que trabajaba como animador de dibujos, se convirtió en miembro del Monty Python’s Flying Circus. Nacido en Minnesota en 1940 y educado en California –donde conoció a John Cleese cuando éste visitó los Estados Unidos con los Cambridge Footlights–, se mudó a Inglaterra siendo un veinteañero, y allí trabajó con Michael Palin, Terry Jones y Eric Idle en la serie cómica para niños Do Not Adjust Your Set. Le siguió su vida como Python: si John Cleese era el genio cómico del grupo, Gilliam estaba detrás de sus inolvidables imágenes. Contra lo que suele suponerse, las imágenes de Gilliam no eran propulsadas por sustancias que expanden la mente, una noción que también tuvo que disipar tras su película Miedo y asco en Las Vegas. “En las notas que se escribían sobre los Monty Python, todos pensaban que éramos unos drogones –dice–. Yo en particular.”

En sus diarios, Palin recuerda que la desilusión de su amigo con la animación arrancó en 1972. Gilliam se estaba quedando sin ideas, y se mostraba más dispuesto a escribir y dirigir acción en vivo: así fue como en 1975 él y Jones codirigieron Los Caballeros de la mesa cuadrada. Para el momento en que los Python empezaron a desintegrarse, en 1979, Gilliam tenía, según Palin, “un deseo que casi lo consumía de hacer su propia película... de otro modo, decía, se volvería loco”. Esa película fue Los aventureros del tiempo (1981), un viaje fantástico a través del tiempo y el espacio que marcó a Gilliam como auteur, y le dio la oportunidad de alcanzar su proyecto preferido, Brazil (1985). Aunque hoy es considerada por muchos como su obra maestra, ese orwelliano film disparó la primera de muchas batallas de Gilliam con los estudios cinematográficos. No por nada sus películas exhiben un palpable odio por la burocracia y el autoritarismo. Universal, responsable del lanzamiento en Estados Unidos, insistió en hacer una nueva edición del final, pero Gilliam peleó la decisión con uñas y dientes. Se salió con la suya, aunque su reputación comenzó a mancharse con su siguiente film, Las aventuras del Barón Munchausen (1988), que recaudó en la taquilla estadounidense apenas una quinta parte de su presupuesto, dándole a su director el sempiterno título de creador de problemas y deudas. Pero en los años que siguieron Gilliam probó que podía realizar películas financiadas por los estudios en tiempo y sin salirse del presupuesto, como Pescador de ilusiones (1991) y Doce monos (1995), que obtuvieron el aplauso de la crítica y la adhesión del público.

Gilliam incluso consiguió filmar Miedo y asco en Las Vegas, una tarea en la que habían fracasado Martin Scorsese y Oliver Stone. A pesar de ello, se le negó la oportunidad de trabajar en algunos proyectos prestigiosos. La adaptación de Watchmen, la novela gráfica que finalmente llegó al cine este año bajo la dirección de Zack Snyder, pasó por su escritorio dos veces; además de la dificultad de recaudar fondos para una película tan ambiciosa, Gilliam decidió que el material original sería mejor aprovechado en una miniserie. El director también fue frustrado cuando Warner Bros. rechazó su oferta de dirigir el primer episodio de Harry Potter. Como primera opción de la misma J. K. Rowling, el director voló a Los Angeles para una serie de reuniones, pero aunque el estudio parecía bien dispuesto, las compañías aseguradoras conocían su fama y fijaban una prima demasiado alta. “Estaba enojado conmigo mismo por engañarme y excitarme sobre el proyecto –admitió después–. No había manera de que yo hiciera Harry Potter. Lo sabía... se trata de aceptar la realidad de Hollywood.”

Sus trabajos más recientes son un fallido intento por conseguir un éxito, como Los hermanos Grimm y Tideland (2005), oscuras fantasías vistas por casi nadie. En parte gracias al éxito de Lost in La Mancha, se empezó a hablar de Gilliam como de un visionario que simplemente no puede trasladar su genio a una película coherente. Pero, según dice Ian Freer –editor asistente de Empire–, “si uno escribe una lista de todas sus películas, solo un 10 por ciento fueron reales fracasos, y se trata de fracasos nobles. Comparado con la mayoría de los cineastas, es un excelente promedio. Puede ser que a veces deje que su creatividad lo desborde, pero yo no quiero que deje de hacerlo. Dejaría de ser él mismo”.

A causa de su problemática historia con los estudios, a los 60 años Gilliam acepta que su futuro reposa en la producción independiente. Su próximo proyecto es uno familiar, The man who killed Don Quijote, cuyos derechos adquirió para estrenar en 2011. Mientras tanto, la revista Empire describe Parnassus como su mejor trabajo en una década, y no sólo porque lo devuelve al loco mundo de su propia imaginación. El mismo Gilliam dice que el film es como su versión de Fanny y Alexander de Bergman o Amarcord de Fellini. “Esos directores llegaron a un punto de sus vidas en el que dijeron ‘OK, revolquémonos en las cosas que disfrutamos’. Esta es mi manera de revolcarme. No tengo por qué probar nuevas cosas o explorar nuevas áreas. Esto es lo que soy. Esto es lo que hago.”

Dice Freer: “Hay una teoría de que en realidad Gilliam hace Alicia en el País de las Maravillas una y otra vez. En ese sentido, Parnassus es como un viaje a través del espejo, y tiene el tipo de excitación visual que uno espera de Gilliam. Me pregunto cuántos hay que quieren eso, pero espero que encuentre nuevos públicos, sobre todo teniendo a su lado a gente como Johnny Depp, Jude Law, Colin Farrell y Heath Ledger”. En cuanto a la reformulación del film tras la muerte de Ledger, el editor dice que “si hubiera sido otro director, seguramente no hubiera funcionado. Pero en el mundo de Terry Gilliam se pueden intentar cosas, hacer cambios. Es un testimonio de su estilo. Quizá sea algo que aprendió a través de los años: tolerar el caos que conlleva hacer sus películas”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Heath Ledger en Dr. Parnassus: las primeras exhibiciones provocaron comentarios favorables para Gilliam.
 
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