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Viernes, 29 de octubre de 2010

CINE › RED, CON BRUCE WILLIS, HELEN MIRREN, JOHN MALKOVICH Y MORGAN FREEMAN

Jubilados con 82 por ciento de riesgo

A diferencia de las buenas comedias de acción, donde el elemento cómico vuelve inteligentes las escenas de rutina, aquí los sobreabundantes tiros y explosiones están filmados como una de acción común y corriente y el humor tira a complaciente.

 Por Horacio Bernades

6

RED

(EE.UU., 2010)

Dirección: Robert Schwentke.
Guión: Jon Hoeber y Erich Hoeber, sobre novela gráfica de Warren Ellis y Cully Hamner.
Intérpretes: Bruce Willis, Helen Mirren, Mary Louise Parker, John Malkovich, Morgan Freeman, Rebecca Pidgeon, Ernest Borgnine y Richard Dreyfuss.

Los protagonistas de RED son ex agentes de la CIA perseguidos por la propia agencia.

“Retirado extremadamente peligroso”, quiere decir, en inglés, la sigla RED, se supone que inventada para la ocasión. Basada en un comic, RED es al asesinato profesional lo que Jinetes del espacio a la astronáutica, Nunca es tarde para amar al sexo, Antes de partir a las últimas oportunidades o Los indestructibles a la condición de mercenario. La festiva aplicación de una verdad cada vez más contemporánea: que la tercera edad no es el fin de nada. ¿El comienzo de algo? En la mayoría de las nombradas se trata, más bien, de un back to action. Teniendo en cuenta que los protagonistas de RED son ex agentes de la CIA, se comprenderá que lo de la peligrosidad extrema es algo más que una frase. Peligrosidad extrema de ellos y de quienes quieren hacerlos desaparecer de la faz de la tierra.

La primera escena es magnífica. Las que siguen, menos. En ese comienzo, RED presenta los dos ámbitos de la película –el de lo ordinario y lo excepcional– de un modo que al resto le cuesta bastante más conciliar. Sentado en el living de su casa, un tipo que parece jubilado de todo (Bruce Willis) intenta levantarse a una operadora a la que conoció por teléfono (Mary Louise Parker, nunca tan frágil y simpática). Es de noche y la ausencia de ruidos colabora con el clima relajado, la falta de apuro, el carácter cadencioso de la escena. El intento de levante funciona, y la cámara filma a ambos muy pegada a ellos, participando visiblemente de la situación. Que el tipo cometa alguna torpeza ayuda a que el espectador se identifique con él, y además la torpeza no es tan importante como para que no arreglen un encuentro. Cuelga, va hasta la cocina a servirse algo y allí, como quien no quiere la cosa, la cámara deja ver las sombras de un grupo comando, metido en su casa y apuntando sobre él sus miras láser.

Se supone que a esa superposición de lo excepcional y lo ordinario debería apuntar la película en su conjunto, dirigida por el alemán Robert Schwentke (el de Plan de vuelo, con Jodie Foster). Superposición que le dio razón de ser a Mentiras verdaderas y a Los increíbles, más recientemente a las series Héroes y No Ordinary Family. Lo ordinario es que los protagonistas sean jubilados. Lo excepcional, su carácter de ex asesinos profesionales. Enterado de que lo quieren despachar, como en una Watchmen sin superhéroes, Frank Moses (Willis) va a reclutar a sus viejos camaradas. Estos son Joe Matheson, desahuciado en una clínica (Morgan Freeman, repitiendo el papel de paciente terminal de Antes de partir), Marvin Boggs, paranoico alla Unabomber, que vive en un refugio bajo tierra (John Malkovich, bajando un poco de las alturas teatrales), y Victoria (Helen Mirren, que esta vez no hace de reina, pero sí lleva nombre de una). A esos cuatro mosqueteros se les suma un quinto: Ivan Simonov, ex espía ruso (Brian Cox), que colaborará con ellos un poco por solidaridad de ex y otro poco porque desde hace rato que está locamente enamorado de Victoria.

¿A quiénes se enfrentan nuestros muchachos? A sus superiores, como el agente Bourne. Como en esa serie, la responsable directa del search & destroy es una mujer (Rebecca Pidgeon). Aunque como allí también, siguiendo el hilo se llega mucho más alto. Un elenco que a los nombrados les suma a Richard Dreyfuss, James Remar (perverso en jefe de las películas de Walter Hill) y hasta un reaparecido e increíblemente vital Ernest Borgnine (caminando a saltitos a los 93 años, él solo expresa la idea entera de la película con más gracilidad que ella misma) no puede no ser disfrutable. Pero RED es agradable, algo monotemática y menor, pudiendo haber sido entretenimiento de alta gama. Hay una razón para ello. A diferencia de las muy buenas comedias de acción, donde el elemento cómico vuelve inteligentes las escenas de rutina (Mentiras verdaderas, por ejemplo), aquí los sobreabundantes tiros y explosiones están filmados como una de acción común y corriente y el humor tira a complaciente.

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