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Viernes, 13 de abril de 2012

CINE › CAMPANA DE LARGADA PARA LA COMPETENCIA INTERNACIONAL, CON DOS HISTORIAS LLAMATIVAS

Sobre obsesivos, solitarios y perdedores

La chilena Aquí estoy, aquí no tiene como protagonista a un periodista en decadencia, perdido en sus desvaríos, mientras que Francine le sigue los pasos a una “loca por los animales”.

 Por Diego Brodersen

Dos personajes a la deriva –o por lo menos con rumbos zigzagueantes– son los protagonistas del par de historias que abren el juego de la Competencia Internacional de este Bafici versión 2012. Dos largometrajes que, por otro lado, no podrían ser más diversos en sus enfoques, estilos y pretensiones. Si bien un psicólogo con ínfulas de teórico cinematográfico podría hacerse un festín interminable con las desventuras de Ramiro y Francine, ni la chilena Aquí estoy, aquí no ni la indie norteamericana Francine (la película) intentan psicoanalizarlos, optando en cambio por descripciones que van de la transparencia naturalista a la estampa onírica.

Ramiro Hidalgo es periodista y docente, pero un accidente automovilístico lo deja traumatizado y con licencia médica indefinida. Es como consecuencia de esa interrupción laboral que un proyecto de libro surgido como encargo comienza a cobrar cada vez mayor importancia en su vida. El tema: una biografía no oficial de Ana Patricia Ahumada Jones, otrora estrella de rock y ahora encargada de limpiar los baños de una bailanta. Ramiro tampoco encarna lo que suele entenderse socialmente por un “ganador”: obeso y solitario más allá de sus amistades, pocos de sus allegados son capaces de reconocer en sus dichos dónde termina la realidad y comienza la mitomanía.

Aquí estoy, aquí no se contagia desde un primer momento de esa confusión entre ficciones, realidades, sueños y fantasías, haciendo cada vez más irreconocibles sus límites. A su vez, la película es y no es una suerte de remake de Vértigo, el clásico de Hitchcock, porque si bien el film toma su estructura desdoblada en dos mitades –cada una de ellas ocupada por una mujer que puede o no ser la misma– y hace de su protagonista un obsesivo implacable, la película de Elisa Eliash sigue otros derroteros y no parece demasiado interesada en los mecanismos del suspenso o en la angustia amorosa.

Presentado en este Bafici en calidad de estreno mundial, el segundo largo de la realizadora chilena (Mami te amo, su ópera prima, se había visto en ese mismo festival hace dos años) se atreve a un juego a varias puntas donde cada nueva escena le hace una gambeta a la anterior para salir disparando hacia algún lugar inesperado, haciendo de la sorpresa un componente esencial de sus virtudes. No todo funciona en la película, particularmente cierto sentido del humor que, en más de una ocasión, parece inapropiado y algo cansino. Pero es indudable que Aquí estoy, aquí no es uno de los films más interesantes llegados desde el otro lado de la cordillera, menos apegado a fórmulas y planteos narrativamente doctrinales, más abierto a lecturas múltiples. Hay de hecho una esencia elusiva en la historia, una rebeldía de sentido que la hace más interesante a medida que comienza a destilar su componente político, para nada menor en el conjunto.

Mucho menos insospechadas son las consecuencias del derrotero de Francine, coproducción entre los Estados Unidos y Canadá dirigida a cuatro manos por Melanie Shatzky y Brian M. Cassidy en su primer largometraje de ficción. Ultra indie para los parámetros de la industria de Hollywood, Francine es algo así como un acercamiento íntimo a un personaje clásico en la mitología barrial universal: la “loca de los animales”. El film se dedica a seguir los pasos de su protagonista –interpretada con prestancia y presencia por la actriz Melissa Leo, reciente ganadora de un Oscar como Mejor Actriz Secundaria por El ganador, de David O. Russell– a partir del momento en que termina de cumplir una condena en la cárcel. Nunca sabremos por qué razón estuvo allí ni por qué sus evidentes problemas de comunicación la llevan a transformar su humilde casa en un santuario de gatos, perros y roedores de toda clase. Los empleos, que consigue a duras penas, suelen durarle poco tiempo y las relaciones que logra entablar con los seres humanos son simples máscaras que se desploman más temprano que tarde.

La descripción del ambiente que rodea a Francine, uno de esos sectores suburbanos de América del Norte llamados peyorativamente white trash, es llamativamente superficial, casi un decorado de fondo para la operación cinematográfica central: el uso sistemático de un registro pseudodocumental como única herramienta de estilo. De esa forma, el film de Shatzky y Cassidy, tan modesto en sus alcances como en su duración (apenas 75 minutos), se cobija en un supuesto rigor realista que no logra esconder cierta falta de ambiciones, como si estuviéramos frente a una película de los hermanos Dardenne, pero sin nervios ni corazón.

* Aquí estoy, aquí no se exhibe hoy a las 13.15 y mañana a las 16.45 en Hoyts 11.
* Francine se exhibe mañana a las 18.45 en el Teatro 25 de Mayo y el domingo 15 a las 13 en Hoyts 8.

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Aquí estoy..., confusión entre ficciones y realidades.
 
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