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Jueves, 6 de diciembre de 2012

CINE › SIETE DíAS EN LA HABANA, DE PABLO TRAPERO Y OTROS

Muchos nombres famosos

 Por Horacio Bernades

Por H. B.

@Desde hace unos años cunden los films en episodios sobre ciudades, que están entre el turismo (cultural, en el mejor de los casos), el encargo y el “fenómeno” cinematográfico, capaz de llamar la atención con los principales festivales internacionales como vidriera. Todo empezó con París je t’aime (2006), siguió con New York, I Love You (2009) y promete continuar con Berlín, Río de Janeiro y Shanghai (Jerusalén quedó en suspenso, seguramente por temor a los misilazos). Como ellas, 7 días en La Habana reúne nombres consagrados, tanto delante como detrás de cámara. En este caso, sobre todo detrás: algunos de los directores a cargo de los siete episodios son el palestino Elia Suleiman, el francés Laurent Cantet, el vasco Julio Medem y, faltaba más, dos argentinos: Pablo Trapero y Gaspar Noé.

Decir que el resultado es desparejo es no decir nada: no hay film en episodios que no lo sea. Decir que la mitad más uno funciona y el resto no es decir algo más. Calma, argentinos, que las de Trapero y Noé están entre las que sí. Siguiendo el orden de presentación, 7 días en La Habana comienza, significativamente, con el episodio filmado por un estadounidense. Aunque es cierto que Benicio del Toro (de él se trata) es puertorriqueño. Habiéndose ganado tal vez el derecho a participar del proyecto tras haber hecho de Fidel en el Che, de Steven Soderbergh, el debut como realizador de Del Toro no está mal, con un joven actor estadounidense (Josh Hutcherson) mareado por el ron y el son, pisando el palito del viejo mito urbano que dice que si una chica muy alta y atractiva te sonríe, más vale andar con pies de plomo. Con guión de sus colaboradores de confianza (Mitre, Fadel y Mauregui), Trapero juega en el límite entre el documental y la ficción, filmando a un Emir Kusturica que hace de sí mismo. Invitado al Festival de Cine de La Habana, el bosnio toma, vomita y huye de ceremonias oficiales, para terminar tocando, de madrugada y en un perdido rincón ribereño, con su chofer y otros exquisitos jazzmen latinos.

También hace de sí mismo en su episodio Elia Suleiman que, por más que ahora tenga barba blanca y anteojos, vuelve a componer el mismo personaje de Intervención divina o El tiempo que resta: un tipo perdido entre los laberínticos pasillos del hotel, mientras espera una entrevista con Fidel que se presenta igualmente laberíntica. Mientras la espera se alarga, observa, impasible y desconcertado, la extrañeza tropical que lo rodea. A propósito, uno de los méritos de esta coproducción franco-española-cubana es el de no incurrir en complacencia alguna. Por más que los vecinos sean tan alegres y hospitalarios como indica el lugar común, aunque no falten las mulatas corpulentas, los discursos oficiales son épicos y la vida cotidiana, espartana: autos-cascajo, motos sobrecargadas de pasajeros, cortes de agua y luz, jineteras ansiosas de cups (el peso convertible a dólares) y comerciantes que tratan de hacer su agosto a costa del prójimo. Además, desfilan a través de los episodios balseros que huyen, denuncias y persecución policial a travestis, represión a la homosexualidad, machismo y religiosidad primitiva.

El cuarto episodio bueno es el de Gaspar Noé, que vehiculiza dos de sus obsesiones (el sexo y la violencia) con una pertinencia, poder de síntesis y falta de golpes bajos de las que la reciente Enter the Void carecía por completo. Su cuarto de hora de 7 días en La Habana es totalmente mudo, y lo que muestra es altamente provocativo. Al descubrir a su hija adolescente en la cama con una amiga, la madre la deriva a un chamán, que le practica un ritual afro de exorcismo. ¿Religiosidad afro, cincuenta y pico de años después de una revolución atea y marxista? El último episodio, dirigido por Laurent Cantet, dice lo mismo, mostrando el sincretismo religioso que hace que una mujer quiera levantar un monumento a la Virgen María... el día de Oxum, dios africano. Pero lo dice desde un naturalismo craso y sobreactuado, indigno del autor (¿ex autor?) de Recursos humanos, El empleo del tiempo y Entre los muros. En la misma línea, pero más, se inscribe el episodio de Juan Carlos Tabío. Pero a diferencia de Cantet y tratándose del correalizador de Fresa y chocolate y realizador de Guantanamera y Lista de espera, eso no debería sorprender. Otro que hace rato les dijo adiós a sus mejores tiempos es el vasco Julio Medem, que cuenta aquí un melodramita que podría haber firmado cualquiera. Un par de acotaciones finales: varios de los episodios más flojos fueron escritos por el novelista cubano Leonardo Padura y desde ya que la banda de sonido es para disfrutar de punta a punta.

6-7 Dias en La Habana

Francia/España/Cuba,

2012.

Dirección: Benicio del Toro, Pablo Trapero, Elia Suleiman, Julio Medem, Gaspar Noé, Juan Carlos Tabío y Laurent Cantet.

Guión: Leonardo Padura y otros.

Intérpretes: Josh Hutcherson, Vladimir Cruz, Emir Kusturica, Elia Suleiman, Daniel Brühl, Mirta Ibarra, Jorge Perugorría, Daisy Granados y Melvis Estévez.

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El palestino Elia Suleiman, protagonista de su propio episodio.
 
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