espectaculos

Viernes, 19 de abril de 2013

CINE › VIOLA, DE MATIAS PIÑEIRO, SE DESTACA EN LA COMPETENCIA INTERNACIONAL

Gracia y perfección rítmica asombrosas

The Town of Whales, de la japonesa Keiko Tsuruoka, y I Used to Be Darker, del estadounidense Matthew Porterfield, no están mal. Pero la diferencia corre por cuenta de la película argentina, una de las más disfrutables del concurso oficial.

 Por Diego Brodersen

Viola toma como punto de partida unos ensayos teatrales de Noche de reyes, de Shakespeare.

Tramos finales de la Competencia Internacional de este Bafici edición 15º aniversario, que sigue sumando títulos de diversos orígenes. En los últimos días, tres nuevos largometrajes fueron presentados en las salas del Village Recoleta, entre ellos el último de los films nacionales en concurso y el único de origen asiático, el japonés The Town of Whales. La película de Keiko Tsuruoka, nacida en 1988, es no sólo una ópera prima, sino que se trata de un proyecto de graduación. En otras palabras, un trabajo práctico de final de carrera. Más allá de algunos bordes un tanto afilados en algunos rubros técnicos –en particular, el sonido– y de un montaje clásico que por momentos evidencia paradójicamente su propio armado, Tsuruoka narra las aventuras de tres adolescentes a punto de dejar atrás la escuela secundaria con sensibilidad y buen sentido del ritmo.

Dos chicas y un chico algo retraídos (si se tratase de una película norteamericana serían tildados de nerds por sus compañeros) pasan sus días en una escuela desolada, durante las vacaciones de verano, en un pueblo rural cerca de Tokio. El pinta, una de ellas practica natación, la otra acaba de perder la posibilidad de ingresar a una liga de béisbol. Una de ellas está enamorada de él, pero él está enamorado de la otra. Poco más que eso ocurre en la primera media hora de proyección, hasta que una de las muchachas decide ir en busca de su hermano mayor, de quien no tiene noticias desde que se mudó a la capital. Hacia allí parten, un poco a la deriva, y ese viaje abrirá las puertas de más de un conflicto latente, siempre en un tono reposado, al menos hasta la tormenta final. No se trata de una gran película y sus temas han sido recorridos con anterioridad por otros realizadores –con mayor o menor éxito–, pero hay aquí indicios de talento e inquietudes que permiten avizorar más de un éxito artístico por llegar.

El estadounidense Matthew Porterfield, en cambio, es un nombre ya consagrado dentro del circuito del cine indie norteamericano y los festivales internacionales. Luego de Hamilton y Putty Hill –ya vistas en ediciones previas del Bafici–, I Used to Be Darker continúa en la línea dramática de tonos bajos que el realizador parece haber adoptado como estilo autoral. Estrenada en el pasado Festival de Sundance, el largometraje se concentra en un cuarteto de personajes en crisis: Kim y Bill, un matrimonio de músicos en plena separación (interpretados por los músicos en la vida real Kim Taylor y Ned Oldham); su hija adolescente, Abby, atraviesa su propio trance, no ayudada precisamente por la situación de sus padres; la joven Taryn, quien acaba de descubrir un embarazo nada deseado y escapa de Gales, cruzando el océano, hasta las tranquilas calles de Baltimore, desconocedora de la particular coyuntura que están atravesando sus tíos y su prima.

El film de Potterfield está bien actuado, el trabajo de cámara es preciso, su guión dosifica la información y los quiebres dramáticos concisamente y todos los aspectos artísticos y técnicos poseen ese profesionalismo típicos del cine independiente made in USA de presupuesto moderado. Parecería que no hay nada que reprocharle a I Used to Be Darker. Y, sin embargo, la película genera una sensación de cosa ya vista cientos de veces, un cierto automatismo narrativo que rápidamente se transforma en previsibilidad. Ayudan bastante algunas canciones interpretadas aquí y allá por Taylor y Oldham, cuyas melodías y letras poseen mucha más intensidad y genuina emoción que el film en su conjunto.

Finalmente, la argentina Viola, tercer largometraje –aunque corto: apenas una hora– de Matías Piñeiro, es uno de los puntos altos de esta competencia y su película más lograda, más “redonda” (y aquí lo circular tiene mucho que ver) hasta la fecha. Retomando las inquietudes “shakespeareanas” que ya había evidenciado en su cortometraje Rosalinda, el director presenta en la primera escena a un grupo de jóvenes actrices representando sobre las tablas una escena de Noche de reyes. Poco después, esos mismos diálogos se repetirán en forma de ensayo. Corte a Viola, una chica que trabaja repartiendo DVD piratas en su bicicleta. Viola se topa casualmente con una de las actrices, quien a su vez espera al novio de una de sus compañeras de trabajo. En realidad, contar la trama es innecesario, estéril incluso, porque la gracia del film no radica tanto en el qué sino en el cómo. Piñeiro vuelve a confiar en la estructura de repeticiones y movimientos pendulares que ya estaban presentes en su ópera prima, El hombre robado, y en sus otras creaciones, pero con una gracia y perfección rítmica novedosas.

Viola es también una de las películas más agradables y disfrutables de las exhibidas en esta competencia, algo que puede explicarse en parte por la calidez de las escenas, los diálogos y actuaciones, pero también por el sentido musical de su ritmo cinematográfico. Es cierto que la película termina, literalmente, con una canción, cuya letra improvisada parece contraponerse, o completar por el opuesto, las rígidas líneas de la obra de Shakespeare. Pero son los 63 minutos de metraje los que parecen compuestos (montados) con un metrónomo fílmico. Hay un espacio cada vez más abstracto en el cine de Piñeiro, más allá de la representación, de lo que se ve en la pantalla y se escucha desde los parlantes. A los más importantes logros de Viola hay que buscarlos entrelíneas, en la manera en la cual encuadra a sus actrices, en su compleja y a la vez diáfana estructura, en la superposición e interrelación de las escenas. Piñeiro tiene un dogma: el cine puede ser un bello, lúcido y riguroso juego.

* The Town of Whales se exhibe hoy a las 19.20 en el Village Recoleta 4.

* I Used to Be Darker se pasa hoy a las 22 en el Village Recoleta 4.

* Viola se exhibe hoy a las 18 en el Village Caballito 7, mañana a las 15.15 en el Village Recoleta 6 y el domingo 21 a las 20.30 en ArteMultiplex Belgrano 3.

Compartir: 

Twitter
 

 
CULTURA Y ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.