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Jueves, 6 de junio de 2013

CINE › ENTREVISTA AL CINEASTA Y LOS GUIONISTAS DE HERMANOS DE SANGRE, QUE SE ESTRENA HOY

“Con el género podemos evitar ser solemnes”

Daniel de la Vega dirigió esta comedia negra a pedido de los guionistas Nicanor Loreti, Germán Val y Martín Blousson. El resultado es el film más redondito del Cine Independiente Fantástico Argentino y ganador de la Competencia Nacional en el Festival de Mar del Plata.

 Por Ezequiel Boetti

La nomenclatura se presta lúdica al juego del engaño. El acrónimo CIFA invita a pensar en una oficina gubernamental o un producto químico antes que en lo que finalmente es: una corriente cinematográfica robustecida película tras película y que desde hoy tendrá en Hermanos de sangre a su exponente más novel, depurado y redondito. El Cine Independiente Fantástico Argentino, de él se trata, se cocinó a fuego lento desde fines del siglo pasado gracias a las bondades de la tecnología digital y a la expansión en cantidad y calidad de festivales especializados, con el Buenos Aires Rojo Sangre (BARS) como nave madre. Uno de los hijos dilectos de toda esta movida es Daniel de la Vega, que dejó atrás –al menos por un rato, según dice– la generación de sustos en producciones independientes de terror (dirigió La muerte conoce tu nombre y Jennifer’s shadow, ambas para el mercado hogareño norteamericano) y pasó a la comedia negra. Claro que no lo hizo solo, sino que se rodeó de tres guionistas con amplio conocimiento en la materia como Germán Val, Martín Blousson y Nicanor Loreti, el último también director de esa película de culto que será Diablo. Sobre el proceso creativo de Hermanos de sangre y las particularidades del CIFA hablarán más abajo dos de las plumas y el realizador.

Ganador de la Competencia Nacional del último Festival de Mar del Plata, el film sigue a Matías (Alejandro Parrilla), un gordo tierno que es puro corazón, pero que circula por la rutina en un contexto demasiado amigo de lo superficial. Hasta que se cruza con un ex compañero de coro (Sergio Boris) dispuesto a ayudarlo en su cruzada revanchista. “Yo nunca había hecho comedias, e incluso ni siquiera me considero la persona más especializada en ese género, pero al estar protagonizada por un gordito que se siente miserable pensé que tenía algo para contar. Desde ahí me autoricé”, confiesa De la Vega antes de aclarar que no participó desde la génesis del proyecto, sino que se sumó luego de un ofrecimiento de Loreti, quien pensó a la dupla protagónica como “versiones un poco menos normales” de dos amigos del secundario. “Empezamos a escribirla en 2005 para un supuesto proyecto de películas en DVD que finalmente nunca se concretó y cuando finalmente la terminamos nos gustó mucho. Paralelamente me interesaba el cine de Daniel, así que pensé que si tenía que dársela a alguien, era a él. Le pasamos el guión, le gustó y pintó la oportunidad de hacerla”, recuerda.

–Loreti, ¿por qué no la dirigió?

Nicanor Loreti: –Porque en aquel momento, como nos pasa a casi todos, pensaba que era casi imposible hacer una película. Había escrito un par de guiones de bajo presupuesto y de variada calidad, por decirlo de alguna forma, y creía que el camino para presentarla en el Instituto, si lo hacía, era muy largo. Quería que la película se filmara y me pareció que él podía hacerla bien. No era cuestión de llevarla a cualquier productora para ver si la aceptaban o no, sino dársela a un director que me pareciera bueno. Además, desde que le di el guión hasta que hice Diablo pasaron dos años.

–Cuando se anunció el rodaje plantearon que la historia era similar al mito de Mefisto. ¿Por qué?

N.L.: –Tiene mucho que ver, pero fue una referencia completamente inconsciente. En una charla con el Matías “original”, hablamos sobre la amistad y le dije que no se puede hacer cualquier cosa por el otro. Le planteé qué pasaba si llegaba a mi casa y encontraba tres cuerpos en la bañera y su respuesta fue que agarraba algunas bolsas y me ayudaba a sacarlos. Entonces la película tiene que ver con lo que algunas personas están dispuestas a hacer por amistad.

Martín Blousson: –Es que el género te permite usar todas sus particularidades para abordar temas sin ser solemne. Acá está la soledad, la marginación y la amistad tratada desde un código que permite irse al carajo.

–Da la sensación de que la situación del protagonista se da más por el contexto social que por voluntad propia. ¿Buscaron establecer algún tipo de crítica en ese aspecto?

M.B.: –Imaginamos todo tipo de maltratos. Hay muchas situaciones sacadas del amigo de Nicanor que pasaron en boliches o bares y que de alguna forma tenían que estar reflejadas porque hablaban del sentirse totalmente desorientado y sin forma de remarla ni saber cómo pelear contra eso. En ese contexto, de repente viene una especie de hada madrina devenida en psicópata, te abre una puerta y te dice: “Mirá, acá hay un mundo mejor”. No lo pensás mucho.

–De la Vega, usted dijo que la película tenía una oscuridad con la cual podía identificarse. ¿A qué se refería con eso?

Daniel de la Vega: –En la trama había una oscuridad a la que podía acercarme para incursionar en un género que no conocía en profundidad. De otra forma no hubiera podido. No sabría del todo cómo hacer una comedia luminosa estilo Adam Sandler, por ejemplo. A priori no voy por ese rumbo y Hermanos... me significó romper ese eje. Hubo cosas e incluso escenas enteras que no me gustaban y que no me di cuenta de que funcionaban hasta que las vi proyectadas. Eso también habla de la inseguridad que me genera la comedia: en algún punto tuve que cotejar cosas con el público que a priori no sabía si eran efectivas o no.

M.B.: –Tengo la teoría de que Daniel se agarró de esa oscuridad que le resultaba familiar para acercarse con más confianza a la película, aunque en realidad no la trabajó desde ese lugar oscuro. Los personajes no lo son ni entran en lugares sádicos desde la maldad sino desde la inocencia.

–Si bien la película adopta un modelo narrativo clásico, da la sensación de que la idiosincrasia de los personajes es absolutamente argentina. ¿Eso fue intencional?

M.B.: –No lo hicimos pensando en algún enfoque particular o crítico, sino que simplemente tratamos de ser nosotros. Y eso que inicialmente la habíamos pensado para el mercado exterior. Cuando escribís con dos amigos estás muy libre y se te arma lo cotidiano. Quizá de ahí venga la sensación de construir algo propio en donde se cuentan circunstancias y tipos de personajes cercanos.

–Muchas críticas durante el Festival de Mar del Plata catalogaron a la película como una suerte de “Diablo II”. ¿Cómo se llevan esa comparación?

N.L.: –Bárbaro, pero tampoco creo que tengan tanto que ver. El guión de Hermanos... me parecía más dark que el de Diablo, pero terminó siendo una película mucho más amistosa y amplia. Además, la otra tiene mucho del humor Nicolás Galvagno, que acá no estuvo. Esta tiene un humor diferente.

M.B.: –La comparación surge más por oposición a lo que solía verse dentro del cine nacional que por los puntos en común que puedan tener.

El ascenso del género

Sudor frío, Penumbra, La memoria del muerto, La plegaria del vidente, Diablo, Malditos sean y siguen los nombres. Un repaso por la cartelera comercial del último par de años muestra que la lista de películas de género argentinas está en constante ascenso. ¿Cómo explicar, entonces, esa fascinación por modelos narrativos siempre mirados de reojo por los paladares más refinados? ¿Se trata de una moda o será que la tendencia devendrá en norma? “Somos de una generación para la que siempre fue casi imposible hacer cine de género a través del Incaa. O al menos eso pensábamos. Y ahora hay una ola de cineastas que en su momento se habían refugiado en el BARS o que quisieron dar un salto de calidad y vieron que en el instituto estaban las puertas abiertas”, razona Martín Blousson, también guionista de La memoria del muerto.

–De la Vega decía hace cuatro años que dentro de una década se podría hablar de un cine de género argentino. ¿Lo ven así?

D.d.l.V: –Sí, creo que dentro de diez años vamos a poder hablar de una movida. Antes ni te animabas a presentar un proyecto en el Incaa. De hecho, algunos chicos me escribieron para ver cómo hice la película por ese camino, como preguntándose de qué forma era posible que la aceptaran. También hay un cambio de mirada estatal. Mi próxima película, Necrofobia, que es en 3D y la escribimos con Val y Loreti, tuvo una devolución muy buena del Instituto. Nos dijeron que hacían falta más películas de este tipo acá. Es un recambio real.

–Viendo esos films podría pensarse que la cuestión artística está, sino resulta, al menos bien encaminada. ¿Qué falta para la consolidación definitiva?

D.d.l.V: –Lo que haría falta es público, pero es un problema de todo el cine argentino y no puede reducirse a los géneros en particular. Hay un recambio que desgraciadamente no está siendo acompañado por la gente. En los ’80 y ’90 la media del cine argentino era de 250 mil espectadores, algo impensado en la actualidad. Y dentro de ese universo, una película de género va a tener un alcance determinado. Una de las realidades que estamos enfrentando, y de la cual me hago cargo, es la de haber hecho un trailer genérico que da la idea de una película que no es, sino que parece una norteamericana. También creamos afiches en los que no damos a entender quiénes son los actores. Esto fue porque pensamos que es fundamental que Hermanos... tenga un buen boca a boca durante la primera semana para que la gente vaya al cine. ¿Y cómo hacemos eso? Basándonos en que la película quizá no es argentina. El rechazo es tan concreto y asumido de mi parte que tengo que decirle al público que vale la pena verla engañándolo. Es un recurso de marketing absolutamente válido y poco ético que es real.

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De la Vega, Loreti y Blousson crearon “versiones poco normales” de amigos del secundario”.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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