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Viernes, 26 de septiembre de 2014

CINE › OLAS ARGENTINAS Y JAPONESAS EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIAN

De lo salvaje a lo sublime

Mientras Relatos salvajes acaparó toda la atención en su preestreno español, la japonesa Naomi Kawase presentó una de sus grandes obras maestras, Still the Water. A su vez, el paso del tiempo es el protagonista de Eden, de Mia Hansen-Love.

 Por Horacio Bernades

Desde San Sebastián

La cola serpenteaba alrededor del Teatro Victoria Eugenia, el hermoso monumento estilo Belle Epoque, donde a mediados del siglo pasado Alfred Hitchcock presentó mundialmente Vértigo e Intriga internacional. En la mañana de ayer en San Sebastián –mañana húmeda y neblinosa–, un confeso discípulo de Hitchcock llamado Damián Szifron se daba el gusto de presentar en ese mismo teatro la película que, tras su consagración en Cannes e histórico taquillazo en Argentina, representa su lanzamiento estilo misilazo a la consideración internacional. Teniendo en cuenta que es coproducción con España (de allí la presencia en el reparto no sólo del ídolo absoluto en estas tierras Ricardo Darín, sino también de Leonardo Sbaraglia y Darío Grandinetti; ambos portando, casi, doble nacionalidad) y que el mes próximo se estrena en toda España, la presentación de Relatos salvajes en el Donostia Zinemaldia caía por su propio peso. Poco menos que se vino abajo el Victoria Eugenia durante la proyección y tras su conclusión, prolongándose los ditirambos en la conferencia de prensa posterior, donde Darín fungió como estrella absoluta. Todo lo cual no hace más que confirmar que la de Szifron es una de esas películas que gustan aquí, allá y en todas partes.

Además de las exhibiciones de La princesa de Francia, de Matías Piñeyro, Dos disparos, de Martín Rejtman; Jauja, de Lisandro Alonso, y Aire libre, de Anahí Berneri, de las cuales se dio cuenta los días previos en Página/12, el resto del lote argentino se despliega en estos días por San Sebastián. El grueso de él, en la sección Horizontes Latinos (salvo el de Berneri, único film argentino en Competencia Oficial). Pasaron ya por aquí, además de las mencionadas, Ciencias naturales, de Matías Lucchesi, La tercera orilla, de Celina Murga; Historia del miedo, de Benjamín Naishtat, y La Salada, de Juan Martín Hsu. Queda Refugiado, de Diego Lerman, como frutilla del postre a partir de mañana. Cualquiera de ellas puede llevarse el premio que otorga esa sección, dotado de 35 mil euros.

Los que no lograron alzarse con los 10.000 euros que discierne el Foro de Coproducción Europa-América Latina, ni pudieron aprovechar la posibilidad de finalizar películas en estado de inconclusión, brindada por la plataforma Cine en Construcción, fueron los cuatro proyectos argentinos que se presentaron en ambas instancias. Entre ellos, la nueva película de Ana Katz, Mi amiga del parque. Agosto, coproducción cubana-costarricense, ganó en el Foro y la peruana Magallanes, Cine en Construcción. Los proyectos argentinos deberán seguir construyéndose, entonces, con menos plata de la deseada.

Eden son dos horas quince a ritmo de música house. Esto es: un flujo continuo y parejo, con gente que baila sin cesar –pero sin picos de intensidad–, cuyos rostros, cuerpos e identidades tienden a diluirse voluntariamente en la masa. Nuevo film de la francesa de origen sueco Mia Hansen-Love, Eden transcurre a lo largo de dos décadas pero no se vive como épica. Casi tampoco como tragedia, aunque los tonos se oscurecen en su transcurso. Cuesta incluso identificar a sus protagonistas, perdidos en esa masa sonora sin tiempos fuertes, marcada por una pulsación que busca la celebración y no siempre la encuentra. Proveniente de Toronto, el opus 4 de la realizadora de El padre de mis hijos (2009) y Un amour de jeunesse (2011) es parte de la Competencia Oficial de San Sebastián. Como algunos films de Olivier Assayas (para quien Hansen-Love comenzó como actriz y terminó como pareja), el nuevo film de esta colaboradora eventual de la revista Cahiers du Cinéma parece hecho de imágenes en fuga.

Tiene sentido la forma elegida por Hansen-Love, en tanto el grupo protagónico, encabezado por una pareja de djs principantes, busca fugar de lo real y construir su propia realidad, hecha de sostenuttos percusivos y otras puertas de la percepción, más químicas que musicales. Matemáticamente dividida en dos partes que tienen casi la misma duración, el verdadero protagonista de Eden es el paso del tiempo. O su fuga, que hace que a los veinte años (la narración se abre a comienzos de los’90, para concluir a fines de la década pasada) se pueda soñar sin preocuparse demasiado por el futuro y el mundo real, para, llegando a los 40, darse de bruces contra ellos. Pero Hansen-Love no es de esas moralistas a las que les interesa contraponer hedonismo y castigo. Coautora del guión y gestora de una puesta en escena que funciona como un continuum suave y constante, la realizadora de Tout est pardonné (2007) se limita a exponer el choque entre la romántica juventud y la abrupta madurez. Eden es un film tristón. Tanto como el poema que lo cierra. Pero nunca depre.

Desde Genpin, documental pro-embarazo del 2010, el cronista le había perdido un poco el rastro a la gran Naomi Kawase, creadora de Moe no suzaku (1997) y Shara (2003). Bastante desapercibida en Cannes y presentada aquí en la sección Perlas de Otros Festivales, Still the Water es, para quien escribe, una de sus grandes obras maestras. Tal vez haya quien reproche a Kawase su “sublimización” de la realidad. Pero siempre hay alguien que reprocha algo, así que más vale guiarse por las propias sensaciones. Las tuvo a raudales el autor de esta nota durante las dos horas de Still the Water, film que habla sólo de cosas esenciales (la muerte, el dolor, el duelo, pero también la iniciación a la vida, el sexo, la posibilidad de hacer las paces con los seres queridos), haciéndolo siempre en minúscula. De un lirismo arrebatador, el nuevo film de Kawase (Nara, 1969) transcurre en una isla. Localización que le permite –a diferencia de si la hubiera situado en Tokio o cualquier otra gran ciudad– esa recuperación de sentimientos esenciales, sin perder el tiempo en banalidades cotidianas. Aunque sí domésticas, por cierto. Estudiar, cocinar, pescar o trabajar no impiden a los protagonistas (una pareja de adolescentes, sus padres, un viejo pescador) conectarse con el fondo. El fondo del mar, siguiendo la fina metáfora de la autora, que cierra el film con el chico y la chica buceando desnudos, en las profundidades del Mar del Japón. Un film que, para quien escribe, no es “sublimizador”, sino simplemente sublime.

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Still the Water, de Naomi Kawase, habla sólo de cosas esenciales: la vida, la muerte, el sexo.
 
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