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Domingo, 9 de noviembre de 2014

CINE › CUARENTA Y CINCO AÑOS DESPUES, THE OTHER SIDE OF THE WIND LLEGA A LA PANTALLA

Al fin, la película perdida de Orson puede ser realidad

El director de El ciudadano comenzó a filmarla en 1970, pero hubo una compleja trama de desacuerdos financieros que la dejaron trunca. Tras una larguísima negociación, Frank Marshall y Peter Bogdanovich trabajan en el material a estrenarse en 2015.

 Por Horacio Bernades

A cruzar los dedos. Parece que finalmente, después de 45 años de iniciado el rodaje y tras atravesar en el curso de todo este tiempo una red infinita de contratiempos, embrollos financieros, intereses cruzados, interdicciones judiciales y hasta estafas, la legendaria película “imposible” de Orson Welles estaría en condiciones de terminarse y estrenarse. Unos días atrás, la pequeña, casi ignorada compañía Royal Road Entertainment y el mucho más conocido productor ejecutivo Frank Marshall anunciaron que llegaron a un acuerdo con todas las partes en conflicto y se van a poner a trabajar a la brevedad para completar The Other Side of the Wind. Se trata de la mítica película que Orson Welles comenzó a filmar en 1970 y cuyo rodaje, según todo indica, él mismo habría finalizado seis años más tarde. El 1º de mayo de 2015 se cumple el centenario del nacimiento del genial realizador, y la intención de los productores es tener la película lista “más o menos” para esa fecha (no se comprometieron a tenerla justo para ese día). Lo único que falta ahora es que en la Argentina no la estrenen, por poco comercial.

“Si lo leyese en un diario, no lo creería”, dijo en su momento el propio Welles sobre la serie de enredos kafkianos que sufrió su película desde el momento mismo en que empezó a filmarla. “¿Escribiste el guión?”, le preguntaba Peter Bogdanovich en 1970. “Cuatro”, le contesta el hombre con nombre de oso. “Pero la mayor parte del film va a ser improvisada.” El diálogo se transcribe en la página 209 de Ciudadano Welles (This is Orson Welles, Grijalbo, 1994). The Other Side of the Wind cuenta la historia de un veterano director de cine llamado Jake Hannaford. Concentra la acción en la noche de su muerte, ocurrida, por accidente o no, durante la populosa fiesta de su cumpleaños número 70, celebrada en una mansión de Hollywood.

La historia de Hannaford se reconstruye, a la manera de El ciudadano, usando todo tipo de materiales: fragmentos de (falsos) noticieros, filmaciones caseras de él y de otros, ensayos de cámara, fotos fijas. Todo ese material se cruza con filmaciones del día del cumpleaños, hechas a su vez por varios de los asistentes, con camaritas caseras de súper 8 y 16 mm, así como por cámaras de TV presentes en la fiesta. Se intercalan a su vez fragmentos de la película que en ese momento filma Hannaford, con la intención de volver a ser recibido de brazos abiertos en Hollywood. Teniendo en cuenta que lo último que Welles había filmado en su país fue Sed de mal, en 1957, se comprende que todo parecido entre Hannaford y él no es mera coincidencia.

Welles se ocupó de aclarar, sin embargo, que Hannaford y él no son iguales. “Lo amo tanto como lo odio”, afirmó, como podía haber dicho de cualquiera de sus “héroes” de Charles Foster Kane en adelante. “Es uno de esos tipos de pecho velludo”, le cuenta a Bogdanovich, refiriéndose a la condición de macho hollywoodense de su alter ego. De ahí en más, como todo en Welles, los posibles modelos para Hannaford se ramifican, multiplican y confunden, desde el realizador de cine mudo Rex Ingram hasta algunos posteriores como John Ford, William Wellman, y hasta Ernest Hemingway, a quien conoció personalmente.

De hecho, y recordando el culto por los toros del autor de París era una fiesta (culto que Welles compartía), The Other Side of the Wind –que en una primera versión se llamaba The Sacred Beasts– empezó siendo la historia de la relación, con fuertes elementos homoeróticos, entre un torero veterano y uno joven, para mutar más tarde a la de un veterano director de cine y dos jóvenes: un discípulo exitoso y el actor de su película, de quien el protagonista parecería estar más o menos enamorado.

Títeres sin cabeza

“Se pasó toda una noche en París, caminando por una calle de ida y vuelta, discutiendo consigo mismo en voz alta si era conveniente o no que él hiciera de Hannaford”, cuenta Bogdanovich. Con buen criterio, Welles decidió que no, para evitar toda identificación mecánica entre él y el personaje. El papel lo haría su amigo John Huston. Como la decisión la tomó después de iniciar el rodaje, tuvo que resolver más tarde en el montaje la ausencia del protagonista durante las primeras escenas. En otros papeles aparecen Susan Strasberg, Lili Palmer, Edmond O’Brien, Cameron Mitchell, su eterno compañero de ruta Paul Stewart (que ya hacía un papel en El ciudadano), la veterana Mercedes McCambridge, su pareja Oja Kodar y varios no actores, incluyendo al propio Bogdanovich y al historiador y crítico de cine Joseph McBride. Una banda de realizadores por entonces jóvenes hacían de sí mismos: Dennis Hopper, Claude Chabrol, Paul Mazursky y Henry Jaglom, entre otros.

Fotografiada por Gary Graver (que estuvo como invitado en una de las ediciones del Bafici, presentando un pequeño Foco dedicado a Welles), The Other Side of the Wind representa un ajuste de cuentas generalizado de Welles con Hollywood. Y no sólo con Hollywood. En la fiesta aparecen representantes del viejo Hollywood, presentados como una banda de machotes reaccionarios, muchachos del nuevo Hollywood (Hopper & Cía.), con los que tampoco tiene mucha piedad, periodistas esnobs e insoportables y claras alusiones a personajes reales. Lili Palmer hace de Marlene Dietrich, de quien Welles era muy amigo (Welles era, de hecho, el único director de cine por el que la estrella de El ángel azul sentía algún respeto). Su segundón Norman Foster –que terminó un par de películas abandonadas por Orson– hace de segundón de Hannaford, y hay una crítica de cine que es una clara trasposición de la célebre y temida Pauline Kael, que acababa de publicar un libro donde osó escribir que El ciudadano era obra más de sus guionistas que de él.

Hasta su amigo Bogdanovich, que venía de aceptar la dirección de una película que antes le habían ofrecido a Welles, hace de un discípulo traidor, apellidado Otterlake (lago de focas). Pero eso no es todo: la película que Hannaford está filmando (que se llama The Other Side of the Wind, cuestión de aumentar el stock de muñecas rusas) es una suerte de falso Antonioni, llena de tiempos muertos y personajes pensativos, con mucho sexo y violencia, cuestión de poder vendérselas a los ejecutivos de Hollywood. Las escenas de sexo están protagonizadas, claro, por su amante fija (y heredera) Oja Kodar, que incluso filmó alguna de ellas.

Dónde hay un rial, viejo Gómez

Hasta donde se sabe, Welles terminó de filmar The Other Side of the Wind en 1976 y llegó a editar por lo menos unos 40 minutos. Lo cual representaría casi la mitad del metraje. Empezó financiándola de su bolsillo y el de Oja Kodar (se estima que entre ambos pusieron cerca de un millón de dólares), no encontró un solo interesado en invertir un penique en todo Hollywood y terminó asociándose con una compañía de producción de origen iraní. La compañía, llamada Les Films d’Astrophore, tenía sede en Francia, y la productora local Dominique Antoine –a quien Welles le tenía toda la confianza del mundo– ofició como su representante.

Eran tiempos del sha Reza Pahlevi, éste estaba interesado en promocionar la modernización de su país, invirtiendo en cultura y aledaños, y, sobre todo, sucedía que el dueño de Les Films d’Astrophore era su cuñado. Pero aquí es donde interviene la tercera pata de la producción, un productor español, y la mesa empieza a tambalear. El productor español (que sería nada menos que Andrés Vicente Gómez, en la actualidad uno de los más importantes de su país) comenzó a recibir el dinero de los iraníes, diciéndoles a Orson y Kodar que los iraníes no estaban poniendo un rial. Welles le creyó, hasta que Dominique Antoine comenzó a desconfiar y terminó descubriendo la verdad. Pero jamás pudieron recuperar un centavo de lo embolsado por Gómez.

A todo esto, Welles viajó a Los Angeles para recibir el Life Achievement Award (premio al conjunto de su carrera) entregado por el American Film Institute. No perdió la oportunidad de presentar a la audiencia un par de fragmentos de The Other Side of the Wind, haciéndole saber a todo Hollywood que necesitaba plata para terminarla (ya había empezado a montarla). En un alucinante juego de espejos, el primero de esos fragmentos mostraba a Jake Hannaford mostrándole un fragmento de The Other Side of the Wind a un grupo de productores de Hollywood, con la intención de que invirtieran en la película.

En la realidad (no en la película), un productor se compadeció de que el más genial cineasta estadounidense en actividad estuviera filmando con dinero de su bolsillo, haciendo una oferta a los iraníes... que los iraníes no aceptaron, considerando que era baja. Fue la última oferta hecha por un productor de Hollywood para The Other Side of the Wind. Welles se quería matar. No sabía que –en una trama que si fuera de película parecería demasiado tirada de los pelos– de allí en más la situación no haría más que empeorar.

Don Orson y sus dos viudas

Hacia fines de los ’70 empezaban a llover sobre el sha acusaciones de nepotismo. ¿Qué podía hacer Pahlevi para salir al cruce de las acusaciones? Obvio: desplazar a su cuñado de la dirección de Les Films de l’Astrophore, poniendo en su lugar a un administrador eficiente, al que lo primero que se le ocurrió fue quitarle el control de The Other Side of the Wind al mismísimo Orson. El señor, ubicadísimo, propuso que Welles pudiera exhibir tres veces lo que hasta allí había montado, para sus amigos, mientras L’Astrophore se ocupaba de hacer su propio montaje para la distribución comercial internacional.

Antes de que Welles tuviera tiempo de decirle dos o tres palabritas, la situación cambió ligeramente: al sha lo habían echado a patadas y ahora los ayatolás gobernaban Irán. Y a los ayatolás The Other Side of the Wind les importaba tanto como los derechos de las mujeres. La copia volvió a manos del gran cuñado; éste quería obligar a Welles a montar la película en Francia, Welles a esta altura no podía darse el lujo de volver de paseo a Europa y la Justicia francesa demoró diez años en expedirse sobre la propiedad de los negativos, que a todo esto seguían en París. Cuando lo hicieron, Orson Welles había fallecido. No sin antes montar aquellos 40 minutos de The Other Side of the Wind.

A su fallecimiento, parte de los bienes pasaron a manos de la viuda, la actriz Paola Mori, de la que nunca se había separado. Mori murió en 1986, un año después que Orson, legando la herencia a la hija de ambos, Beatrice Welles. Pero antes de morir, Welles cedió a Oja Kodar tanto la propiedad como el control artístico de todos sus proyectos inconclusos. Incluida, por supuesto, The Other Side of the Wind, en la que Kodar tuvo activa intervención, además de haber puesto dinero en ella. De allí en más se inició una batalla legal interminable entre Kodar y todos aquellos que querían finalizar la película (entre ellos, Peter Bogdanovich, Gary Graver y Joseph McBride) y Beatrice Welles, que se ocupaba de bloquear sistemáticamente todo proyecto de rescate.

Luz verde

La batalla acaba de terminar. Después de casi treinta años de disputas, hace unos días Beatrice Welles accedió finalmente a que The Other Side of the Wind se termine de montar, proyectándose su estreno para 2015. De acuerdo con lo que informa www.wellesnet.com, sitio no oficial pero sumamente confiable, Frank Marshall y Peter Bogdanovich liderarán el proyecto. Ambos se conocieron en el set de The Other Side of the Wind, donde Marshall hizo sus pininos como productor, antes de producir para Bogdanovich Luna de papel y Daisy Miller, así como para Scorsese The Last Waltz. Desde Los cazadores del arca perdida hasta el día de hoy, Marshall es socio de Steven Spielberg en la compañía de éste, Amblin Entertainment, habiendo participado además en la coproducción de toda la serie Bourne.

Los socios de Marshall en el plan-rescate son Filip Jan Rymsza, de la compañía Royal Road Entertainment, y el holandés Jens Koethner Kaul, que compraron su parte a Les Fims de l’Astrophore y llegaron a acuerdos con ambas viudas. Los tres aseguraron que no hace falta filmar nada. Sólo agregar un efecto en una escena crucial, que tiene lugar en un drive-in. Trabajarán con los famosos 40 minutos montados por Welles –que Kodar se apresta a enviar por avión desde su hogar en Croacia–, guiándose para montar el resto del material por instrucciones dejadas por Welles. Cuentan también con los cuatro guiones (uno lo editaron en francés los Cahiers du Cinéma), nada menos que 1083 rollos del negativo parisino –que en este momento están siendo revisados y catalogados– y la asistencia de Bogdanovich, que conoce la película al dedillo. Hay también un montaje de 95 minutos, hecho por el confiable Gary Graver, que Marshall y sus socios se comprometieron a tomar en cuenta.

De pronto, lo que durante décadas fue un círculo vicioso parece haberse convertido en virtuoso: los técnicos de laboratorio aseguran que los negativos están en óptimas condiciones, Marshall y los suyos se hallan a la busca de un distribuidor, se planea una edición en DVD llena de extras y escenas alternativas y Bogdanovich se atrevió a una aseveración que eriza la piel. “Por lo que pude ver, The Other Side of the Wind puede llegar a ser la mejor película de Orson”, dijo, sin que se le moviera un pelo. Es como si la obra de Welles hubiera pasado de manos de Franz Kafka a las de ese optimista a ultranza llamado Frank Capra.

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“Si lo leyese en un diario, no lo creería”, dijo Welles sobre los problemas que sufrió su película.
 
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