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Domingo, 19 de abril de 2015

CINE › TRES PELICULAS DIRIGIDAS POR CINCO MUJERES EN LA COMPETENCIA INTERNACIONAL

Films que elevan el nivel del festival

La israelí Ben Zaken (dirigida por Efrat Corem), la austríaca Goodnight Mommy (de Severin Fiala y Veronika Franz) y la argentina La mujer de los perros (de Laura Citarella y Verónica Llinás) son muy diferentes, pero tienen en común su gran calidad.

Por Diego Brodersen @

Trío destacado de películas en la Competencia Internacional del Bafici, todas ellas dirigidas por mujeres, cinco en total. Cada una a su manera, Ben Zaken, Goodnight Mommy y La mujer de los perros elevan el nivel de una sección que ya presentó varios títulos de interés en sus primeras jornadas. Por otro lado, nada podría ser más diferente de los temas y los tonos de la película israelí (que, además, se parece en poco y nada a los films israelíes que suelen circular por festivales) y aquellos presentados por el largometraje austríaco, un relato que parece ser una cosa pero es otra. O muchas otras. Finalmente, el opus dos de la argentina Laura Citarella –productora famosa en el ambiente local, a pesar de su juventud– y primero de la actriz Verónica Llinás es un enorme paso adelante en la carrera como realizadora de la primera y un notable debut para la segunda.

Ben Zaken, dirigida por Efrat Corem, es una de esas óperas primas promisorias que suelen no pasar inadvertidas ante los ojos de los programadores de los festivales. Siempre y cuando sean ojos abiertos y receptivos. Algo de eso sabe Corem, que a pesar de tener treinta y pico de años está a cargo de la dirección artística del Cinema South Film Festival –que se lleva a cabo en la ciudad de Sederot, en el sur de Israel– desde hace varias ediciones. Temporalmente del otro lado del mostrador, por decirlo de alguna manera, en su primer largometraje permite adivinar a una realizadora con talento y sensibilidad. Además de una importante dosis de rigor a la hora de manipular los materiales con los cuales construye su historia, que transcurre en su ciudad natal de Ascalón, cerca de la Franja de Gaza. Aquel espectador que piense encontrarse con otro film sobre el eterno conflicto que asuela esa región estará equivocado, aunque de manera muy inteligente el tema no es eludido por completo y está presente en la vida de los personajes sin que se lo mencione explícitamente.

El clan Ben Zaken, que de ninguna forma representa a la típica familia nuclear, vive en un edificio de departamentos tipo monoblock y sobrevive económicamente gracias al trabajo del mayor de los hijos, Leon. Shlomi, el menor, divorciado y con una hija de unos doce años, y la abuela de la pequeña completan el cuarteto de habitantes del pequeño espacio. La pequeña Ruhi no está atravesando un buen momento de su vida: el film comienza con una escena en la cual un grupo de compañeros de la escuela le hace los honores al concepto de bullying y resulta claro que la separación y otros conflictos familiares han hecho mella en su carácter (usualmente irascible) y su personalidad. Sin caer en el pesimismo y mucho menos en el nihilismo, Ben Zaken presenta una Israel ubicada en la vereda opuesta de la postal turística: al agobio de la arquitectura de la zona, donde a los edificios gemelos se les suman estructuras fabriles e industriales, el film presenta un día a día asfixiante, marcado por las necesidades materiales pero también por una imposibilidad emocional de hacer contacto genuino con el prójimo, sea éste un familiar cercano o una pareja ocasional. Ben Zaken es heredera indirecta del neorrealismo clásico, un film de actores pero también de precisa puesta en escena.

Sin demasiadas complicaciones económicas, casi podría decirse en la opulencia, viven los protagonistas de Goodnigh Mommy (Ich seh, ich seh en el original, pariente en alemán del “veo, veo”): una mujer que regresa a su enorme y moderna casa en una bella zona rural de Austria y sus dos pequeños hijos gemelos. Con el rostro completamente vendado como consecuencia de una operación, Mamá comienza a dar órdenes inmediatamente, aunque los chicos no están dispuestos, desde ningún punto de vista, a acatarlas a pies juntillas. Codirigida por Severin Fiala y Veronika Franz (esta última ha trabajado en varias oportunidades como guionista del realizador Ulrich Seidl, quien ofició aquí como productor), Goodnight Mommy hace temer en sus primeros minutos otro teatro de la crueldad en el cual el cine austríaco ha hecho escuela y generado influencias en todo el mundo, desde sus más prestigiosos cultores, como Michael Haneke, a sus peores imitadores. Y si bien algo de eso hay, lo cierto es que nada aquí es finalmente lo que parece ser, comenzando por la causa de los vendajes que ocultan el rostro de la mujer, una famosa presentadora de televisión (información que, como otros datos, el film va dando a conocer con cuentagotas).

La mujer de los perros, de Citarella y Llinás, encarna una suerte de regreso a ciertas fuentes seminales de ese Nuevo Cine Argentino que asomaba en las primeras ediciones del Bafici. De todas formas, no se trata de una mera imitación y mucho menos de una postura reaccionaria: el film utiliza recursos minimalistas en pos de una poética propia y logra, en el camino, presentar una historia potente y llena de derivaciones. Y lo hace sin caer nunca en el pintoresquismo, el patetismo o el cinismo de la falsa observación objetiva. Prácticamente sin diálogos, con excepción de dos o tres escenas puntuales, la cámara sigue a Llinás (en uno de esos roles de total entrega actoral) como una mujer que vive en una zona agreste, en una choza armada con elementos de descarte, rodeada por una manada de perros a los cuales ha curado y guarnecido. Entre la caza (de pajaritos, por ejemplo), la recolección (de frutos de algunos vecinos) y el cirujeo, la mujer sobrevive a las inclemencias del tiempo a lo largo de las estaciones sin deberle nada a nadie. Al menos para el espectador, que no recibirá información sobre su pasado o las razones que llevaron al personaje a vivir ese tipo de vida, aunque es posible adivinar, sin demasiado esfuerzo, una suma de vectores sociales y otros absolutamente personales.

Que la falsa soledad de esa mujer (que, tal vez, haya elegido vivir de esa manera y en esa compañía) resulte luego de un tiempo lo más normal del mundo es un gran mérito de la película, a tal punto que en las pocas instancias en que debe entablar contacto con la “civilización”, hay una suerte de sentimiento de extrañeza, casi de no pertenencia. Aunque, como puede apreciarse en los últimos tramos, tampoco es una ermitaña. La mujer de los perros ofrece, entre otros momentos que dejan huella, una alucinada secuencia semidocumental que bien podría haber sido filmada por Herzog y un extenso plano general con remate inesperado que más de un espectador cinéfilo entenderá como homenaje a Abbas Kiarostami.

* Ben Zaken se exhibe hoy a las 15 en Village Recoleta 6 y el martes 21 a las 15 en Artemultiplex Belgrano 3.
Goodnigh Mommy se exhibe hoy a las 23.20 en Village Recoleta 9 y el martes 21 a las 20.15 en Village Caballito 4.
La mujer de los perros se exhibe hoy a las 17.35 en Village Recoleta 5 y el martes 21 a las 18 en Village Caballito 4.

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La mujer de los perros utiliza recursos minimalistas en pos de una poética propia.
 
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