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Viernes, 5 de junio de 2015

CINE › NARUTO, LA PELICULA, ANIMACION DE TSUNEO KOBAYASHI

Del budismo a la filosofía ninja

 Por Diego Brodersen

Para todos aquellos que, por desconocimiento absoluto o por edad, se hayan quedado congelados en la era de Mazinger Z o Meteoro, es bueno recordar que la animación japonesa ha recorrido desde aquellos tiempos un largo camino, ganando adeptos en todo el mundo. Demostración de la enorme sinergia entre el manga y el animé, desde su primera aparición en forma de historieta a fines de los años ’90, Naruto ha visto sus aventuras publicadas semanalmente en papel y transmitidas por televisión a lo largo de dos series originales que, juntas, suman más de quinientos episodios. A eso hay que agregarle una buena cantidad de videojuegos, películas producidas para el mercado de video y seis largometrajes pensados para la pantalla grande, de los cuales Naruto, la película es apenas el último eslabón. ¿Qué quién es Naruto Uzumaki? Un pibe que creció huérfano en una pequeña aldea y que, a muy temprana edad, descubrió ciertos poderes especiales gracias a una criatura mitológica que tiene encerrada en su interior, el Zorro Demonio de nueve colas.

De seguir cronológicamente la historia, el lector/espectador acompañará su crecimiento, desde la más tierna infancia, pasando por la pubertad y despertando a la adultez. Naruto, la película lo encuentra grandecito, siempre acompañado por sus amiguetes y miembros de un clan conocido como el “Equipo 7”, dedicado a luchar contra sus enemigos naturales (Sakura, la chica de cabellera fucsia, es una de sus más prominentes compañeras). ¿Qué si se puede ver la película sin haber visto o leído nada con anterioridad? Se puede, ya que la narración está contenida en sí misma, aunque las referencias al pasado de los personajes y a hechos de otras películas y capítulos de las series son constantes, como así también la falta de información a las características de los chakras y poderes de cada uno de los luchadores (en esencia, el universo Naruto entremezcla ideas ligadas a la astrología china, el budismo, el animismo y la filosofía de los shinobi, más conocidos en el barrio como ninjas).

El resto es bien clásico: Hinata, otro miembro del club de los siete, está enamorada de Naruto pero no se anima a decírselo, la hermana de la chica es secuestrada por un poderoso enemigo (casi un ser de luz, pero de luz mala) y, tal vez lo más importante, la Luna empieza a acercarse peligrosamente a la Tierra, lo cual activa viajes de lo más variopintos, aventuras de todo tipo y escenas de acción entremezcladas con otras de tono confesional y definidamente melodramáticas (hay incluso algo de La bella y la bestia en una película que no le hace asco a la sensiblería más rampante). El trazo de los dibujos y la animación misma son tradicionales, aunque puede apreciarse el uso de varias técnicas digitales en las escenas de mayor movimiento en cuadro. Dirigida a un público conocedor del personaje y de la historia –niños grandecitos, púberes, adolescentes y, claro, adultos, que los hay– Naruto, la película se estrena en versión original en idioma japonés, subtitulada al español, y con una calificación de Sólo apta para mayores de 13 años.

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