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Jueves, 4 de enero de 2007

CINE › “LA NOCHE DEL SEÑOR LAZARESCU”, UNA EXTRAÑA PERLA DEL CINE RUMANO

Dante ahora vive en Rumania

El film de Cristi Puiu retrata un descenso a los infiernos hospitalarios, tan curioso como para derivar del realismo socialista al absurdo existencial.

 Por Horacio Bernades

Cómo pasar, en poco más de dos horas, de un terreno vecino al realismo socialista al absurdo existencial del compatriota Eugène Ionesco. Cómo fusionar la desesperación humanista con una forma de humor negro extrañamente cálida. Cómo ejercer un pesimismo extremo sin incurrir en el menor subrayado. Cómo alcanzar el reino de la metafísica narrando sólo hechos y circunstancias de la más crasa vulgaridad. A lo largo de los hipnóticos, apasionantes 153 minutos de La muerte del señor Lazarescu, su realizador, el rumano Cristi Puiu –38 años y una película anterior, Marfa si banii, presentada en competencia en el Bafici 2002–, logra un apabullante triunfo artístico, sin salirse nunca del más seco realismo. Ganadora del premio a la Mejor Película en la sección Un certain regard de Cannes 2005, es posible que las condiciones en que Moartea domnuliu Lazarescu se estrena en Buenos Aires (dos salas, proyección DVD y el título trocado a La noche del señor Lazarescu) no sean las ideales. Aun así, este estreno debe ser saludado como todo un acontecimiento.

“El alcohol no puede provocar una úlcera”, afirma Dante Remus Lazarescu (Ion Fiscuteanu, tan memorable como el resto del elenco), mientras lleva la mano al sufrido bajo vientre. Ex ingeniero de 63 años, viudo, con una hija emigrada a Canadá y una hermana a la que transfiere mes a mes su pensión graciable, el señor Lazarescu se aferra, como náufrago a un único tablón, a la preparación casera de licor y azúcar que guarda en una botella. Operado de úlcera, desde la mañana del sábado Lazarescu viene sufriendo jaquecas y dolores estomacales. No parece tan grave, y sin embargo el hombre no llegará vivo a la mañana siguiente. Una letal combinación de deficiencias hospitalarias, dilaciones burocráticas, soberbia médica, indiferencia generalizada y un estado terminal de agotamiento institucional terminará precipitando lo que podría haberse evitado, con un diagnóstico correcto y una operación a tiempo.

Primera entrega de una serie que lleva por título Seis historias de los suburbios de Bucarest, esta odisea nocturna y urbana evoca, en sus primeras instancias, aquellas commedias alla italiana que, por los años ’50 y ’60, permitían a los Risi, Scola, Monicelli & Cía. operar a fondo sobre el tejido social, sin perder la risa. La bata raída, la barba sin afeitar y viviendo en medio de un fuerte olor a pis de gato en su departamentito de monoblock oficial, podría verse en el dueño de casa a todo un héroe de la decadencia post socialista. Decadencia y feísmo que sus vecinos multiplican al infinito. “¿Y usted por qué no se deshace de su esposa?”, retruca Lazarescu cuando Sandu, el vecino de enfrente, le sugiere librarse de los sucios felinos con los que vive. “No le des Distonocalm, dale Diclofenal”, discute Sandu con su obesa mujer, que prefiere curar al señor L. con un guiso casero.

Narrando casi en tiempo real –lo cual permite al espectador relacionarse a fondo con los personajes–, Puiu observa esta corte de los milagros post Ceausescu con una mezcla perfecta de repulsión y cariño. Como quien busca pepitas de oro humano y las encuentra, revolviendo en la más absoluta sordidez. Con un ambulanciero mala onda a modo de Caronte y la enfermera Mioara como lazarillo de un Lazarescu en camilla, los tres recorrerán hospitales, en una suerte de descenso al infierno médico. Infierno que tal vez sea también humano. En cada hospital repetirán el mismo ciclo: llegada-atención-expulsión. Mientras disputan poder, se adormilan o coquetean con sus colegas o enfermeras, los médicos diagnostican lo de Lazarescu como meningitis, hematoma subdural, cirrosis o cánceres varios. “Tiene un neoplasma como para el Discovery Channel”, proclama, maravillado, un radiografista mascachicle.

Llegando casi al último círculo, un neurocirujano se muestra más interesado en hablar por celular que en operar al moribundo, mientras su colega de guardia invierte esos minutos vitales en recordarle a la sufrida enfermera quién manda allí. En ese punto, el espectador advierte que si hace rato el Dante se impuso sobre Age & Scarpelli (campeones de la commedia alla italiana), a esa altura Kafka y Ionesco lo han hecho a toda orquesta sobre el propio Alighieri. Sólo queda presenciar, impotentes, el brutal deterioro del sesentón, que en unas horas ha pasado de un simple dolor de estómago a no saber quién es, dónde está o qué le pasa. En otras palabras, es posible que el hospital haya devenido mundo y el enfermo, (anti)héroe moderno. Pero a Lazarescu ya no le queda tiempo para saberlo.

9-LA NOCHE DEL SEÑOR LAZARESCU

(Moartea domnului Lazarescu) Rumania, 2005.

Dirección: Cristi Puiu.

Guión: C. Puiu y Razvan Radulescu.

Fotografía: Andrei Butica y Oleg Mutu.

Intérpretes: Ion Fiscuteanu, Luminita Gheorgiu, Gabriel Spahiu, Doru Ana y Dana Dogaru.

Se exhibe en proyección DVD, en los cines Arteplex Belgrano y Duplex Caballito.

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Lazarescu pasará de una molestia estomacal a la muerte.
 
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