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Jueves, 16 de agosto de 2007

CINE › UN CAPOTE REVISITADO

“Infame”, Truman Show a sangre fría

En un extraño caso de coincidencia fortuita, Infame narra la misma historia de Capote: la del célebre escritor enfrentado a los dilemas morales que le trajo la escritura de su libro más famoso.

 Por Luciano Monteagudo

Concebida y rodada casi simultáneamente con Capote, en un extraño caso de coincidencia fortuita, Infame narra la misma historia: la del célebre escritor enfrentado a los dilemas morales que le trajo la escritura de su libro más famoso, A sangre fría. Por razones de producción, Capote estuvo lista primero y aprovechó notablemente esa ventaja: la película dirigida por Bennett Miller y protagonizada por Philip Seymour Hoffman pegó muy fuerte en el Festival de Toronto 2005, una inmejorable plataforma de lanzamiento desde donde ganó el mercado mundial y se convirtió en favorita para los premios Oscar, con nominaciones varias y una estatuilla para Seymour Hoffman como mejor actor protagónico. Resignado, el equipo de Infame decidió esperar todo un año para lanzar su propia película, con la esperanza de escapar de la sombra a la que el éxito de Capote los había condenado. No deja de ser una injusticia, porque Infame no es un trabajo inferior a Capote y en algunos detalles puntuales se diría incluso que es superior, lo que no impide que el espectador sufra una incómoda sensación de déjà vu frente a la película escrita y dirigida por Douglas McGrath.

Salvo por una suerte de extraño, inquietante prólogo, en el que Gywneth Paltrow –como una cantante de un club nocturno de Manhattan, al mejor estilo Peggy Lee– entona sorprendentemente bien el clásico “¿Qué es esto llamado amor?”, de Cole Porter, con un quiebre emocional que logra conmover al escritor que la escucha desde una de las mesas centrales, Infame tiene el mismo punto de partida: la mañana del 16 de noviembre de 1959. Fue entonces cuando Truman Capote leyó en una página interior del New York Times una noticia que le llamó la atención: un granjero de Holcomb, pequeña y apacible localidad de Kansas, había sido asesinado en su casa junto a su mujer y sus dos hijos adolescentes. Todos habían recibido disparos de escopeta a quemarropa y “no había señales de lucha y nada había sido robado; las líneas telefónicas estaban cortadas”, señalaba el conciso cable de agencia noticiosa.

A partir de ese momento, y durante poco más de un lustro, lo que iba a ser apenas una crónica periodística para The New Yorker se convirtió en uno de los libros más influyentes de la literatura estadounidense y en la piedra basal de la llamada non-fiction novel, donde Capote introdujo técnicas de ficción a la descripción de un hecho real. Lo curioso del caso de estos films gemelos es que ambos, utilizando fuentes distintas (la biografía de Gerald Clarke en Capote; una novela de George Plimpton en Infame), vienen a proponer la misma tesis: que esos seis años que van desde 1959 a 1965, cuando la novela fue finalmente publicada, para la consagración definitiva de su autor, fueron el principio del fin de Capote, el lado oscuro del Truman Show con que el escritor deslumbraba a los cenáculos de Nueva York.

Viendo un film contra otro, se diría que Capote trabajaba mejor la puesta en escena y sacaba mejor provecho del paisaje de Kansas, tan distinto al de los sofisticados penthouses de Manhattan a los que estaba acostumbrado el escritor. Por otra parte, el guión de Infame parece más preciso y al mismo tiempo más audaz, al hacer explícita la relación entre sexual y amorosa que Capote establece con el convicto Perry Smith (interpretado por Daniel Craig antes de haberse convertido en James Bond), un lazo que en el film anterior apenas estaba sugerido. Aquí, Smith tiene miedo de que Capote lo traicione, de la misma manera en que el escritor habría traicionado a Brando (en El duque en sus dominios), al revelar detalles íntimos, personales, con el objetivo de trazar el mejor retrato posible. Y lo que dicen ambas películas es que Smith quizás tenía razón, como la tuvo Brando cuando se enojó con quien creía su amigo, pero que sobre la base de esas revelaciones Capote escribió lo mejor de su literatura.

El elenco de “cisnes” que rodea a Capote en Infame es un rosario de actrices famosas (Sigourney Weaver, Isabella Rossellini, la ya mencionada Paltrow), entre quienes se destaca Sandra Bullock en una composición muy sobria, inteligente y medida –virtudes que no son habituales en ella– como Nelle Harper Lee, la escritora y amiga que acompaña a Truman a Kansas y que en el film anterior estaba a cargo de Catherine Keener. Finalmente, es injusto que el trabajo del desconocido Toby Jones como Capote haya sido eclipsado por el de Seymour Hoffman, porque su trabajo de mímesis es igualmente bueno, lo que prueba que el histrionismo del personaje permite esos camuflajes.

7-INFAME

(Infamous), EE.UU., 2007

Dirección: Douglas McGrath.

Guión: Douglas McGrath, basado en la novela Truman Capote, de George Plimpton.

Fotografía: Bruno Delbonnel.

Música: Rachel Portman.

Intérpretes: Toby Jones, Sigourney Weaver, Gwyneth Paltrow, Michael Panes, Hope Davis, Sandra Bullock, Isabella Rossellini, John Benjamin Hickey, Peter Bogdanovich, Jeff Daniels y Daniel Craig.

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Toby Jones, un Capote a la altura del de Seymour Hoffman.
 
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