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Lunes, 19 de noviembre de 2007

CINE › MALENA BYSTROWICZ Y SU DOCUMENTAL SOBRE MUJERES DE LA VILLA 20

La cotidianidad en la marginación

Agujeros en el techo, que podrá verse mañana en el Goethe, es el fruto de las vivencias de la cineasta en Villa Lugano.

 Por Oscar Ranzani

Malena Bystrowicz es una joven cineasta, egresada del Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda, que comenzó su carrera como realizadora con el documental Piqueteras, estrenado en 2002, es decir, al calor de la lucha de los movimientos populares en plena efervescencia. En aquel momento, había posado su mirada sobre un grupo de mujeres piqueteras de distintas regiones. Hace cuatro años fue a la Villa 20, ubicada en Lugano frente a la Escuela de Policía Ramón Falcón, a presentar su película, y posteriormente participó de un debate. Hubo un antes y un después: se quedó tan fascinada con ese mundo casi inentendible en su primera percepción que decidió realizar su segundo largometraje allí. Agujeros en el techo es producto de sus vivencias en la villa con un grupo de mujeres que conoció. El núcleo familiar sobre el que focaliza su segundo film muestra otro tipo de lucha de género: estas mujeres resisten frente a un sistema que no sólo oprime sino que además excluye. La película se fue armando con la vivencia pura de Bystrowicz, es decir sin un guión previo sino en el mismo momento en que sucedían los hechos. No hay un tema particular en Agujeros en el techo más que la cotidianidad de la vida de estas mujeres que integran una familia. El documental podrá verse mañana a las 20 en el Instituto Goethe (Corrientes 319).

Pero hasta llegar a Agujeros en el techo hay una historia previa. En aquel debate, Bystrowicz conoció a Fernanda Alvarez, quien tenía motivaciones similares a las suyas. Desde entonces, ambas decidieron que, en vez de proyectar películas, fueran las propias habitantes de la villa las que filmaran sus cortos. Así surgió la idea de realizar un taller audiovisual. “Allí las chicas filmaron El sueño, un corto que está dentro de esta película”, cuenta Bystrowicz en diálogo con Página/12. “El sueño es sobre una chica cartonera que se queda dormida y sueña con la libertad. Lo adaptaron de un texto de Alejandra Pizarnik. Ese fue el primero que hicieron”, relata Bystrowicz, orgullosa de su trabajo comunitario. El sueño de filmar Agujeros en el techo ya comenzaba a ser una realidad. “En 2006 presenté el proyecto en un concurso que promovía el Movimiento de Documentalistas y gané el primer premio.” Con algo de dinero y unos materiales que recibió, puso en marcha su idea y se fue a vivir a la Villa 20. “Me iba diez días y volvía a mi casa, así durante todo el año pasado”, relata.

Es cierto que podría haber resultado un trabajo sociológico pero no parece ser la intención de su documental: más bien es una mirada desprejuicida sobre el mundo de estas mujeres en su cotidianidad. “Tuve muchas ideas, en realidad, pero me dejé llevar por lo que pasaba antes que por un guión estricto. Yo creo que terminó siendo eso: la vida cotidiana. Incluso siento que yo soy un personaje también, aunque mudo. Ellas interactúan, no sólo hablando a cámara. No soy yo sola la que mira, y ese juego me parece lo interesante. Era la idea básica del documental”, comenta Bystrowiez, quien no buscó una mirada externa sino una visualización que surge del propio interior del ambiente en el que transcurre el film.

“Todas ellas participaban del taller, eso fue fundamental”, reconoce la directora sobre el motivo de la elección de las protagonistas que son tías, hermanas, primas y viven “una a la vuelta de la otra. Me parecía que estaba bueno concentrarlo en una familia porque por ahí pasa lo mismo en miles de familias en la villa o en otra parte”, afirma.

En Agujeros en el techo hay una protagonista que resalta: Gisela, la chica con la que Bystrowicz tuvo mucha afinidad. “Y además es como la excepción”, asegura. ¿Por qué? “Por ejemplo, tiene diecinueve años y no tiene hijos, terminó la secundaria, ahora quiere estudiar Derecho. Se proyecta a sí misma y es muy para adelante”, cuenta Bystrowicz y, entonces, explica el título: “Agujeros en el techo es, por un lado, por donde te entra lluvia y donde te entra frío. Pero eso es como lo más literal; es decir, el lugar donde estuve filmando. La otra lectura es el agujerito donde te entra luz también”, comenta la directora y justifica la frase que aparece al comienzo del documental: El techo te aplasta, ellas son grietas, luz en el espejo de sombra. “Y Gisela es eso para mí, es como un agujerito en el medio de la violencia, de la miseria, de que la sociedad te dice todo el tiempo sos una negra villera y que pongan más cárceles y seguridad, de generaciones y generaciones sin laburo ni educación. A pesar de todo eso, la chabona le sigue dando para adelante. Por eso yo quería que fuera mi protagonista”, asegura. “El resto son las víctimas de toda la mierda en la que vivimos: a los 14 años empiezan a ser mamás, tienen que dejar el colegio y si abortan las meten en cana. O sea la consecuencia directa de las injusticias.”

–¿Se propuso desmitificar prejucios sociales, acercar al espectador medio al mundo de la marginalidad como una manera de levantar barreras?

–Si se logra eso, es maravilloso. Eso fue un poco lo que me pasó a mí: cuando profundicé en este laburo, después de años de ir a la villa se cayeron todos mis prejuicios. Los buenos y los malos.

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“Después de años de ir a la villa se cayeron todos mis prejuicios”, dice Bystrowicz.
 
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