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Martes, 12 de julio de 2011

PLASTICA › DIBUJOS A CUATRO MANOS EN EL CENTRO CULTURAL BORGES

Noé y Stupía, bajando línea a dúo

¡Me arruinaste el dibujo! lleva por título la imperdible exposición en la que Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía presentan más de medio centenar de obras realizadas “a cuatro manos”. Pequeña historia del encuentro.

 Por Fabián Lebenglik

“Si bien se suele asociar casi con exclusividad la palabra dibujo a la de representación, no-sotros queremos destacar el acto de dibujar como el del desarrollo de un pensamiento lineal: una línea lleva a otra línea como un silogismo gráfico. La imagen es el punto de llegada más allá de que represente algo o no. Lo que importa es lo que nos presenta.”

Con estas líneas, Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía definen en parte su ideología sobre el dibujo. El texto forma parte de la presentación del ciclo de exposiciones “La línea piensa” en el Centro Cultural Borges, que desde 2007 ambos están llevando a cabo para presentar los dibujos de artistas que no siempre están suficientemente difundidos. Dentro de poco cumplirán el medio centenar de exposiciones en el marco de este ciclo, y tal constancia habla de toda una empresa, especialmente cuando se trata de colocar al dibujo en el lugar para nada menor que le corresponde en el campo de las artes visuales. Hablar de Luis Felipe Noé y de Eduardo Stupía es un modo de hablar de dibujo (sin excluir otras prácticas). Los dos son grandes defensores (y atacantes) en el campo dibujístico y no sólo lo practican, sino que lo promueven, exhiben, hacen circular, de manera activa, con ciclos como el mencionado.

Fuera de “La línea piensa”, pero en el mismo Centro Cultural (en la sala 22 del segundo piso), la semana pasada Noé y Stupía inauguraron una muestra propia de dibujos “a cuatro manos” con el título ¡Me arruinaste el dibujo! Usan la definición pianística “a cuatro manos” para dar a entender una reunión y una práctica que por momentos parece “de cámara”, pero luego toma dimensiones sinfónicas.

Ambos estuvieron trabajando incansablemente en decenas de trabajos conjuntos, en una exposición que resulta no sólo extraordinaria, sino especialmente imperdible.

Los antecedentes directos de esta larga serie de obras a cuatro manos son dos: el primero es un dibujo que en 2006 Noé le propuso a Stupía realizar a dúo para formar parte de una exposición individual de Noé en la galería Rubbers. Aquel dibujo conjunto se llamó “Dos no hacen uno”.

Al año siguiente vino la planificación y el comienzo del ciclo “La línea piensa”, pero eso cuenta sólo como antecedente indirecto.

El segundo antecedente directo de trabajo conjunto fue en 2010, cuando Noé y Stupía, junto a León Ferrari y Rep, realizaron un mural a ocho manos convocados por este diario, para ser exhibido en el stand que Página/12 tuvo en la anteúltima edición de la feria arteBA.

En la exposición que ambos acaban de inaugurar, el trabajo conjunto pasa, en cada obra, por múltiples variaciones y posibilidades, y lo que se destaca es la tensión creativa. Uno y otro y entre sí producen alternativa o simultáneamente interrupciones, complementaciones, silencios, simbiosis, encuentros, experimentos..., una suerte de payada dibujística, que revela décadas de oficio y saberes. Pareciera que cada mutua colaboración/intervención se limitara a la acción pura. Pero allí aparece la línea reflexiva, esa línea que se dispara casi gestual, pero que también, como dice el ciclo que apadrinan, allí, esa la línea piensa.

“Como creo –escribe Noé en el catálogo de la exposición– que el dibujo y la pintura son lenguajes –donde ‘está el espíritu’, como decía Hegel–, creo que como tales tienen su silogismo: dado esto, deduzco que tengo que hacer esto otro. Por esto siempre me ha interesado el diálogo creativo en el hacer artístico. Creo que el grupo que integré con Deira, Macció y De la Vega y además haber compartido talleres con Greco y Camnitzer me llevaron a ello. Pero con nadie he desarrollado tanto el quehacer de una misma obra como con Eduardo Stupía. ‘Dos no hacen uno’ se llamaba la primera que hicimos juntos en el 2006. Le tomamos el vicio y así nació esta muestra ¡Me arruinaste el dibujo! Creo que el título significa en cierto modo: ‘Pero, por suerte, me has sacado de mi ombligo’.”

Por su parte, Stupía dice lo siguiente, también en el catálogo: “Desde hace años, décadas, venimos dialogando acerca del dibujo. Ese diálogo, naturalmente, ha tenido coincidencias e, inmodestamente, hallazgos, pero también de-

sacuerdos, contrapuntos, contradicciones. Es que el dibujo es tan palpable y material como maleable y esquivo; siempre seduce, captura, e invariablemente escapa. Ahora hemos querido seguir conversando, y divergiendo, sobre el dibujo, pero volcados a la pura acción de dibujar, ensayando un experimento inédito para los dos: una extensa serie de dibujos realizados a cuatro manos. Yuyo Noé me ha propuesto el desafío, entregándome, sin saberlo, la instancia más trascendente de mi vida artística. Como una suerte de partido de ping-pong, cada uno lanza ideas gráficas en la cancha del otro y espera la devolución para volver a responder con el tiro más inesperado, y así sucesivamente. Y, si bien no se trata de hacerle perder pie al ‘contrincante’, tampoco es cuestión de hacérsela fácil. De allí la ironía de un título que, lejos de ser una broma, es fiel a la tensa dinámica de una batalla gráfica donde cada uno debe saber cuándo retirarse para que el otro se haga presente. Lo que ahora puede verse es, más que cualquier eficacia en lo formal, la experiencia y el registro de un conflicto amable, pero no por eso menos agudo: la colisión de dos maneras, dos temperamentos, dos estilos que, al margen de enormes afinidades y similitudes, se ‘arruinan’ mutuamente para que el encuentro se produzca allí donde nadie, ni nosotros mismos, lo espera”.

Aquí aparece plenamente Noé, tanto su modo expansivo, que se afirma en cada línea, y también se advierten sus vacilaciones, ese temblor, esa inquietante inestabilidad, ese modo tan aparentemente distraído y expectante, pero en el fondo sumamente enfocado y atento, de ver, mirar, escuchar, percibir al otro y tomar al vuelo las ideas, para transformarlas y hacerlas propias. En esas vacilaciones el artista se mueve con total soltura. Hay un factor de búsqueda y desarrollo permanente en Noé. Allí surgen abismos a los que se lanza y gracias a los cuales resulta un artista revelador, siempre por descubrir. Noé todo el tiempo se aventura. Cuando se trata de hacer y pensar, de pensar haciendo, nunca dice que no. Es más fuerte que él. Siempre avanza.

Por su parte, Stupía ha proyectado siempre su creatividad en la del observador de sus dibujos. El que mira inevitablemente es conducido amablemente a sobreinterpretar líneas, filigranas, manchas y pinceladas. En ese camino de sutiles correspondencias imaginadas, las tramas de los dibujos que fue realizando el artista se muestran como espejismos donde cada ojo proyecta sus historias. La oscilación entre el dibujo lineal y la mancha, entre los núcleos múltiples y la composición narrativa, se vuelve casi un acto ciego, una cuestión gestual, un puro movimiento. Toda su obra se puede pensar como un inmenso organismo en el que el dibujo, funcional y constitutivo, es pensamiento que se piensa a sí mismo, como resultado de una lógica que va y viene de lo material a lo poético. Ambos artistas logran, desde sus propias poéticas, un festín compartido para el ojo.

* En el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín, hasta fin de mes.

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Noé y Stupía trabajando.
Imagen: Valeria Traversa
 
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