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Martes, 10 de noviembre de 2015

PLASTICA › UN LIBRO MONUMENTAL Y UNA GRAN EXPOSICION DE OBRA RECIENTE

Bitácora de un viaje en curso

Con un impresionante libro autobiográfico de mil páginas en dos tomos –que hoy presenta en el Mamba– y una potente muestra de obra reciente, Noé sigue aportando su arte y su vitalidad.

 Por Luis Felipe Noé *

El 16 de diciembre de 2008 en el Palacio San Martín del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Dirección General de Asuntos Culturales anunció en un acto público que yo sería el representante argentino a la 53ª Bienal de Venecia. Algunas semanas antes me lo habían adelantado la directora de ese departamento de la Cancillería, la embajadora Gloria Bender, acompañada por el ministro Sergio Baur, Fabián Lebenglik y Jorge Cordonet, quienes fueron respectivamente comisario, curador y productor del envío a esa Bienal a inaugurarse en el mes de junio de 2009.

No debo negar que me emocionó muchísimo y debo confesar que algunas lágrimas corrieron por mis mejillas. Tal vez era lo que más deseaba, ya que nunca había sido invitado solo y con mi obra actual a una bienal internacional. Había sido invitado en tanto ex miembro del grupo neo-figurativo, con obra histórica, a las bienales de San Pablo (1985) y Mercosur (Porto Alegre, Brasil, 1997), o bien integrando conjuntos una o dos obras actuales (Bienal de La Habana, 1984, Bienal de Cuenca, Ecuador, 1994 y Bienal del Fin del Mundo, Ushuaia, 2007) (...)

Como señalé en ese acto de presentación, lo que más me gratificaba era haber sido elegido con mi obra actual y no como “viuda” de un pintor que había existido en la década del sesenta. Más aún, cuando Lebenglik me explicó qué es lo que deseaba que enviara, me di cuenta de que iría con obra futura, o sea especialmente hecha para la ocasión y de gran envergadura. Esto me alentó, pero me hizo temer por la exigüidad del tiempo.

La planificación consistía en un principio en calcular las medidas de las obras que se enviarían. Para ello Lebenglik y yo, con el asesoramiento del arquitecto Luis Pereyra llegamos a la conclusión que tenía que hacer dos grandes obras para dos paredes en el tercer piso de la librería Mondadori de Venecia, donde se expondría el envío argentino. Para mayor seguridad en relación con el proyecto, Gloria Bender, Sergio Baur, Fabián Lebenglik, Nora y yo viajamos en febrero a Venecia, pero en aquel momento ya tenía decidido que haría una obra de tres metros por once para una pared y otra para la de enfrente de quince metros compuesta por quince formas irregulares. (...)

Lo cierto es que a fines de febrero me puse a trabajar con el siguiente criterio: como no hago bocetos, era fundamental un método de trabajo. Me decidí por el marouflage (papel pegado sobre tela) con un procedimiento de acumulación de trozos sucesivos (como un patchwork), así la obra iría creciendo. (...)

Para su armado (tanto sea para los bastidores como para el marouflage), conté con la colaboración fundamental de Fabián Lopardo y su equipo (María Marta Rodríguez Bosch, su compañera y sus colaboradores Vanesa Itatí Moralez y Mariana D’Albo, además de su hijo Lucas), todos ellos también artistas.

La gran eficacia de su trabajo en lo que respecta a colocar el papel sobre la tela, alcanzó niveles sorprendentes en los bastidores irregulares. Me ayudaron en el trabajo de pintar mis grandes colaboradoras, Cecilia Ivanchevich y Elena Nieves. Luego de dos meses y medio de trabajo concluí las obras La estática velocidad y Nos estamos entendiendo. Ambas integraron un conjunto que llevaba el nombre de Red.

Con respecto a las obras en sí mismas, creo que tienen dos aspectos, según las veamos de lejos o de cerca, el primero abstracto y el segundo pleno de figuras. Por otra parte, creo haber logrado en ellas un equilibrio entre lo estrictamente pictórico y lo lineal, sea éste descriptivo o puramente abstracto, con líneas blancas y negras o con vibraciones de color. Sobre la descripción de las obras prefiero cederle lugar a los textos de Luis Pereyra y Fabián Lebenglik, ambos consustanciados con la gestación de las mismas (...).

Poco tiempo después que las obras viajaron a Venecia (el bastidor grande desarmado y la tela enrollada), y también lo hicieron Fabián Lopardo, María, Cecilia, Elena, Luis Pereyra, Fabián Lebenglik y Jorge Cordonet. Yo salí unos días antes para poder asistir a la proyección del nuevo film de mi hijo Gaspar –Enter the Void– en el Festival de Cannes. A pesar de no haberla terminado, se la exhibió como un work in progress. Debo decir que la película me pareció magnífica por su capacidad de relatar pictóricamente, más allá de los comentarios totalmente divergentes y acalorados que suscitó.

En Venecia nos reunimos todos el 26 de mayo, día de mi cumpleaños, para comenzar al día siguiente la tarea de instalación de la obra, que finalizó una semana después. El proceso de su armado, tanto en Buenos Aires como en Venecia, fue magníficamente documentado por Juan Chiesa y Fermín Labaquí para el Canal A, y fue fotografiado por Danielle Voirin. Todo este equipo de trabajo se completaba con la parte veneciana, la cual obviamente era fundamental: Amparo Ferrari y su compañero Sebastián Zabronski, artistas argentinos residentes allí.

Como la Argentina no contaba aún con un pabellón en la Bienal de Venecia, en esa ocasión fue el tercer piso de la librería Mondadori, que se halla a ciento cincuenta metros de la Piazza San Marcos, en la calle que todo turista debe tomar si quiere dirigirse a la Academia, por lo tanto de obligado tránsito.

A una velocidad paralela a la de la ejecución de la obra, se preparó un catálogo (libro trilingüe español-italiano-inglés), que utilizando fotografías de Danielle que daban cuenta del proceso de las obras. Fue diseñado por Mario Gemín con la colaboración de Mariano Morales. Tres textos lo inician (de Gloria Bender, Sergio Baur y Fabián Lebenglik) y se completa con fotografías de obras anteriores, un itinerario de mi obra realizado por Lebenglik y fragmentos de un texto mío extraído de Noé escritos, titulado “Cuadro de situación”. (...)

El tiempo que estuve en Venecia lo recordaré como una encantadora burbuja en la que viví durante dieciocho días, rodeado de más de una veintena de amigos que vinieron de distintas partes.

* Fragmentos editados del tomo 2 del libro Mi viaje-Cuaderno de bitácora, de Luis Felipe Noé (Editorial El Ateneo), que hoy a las 19 presentan, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Av. San Juan 350), Franklin Pedroso y Patrick Frank junto a Noé.

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Tapa del tomo 2 del libro de Luis Felipe Noé.
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