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Miércoles, 24 de septiembre de 2008

DISCOS › BATEA

Queen + Rodgers

Los viejos y nuevos fans de Queen agotaron en tres horas las primeras cinco mil entradas que se pusieron a la venta para el show que dará la banda (en rigor, lo que queda de ella: Brian May y Roger Taylor más Paul Rodgers) el 21 de noviembre en la cancha de Vélez. Seguramente allí se desplegará un repertorio afín al acontecimiento: mayoría de clásicos y un puñado de temas del nuevo disco. Esto viene a cuento para “advertir” –la palabra, es cierto, suena un poco pacata– que éste no es un álbum de Queen y que tampoco debería serlo, en tanto su máxima figura, Freddie Mercury, murió hace mucho tiempo. Eso no significa que el flamante The Cosmos Rocks sea un mal disco. Todo lo contrario: hay momentos intensos (“Cosmos rockin’”, “C-lebrity”), buenas melodías (“Small”) y un criterioso –y sobrio, viniendo de quien viene– trabajo orquestal. Da la sensación, eso sí, de que la esencia del trabajo quedó absorbida bajo el influjo de Rodgers. Por momentos –el primer track, precisamente: “Cosmos Rockin’”– parece un disco de Bad Company con Taylor y May como músicos invitados. La guitarra de May tarda en imponer su sonido inconfundible, como si hubiese querido esconderse tras la estructura rítmica (más cercana a un rock básico) que guía el andamiaje general. Su clásica utilización del overdub (esas capas superpuestas de líneas de guitarra que le dan un aura “orquestal”) restringe aquí su campo de acción, aunque, finalmente, la guitarra de May (el buen gusto no se pierde jamás) se impone en los oídos del fan más exigente. Más allá de este detalle, lo que extrañarán quienes quieran extrañar a Queen es el tono operístico, esa vertiente épica que Mercury interpretaba como nadie y May complementaba con su talento. Esa grandilocuencia sonora, ese culto a la exageración que gobernó a Queen en sus mejores momentos, han sido aquí esterilizados. Apenas aparecen, cada tanto, coros frugales que remiten, en su expresión minimizada, a aquellos arreglos que deleitaban en A night at the opera o Jazz. Aquellos que siempre amaron las breves y decisivas intervenciones de Taylor (recordar sino, “I’m in love with my car”, por ejemplo) tienen su perlita en “Say it’s not true”, una bella balada que bien podrían haber cantado Rod Stewart o el mismísimo Mercury. En definitiva: no es Queen. May y Taylor tuvieron al menos la dignidad de añadir el nombre de Rodgers. Es un disco de dos ex Queen que se juntaron a grabar con un cantante que ni siquiera se debe haber planteado la posibilidad de reemplazar lo irreemplazable.

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