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Miércoles, 24 de septiembre de 2008

LA IV FERIA DEL LIBRO ANTIGUO EN EL MUSEO FERNáNDEZ BLANCO

El refugio del papel color sepia

Poemas manuscritos, panfletos, grabados, documentos históricos, mapas y fotografías de Jorge Luis Borges a Juan L. Ortiz pueden, desde hoy, tocarse y admirarse con la intención de quitarles el aire de solemnidad.

 Por Silvina Friera

El festín comienza. Todos los caminos conducen al papel color sepia, preferentemente, con ese aroma que tiene un no sé qué. Algunos ya se frotan las manos con sólo imaginar cómo será la experiencia de acariciar el poema manuscrito que Juan L. Ortiz manchó con mate. En la IV Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, que se inaugura hoy en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco (Suipacha 1422), los libros, manuscritos, panfletos, grabados, documentos históricos, mapas y fotografías se tocan, se manosean, se admiran. Nadie se escandaliza ante el roce de esos dedos traviesos que se hunden en los relieves de la impresión de viejos volúmenes. Al alcance de la mano –aunque no siempre del bolsillo– está el primer Borges, un ejemplar en rústica original de Fervor de Buenos Aires (1923), con la yapa de una corrección manuscrita del autor en el poema “Villa Urquiza”. O Recuerdos de Provincia, de Sarmiento, publicado en Santiago de Chile en 1850, con un retrato del escritor. Los ojos (las manos también) pueden rumbear hacia Anton perulero, periódico satírico del Buenos Aires del siglo XIX –una colección que incluye las 40 ediciones que se publicaron entre diciembre de 1875 y agosto de 1876–, ilustrado con caricaturas de Carlos Clérice y Enrique Stein, y textos de Juan Martínez Villergas (1817-1894), quien mantuvo una resonante polémica con Juan María Gutiérrez y no ahorró duras críticas a Sarmiento.

Pero el autor de Facundo fue ponderado por Richard Francis Burton en Letters from the battle-fields of Paraguay publicado en Londres por Tinsley Brothers, en 1870. Esta rareza, encuadernada en tela azul de editor, incluye una dedicatoria de Burton a Sarmiento: “Ciudadano de las Provincias Unidas del Río de la Plata, alias República Argentina, por uno que admira su sinceridad de propósito y el homenaje que le tributa el progreso”. Organizada por la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (Alada) y la Subsecretaría de Patrimonio Cultural de la Ciudad, la cuarta Feria del Libro Antiguo se podrá visitar en el horario de 14 a 20 hasta el próximo domingo. Alberto Casares, presidente de Alada, cuenta a PáginaI12 que en general la gente se acerca con mucho respeto al libro antiguo, “como si fuera algo sagrado”. “Muchas veces nos preguntan si realmente el libro fue publicado en la fecha que nosotros decimos o si se trata de una copia. Preguntan si están en venta, si son nuestros, si pertenecen a un museo, si se pueden tocar.” Técnicamente, según Casares, los libros antiguos serían los publicados desde la invención de la imprenta, en 1450, hasta el siglo XVII. “Pero en la práctica se podría extender hasta el XIX –aclara el librero–. Son muchos los factores que inciden en la valorización del libro. No sólo la antigüedad. El autor, la imprenta, el ilustrador, el estado de conservación y la encuadernación.”

Cómo dar cuenta del millar de libros sobre distintos temas que ofrecerán las librerías Alberto Casares, Cueva Libros, Librería Anticuaria “Poema 20”, Librería Armando Vites, Librería de Antaño, Librería del Plata, Librería Fernández Blanco, Librería Figueroa, Librería Helena de Buenos Aires, Librería Lord Byron, Manos Artesanas Comunicaciones, Víctor Aizenman, Terra Nova y Librería Histórica Emilio J. Perrot. Quien recorra el museo se encontrará con historias de ciudades europeas en ediciones con grabados del siglo XVII; libros de las primeras imprentas argentinas, como la de Los Niños Expósitos, documentos históricos (de los reyes de España, de San Martín, de Rivadavia) y libros de las vanguardias del siglo XX, “que siendo modernos hoy en todo el mundo son trabajados por los libreros anticuarios por su rareza o valor”, precisa Casares. Y además, primeras ediciones de Girondo, Macedonio Fernández, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Pablo Neruda, Federico García Lorca, Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik.

Armando Vites, anticuario de Rosario, sabe que “el Juan L. Ortiz” manchado con mate es una de las atracciones de la Feria. Se trata de Cuatro poemas (libro y manuscritos en una sola pieza), con los manuscritos del poeta en papel Auvergne Richard De Bas y una ilustración de Orlando Ruffinengo, que pertenece a uno de los cincuenta ejemplares de la edición privada de Federico y Lita Vogelius destinada a sus amigos, impresa en 1973. El libro cuesta 3000 mil pesos. ¿Cómo lo consiguió?, pregunta PáginaI12. “Se lo compré a un amigo en común que tenían Vogelius y Juan L. Ortiz y que le llevaba los papeles en blanco que le dio Vogelius a Juan L. para que con la letrita típica que él tenía los copiara. Cuando el poeta estaba haciendo esta tarea, se le volcó el mate. Entonces lo llamó desesperado para ver que hacía. Esta persona le dijo que no se hiciera problema, que le conseguía otro juego de hojas en blanco, era un papel especial, y se quedó con el manchado con mate para él”, responde Vites, por ahora propietario de esa reliquia. En cuanto al posible comprador, el anticuario rosarino augura que será algún poeta con plata. “Tengo un amigo que lo quiere y hace tiempo que me propone hacer un canje, pero no hemos encontrado una equivalencia.”

Para el devoto de Witold Gombrowicz, Vites tiene reservada una sorpresa: la pieza teatral El casamiento, ejemplar dedicado y firmado por el escritor polaco, publicada en 1948 por Ediciones EAM, a 1300 pesos. Gombrowicz escribió en la dedicatoria: “En recuerdo del pantalón de Husserl, del bolsillo del existencialismo, del fantasma enano, del café con leche”. En el stand del anticuario rosarino también se podrán encontrar manuscritos de Rosas y Lucio V. Mansilla, folletos de época sobre anarquismo y Guerra Civil española, litografías y libros ilustrados por Seoane, Colmeiro y Castelao y primeras ediciones en sus respectivas lenguas de Verlaine, Sartre, Calvino, Pirandello, Pavese y Dickens.

A lo largo de las tres ediciones anteriores, 2004, 2005 y 2007, la Feria del Libro Antiguo conquistó un espacio importante en la agenda cultural de la ciudad. “La feria es una fiesta para el coleccionista; a él está destinada preferentemente, pero desde Alada nos hemos propuesto hacer una suerte de ‘pedagogía del libro antiguo’, para que todos aquellos que no han tenido contacto con este maravilloso mundo puedan hacerlo cómodamente y sin exigencias, en una visita a un solo lugar, donde podrán recorrer muy importantes librerías”, señala Casares. Vites recuerda que Lezama Lima respondió a una encuesta de la Unesco acerca del uso de la radio y la televisión con una pregunta: ¿Quién sacará a las personas de los libros? “En una feria como ésta te das cuenta de que la idea del libro, una caja de tipografía contra un papel en blanco, es la misma de hace 500 años. ¿Cuántos objetos pueden darse ese lujo?”

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Alberto Casares, el organizador, promueve el contacto físico con el libro.
Imagen: Bernardino Avila
 
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