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Miércoles, 28 de enero de 2009

DISCOS › EDICION LOCAL DE PLACAS ESENCIALES DE PAT METHENY

Un revolucionario discreto

Entre 1987 y 1995, el guitarrista y compositor realizó algunas de sus grabaciones más logradas y populares, que ahora vienen a confirmar que pocos han cambiado tanto el sonido de su época y el abanico de elecciones de un género como él.

 Por Diego Fischerman

De las revoluciones estéticas se espera que sorprendan; que descoloquen. Hasta que agredan. Nada peor, para quienes las reivindican, que aquello que resulta fácilmente agradable. Que en la década de 1970, el rock se haya leído, en la Argentina, desde el eje marcado por dos palabras, “progresivo” y “complaciente”, resulta bien claro: lo que tiende al progreso no puede, al mismo tiempo, complacer. Los agudos de un saxo convertidos en grito, en el free jazz, el timbre de la guitarra eléctrica como materia dramática, en Jimi Hendrix, o la explosión eléctrica de Miles Davis, no sólo marcaron el rumbo inmediato sino que enseñaron a escuchar lo que vendría.

La historia, sin embargo, mostró que había habido otras maneras. Que Borges, contando sus historia aparentemente pequeñas y eventualmente fantásticas, había terminado siendo más revolucionario que el tel quel francés, que Hitchcock había cambiado tanto las maneras de filmar –y de contar una historia– como Godard y que Bill Evans, a quien la crítica especializada de la época veía como “un pianista siempre igual a sí mismo, adecuado para musicalizar las aventuras extramatrimoniales de los blancos burgueses”, como escribieron los blancos burgueses de Jazz Magazine, era por lo menos tan renovador como Albert Ayler. Pat Metheny pertenece, precisamente, a esa clase de revolucionarios ocultos. Aun en su “complaciente” grupo junto a Lyle Mays, pocos han cambiado tanto el sonido de su época y el abanico de elecciones de un género como él. Hoy no hay guitarrista que no parta por lo menos de la posibilidad de esas frases tan veloces como angulares, que se resisten al recorrido lineal de las escalas. Hoy a nadie sorprende la utilización en un contexto jazzístico de rasguidos traídos desde el folk norteamericano, la superposición de patrones acentuales latinoamericanos o la incorporación del universo armónico y rítmico de Milton Nascimento. De la misma manera en que la concepción melódica de un solo y esa voluntad de ligar entre sí notas que casi no tienen duración, es en la actualidad moneda corriente. Y, es obvio, nada de eso existía antes de la llegada de Pat Metheny.

Entre 1987 y 1995, este guitarrista que debutó como solista a los 21 años en uno de los mejores discos en trío que se hayan grabado jamás –Bright Size Life, junto a Jaco Pastorius y Bob Moses– y que comenzó su carrera como integrante del extraordinario cuarteto de Gary Burton, grabó varios discos para un sello hoy desaparecido, Geffen. Ese universo, en que se encuentran algunas de sus grabaciones más populares –y también más logradas–, estaba virtualmente desaparecido de la Argentina. Warner, propietaria de Nonesuch –el sello actual de Metheny–, ha encarado, afortunadamente, la edición local de estos títulos. Hasta ahora, se consiguen los históricos Still Life (Talking) (1987), Letter fron Home (1989), The Road to You (1993, grabado en vivo en Europa y con Pedro Aznar como parte del grupo), Quartet (1996) y We Live Here (1995).

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La guitarra en el jazz cambió radicalmente con la llegada de Pat Metheny.
 
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