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Miércoles, 20 de mayo de 2009

DISCOS › THE ALBUM, EL NUEVO DISCO DE WILCO

Un monumento a la canción

La banda estadounidense sigue demostrando un instinto notable para entregar melodías construidas con noble artesanía, que dificulta la elección de una favorita. Quizá sea hora de que alguien se anime a traerlos a la Argentina.

 Por Eduardo Fabregat

Para Wilco, las cosas nunca vinieron servidas en bandeja. Nacida de las cenizas de Uncle Tupelo, la banda que encabeza el guitarrista y cantante Jeff Tweedy vivió en quince años de vida toda clase de circunstancias, éxitos, cambios y tropezones que no hicieron más que traducirse en una obra magnífica y sutil, tanto como para a menudo confundir su Illinois natal con Londres o Manchester. Basta decir que en 2000, cuando el grupo ya había llamado poderosamente la atención de la prensa con AM, el doble Being there, Summerteeth y el homenaje a Woody Guthrie Mermaid Avenue, el sello Warner se mostró más que reticente a editar Yankee Foxtrot Hotel, considerándolo “comercialmente poco viable”.

Las tensiones resultantes provocaron la partida del guitarrista Jay Bennett, pero Wilco resolvió la situación saliendo a tocar, mostrando ese material que finalmente vio la luz por el sello Nonesuch: para disgusto de más de un ejecutivo, ese fue el gran salto de Wilco, desde entonces banda indiscutida y casi siempre disfrutable. Es por eso que, tras los excelentes resultados de Sky blue sky en 2007, hay tal expectativa por “el nuevo de Wilco”, tanta como para que, a un mes y medio de la fecha programada para su lanzamiento, ya se haya filtrado en Internet, llevando al grupo a considerar la posibilidad de colgarlo en su sitio gratuitamente. Está claro que para ellos las “reglas del negocio” son un aspecto secundario: lo esencial es la música.

Y vaya si es esencial lo que suena en The Album, la soberbia colección de once canciones presentada con la foto de algo tan extraño como un camello en un balcón, con un bonete en la cabeza. Pero en esas jorobas que dibujan la W se termina toda rareza: el sexteto que completan el guitarrista Nels Cline, los tecladistas Pat Sansone y Mikael Jorgensen, el bajista John Stirratt y el baterista Glenn Kotche acaba de construir, como si nada, un monumento a la canción, con cumbres del tamaño de “You and I”, donde Tweedy se trenza en un dueto delicioso con la canadiense Feist; la preciosa “One wing”, que va de la melancolía al rock de estadio, o “You never know”, que parece salida del libro gordo de George Harrison y a la vez tiene su propia identidad.

El “problema” es que a la hora del recuento se descubre que destacar una canción sobre otra es un acto de injusticia. El amante del rock de noble artesanía sabrá encontrar en cada tema su propia perla, sea la enérgica apertura de “Wilco the song”, la dulce “Country disappeared”, la pegadiza (que no es lo mismo que pegajosa) “I fight” o la marchosa “Bull Black nova”. Simplemente hay que decir que, entre cuerdas, teclas y delicadas armonías vocales, Wilco (que el sábado arranca una gira en España: ya es hora de que alguien los traiga) entrega otro de esos discos que hay que salvar en la inundación. Con camello o sin él.

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Desde 1994, Wilco sostiene una carrera sin puntos bajos.
 
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