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Sábado, 29 de abril de 2006

DISCOS › PAGINA/12 PRESENTA DESDE MAÑANA “POR QUE... POR QUIEN”, OBRA FUNDAMENTAL DEL VIOLINISTA

Don Sixto Palavecino, el maestro

Acompañado por invitados como León Gieco, Peteco Carabajal, Alfredo Abalos, Elpidio Herrera y Jacinto Piedra, el músico santiagueño se luce en un CD que es un manual de santiaguidad.

 Por Karina Micheletto

“Don Sixto Palavecino, gato escondido de amor, cuando escucho tu violín, Santiago es como una flor”, le cantó su amigo León Gieco. Músico y compositor autodidacta, con 91 años cumplidos hace poco, Don Sixto tiene una obra que hoy es símbolo de identidad. La mayoría de sus temas son “overitos”, como él los llama: una mezcla de quichua y español que va abriendo a los oídos una lengua oficialmente prohibida en el pasado, y, de paso, una cultura que el violinista decidió salir a defender con su música. Página/12 presenta con su edición de mañana su disco Por qué... por quién, que cuenta con invitados como León Gieco, Peteco Carabajal, Alfredo Abalos, Elpidio Herrera y el fallecido Jacinto Piedra, en una reedición auspiciada por el gobierno de Santiago del Estero.

Editado en 1984 (y en los últimos tiempos inhallable), el CD recorre chacareras, gatos y escondidos guiados por el sonido contundente del violín de don Sixto. Ya desde el comienzo, el repertorio es una declaración de principios: antes de largar la primera chacarera, La chimpa machu (La del lado viejo en quichua), de origen popular, Don Sixto conversa en ese lenguaje con su paisano Tomás Abendaño, oriundo de Salavina. Más adelante, presenta a los Hermanitos Coronel –santiagueños, por supuesto– y les canta la chacarera Changuitos de mi tierra. En temas como Entre mieles y mieles exhibe una habilidad ponderada por los violinistas: canta a dúo con su instrumento.

En el CD se lucen Elpidio Herrera con su sachaguitarra atamishqueña (un invento suyo que combina sonidos de charango, guitarra, sikus y violín, bautizado así por sugerencia de Don Sixto), Rodolfo Maldonado y Rubén Palavecino (hijo de Sixto y compositor) en guitarra. Y hay dos momentos especiales: Jacinto Piedra, que por entonces recién comenzaba a ser conocido en el folklore, graba su aire de chacarera Te voy a contar un sueño, un tema que alcanzó gran difusión y que luego formaría parte del repertorio de M.P.A. Junto a Palavecino y Jacinto Piedra están Hugo Casas (director artístico del disco), Peteco Carabajal y Daniel Homer. En el final, una grabación en vivo de la chacarera Dimensión de amistad (de autoría de Sixto y su hijo), con Gieco como invitado.

Sixto Palavecino nació el 31 de marzo de 1915 en Barrancas, departamento de Salavina, Santiago del Estero. Quichuista, cantor, poeta y músico autodidacta, a los nueve años fabricó su primer violín con las maderas de una mesa rota que moldeó con un cuchillo. Desde entonces toca ese instrumento, y se anima con el bandoneón, la guitarra y el bombo. El se define como un “violinisto sachero”, diferenciándose con respeto de los músicos académicos. Es autor de unos trescientos temas que recién comenzó a registrar en 1966, cuando tenía 50 años y grabó su primer disco. Tocó con Chico Buarque, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Milton Nascimento, Pete Seeger, y fue uno de los músicos rescatados por Gieco en De Ushuaia a La Quiaca. Tras ocho años de trabajo, logró traducir al quichua el Martín Fierro, publicado en una edición bilingüe.

Su trabajo por el rescate, conservación y difusión de la lengua quichua lo llevó a fundar El alero quichua santiagueño, una institución cultural que tiene un programa de radio que Don Sixto preparó cuidadosamente por años. “Vengo respirando el idioma desde el vientre de mi madre”, explicó alguna vez. “Mi primera palabra fue en quichua, y de ahí que mis pensamientos y expresiones sólo fueron en esta lengua. Me di cuenta de que no sabía hablar castellano cuando un día de escuela el maestro necesitó un traductor para entender mi respuesta a su pregunta. Le había contestado en quichua, mi lengua de todos los días. Pronto me impuse la meta de su defensa a través de la palabra, el canto y la música.”

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El disco, editado en 1984, era una perla inhallable.
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