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Miércoles, 14 de mayo de 2014

DISCOS › EVERYDAY ROBOTS, “PRIMER” DISCO SOLISTA DE DAMON ALBARN

Posmodernismo, pero emocional

Aunque ya publicó un par de álbumes con su nombre, éste es el primero en que el líder de Blur y Gorillaz graba canciones. Y aunque plantea discordia contra ciertos usos y abusos de la tecnología, buena parte está armado con loops, programaciones y sintetizadores.

 Por Luis Paz

Hace cuatro años, Damon Albarn publicó Plastic Beach, el mejor disco de Gorillaz y uno de los veinte más representativos del rock de este milenio, a la vez que ópera pop trash acerca de un mundo ¿distópico? aquejado por la polución y la devastación, la codicia y la alienación. Everyday Robots es el primer CD en solitario del cantante de Blur y papá mono de Gorillaz, sin contar los de música étnica (Mali Music) y sonidos incidentales para ópera (Doctor Dee). Y aunque el revestimiento no sea brillante, le cabe lo mismo en forma (obra conceptual) y en contenido (el posmo, acá emocional).

Everyday Robots no es, a las claras, la crítica más inteligente o filosa hacia la sociedad. En absoluto. Sus apreciaciones sobre los humanos como robots dentro de autos, dentro de autopistas, o acerca de la paranoia de la hostilidad permanente a causa de los videojuegos, son bastante obvias. Tampoco es ni un disco indispensable ni uno divertido. Es sencillamente un disco interesante porque viene a proponer, a “ponerse de pie para señalar algo que está mal sin pedir sangre para remediarlo”, como pidió Pete Townshend del rock. Un álbum de canciones enrevesadas, como lo son todas las suyas desde que su composición es adulta, o sea desde el disco Blur.

Lo dicho, acá el uso de las palabras no es fenomenal. Tampoco lo fue en Blur ni en Gorillaz. De hecho, uno de sus estribillos más memorables dice: “El vive en una casa, una casa muy grande en el campo”, y es de “Country House”, de Blur. Pero en los discos de Blur y en Gorillaz como obra, hubo conceptos y criterios bárbaros. También acá: es curioso que incluso en esta discordia contra ciertos usos y abusos de la tecnología, buena parte de Everyday Robots esté armado con loops, programaciones y sintetizadores.

Esa gracia, que por montarse a ellas entierra un poco las obviedades, se manifiesta fuerte en “Lonely Press Play”, el tercer tema. El que da nombre al disco y “Hostiles”, aunque den la pauta del espíritu crepuscular, entre nostálgico y angustiado, del disco, son una puesta algo poética de lo que más o menos todos se quejan sobre la tecno-alienación. Pero en esa tercera pieza, cuando reconoce que esa innegable necesidad está aparejada al violento sentimiento de soledad de parte del planeta (“Si estoy solo, presiono play”), la cosa se pone seria y sigue así, salvo por “Mr. Tembo”, dedicado a un elefantito bebé e interpretado con un coro pentecostés.

De ese tren, “The Selfish Giant” es la locomotora, la canción más bella del disco y el punto más resistente de la crisálida, justo antes de que en la segunda vuelta de Everyday Robots la mariposa despliegue alas. Y “You and Me” todo el convoy ferroviario: un tema de siete minutos que en verdad es la unión de dos (“You” y “Me”, precisamente) y tiene esa inecuación de que “el costo del glamour es la distancia entre ambos”, superlativa marca de que este androide, ese “Yo”, sostiene su soledad como férrea política.

“Hollow Ponds”, que pasea por lugares y fechas clave de su vida, cual “In My Life” beatle, es la rúbrica definitiva de este disco introspectivo, que no en vano es presentado como el primer disco “solista” de Albarn. Lo es en lo más hondo de sus surcos digitales. Como dice por el final, luego de “Photographs” (la menos obvia de las canciones ídem), en “The History of a Cheating Heart”: la historia de su corazón está expuesta. Aquí, sobre un fondo predominantemente electrónico, cristalino, casi mecanizado, con técnicas de producción dub y algo de Radiohead y de Nine Inch Nails, y de Brian Eno, que suma su voz en la canción final, “Heavy Seas of Love”.

¿Hits? ¿Quién los necesita? Al menos no Damon Albarn, a quien en este plan le basta con algún enchufe donde recargar un corazón algo maltrecho.

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Albarn no grabó un disco indispensable o divertido, sino uno interesante.
 
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