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Martes, 14 de febrero de 2006

TELEVISION › EL “REAL TIME” PRODUCE UNA NUEVA LOGICA EN LOS CICLOS EN VIVO

Cómo cambiar los programas con el correr de los minutos

Algunos productores prefieren relativizarlo, pero lo cierto es que la medición instantánea del rating ya se convirtió en otra herramienta, en un medio siempre sensible a todo recurso que permita sumar algún puntito.

 Por Emanuel Respighi

Aunque productores y programadores se esfuercen en subrayar que la llegada a la TV argentina del “real time”, el flamante sistema de medición de audiencia minuto a minuto, no cambió demasiado su trabajo cotidiano, algunos extraños movimientos en la pantalla chica dejan traslucir que el nuevo “juguete” empezó a hacer su trabajo sucio. De hecho, se puede hablar de que el rating al instante ya dejó su primera víctima, cuando Pepe Cibrián no pudo ser entrevistado en Grandiosas debido a que, como los datos de audiencia indicaban que el rating subía, la producción decidió extender la explicación que una nutricionista daba sobre los mitos y verdades de las dietas para adelgazar y dejar sólo algunos minutos para el reportaje al director y productor musical, cuestión que Cibrián no aceptó y se fue enojado del estudio (ver aparte). Pero no se trata de un caso aislado: Miranda! tuvo que repetir un tema cuando fue invitado a Almorzando con Mir- tha Legrand porque la audiencia se incrementaba; en una de las galas de Operación triunfo los productores decidieron que Hilda Lizarazu, una de las jurados del programa, evaluara fugazmente a tres chicos a la vez porque el rating bajaba. Incluso, hay quienes hicieron más explícita la utilización del nuevo Dios, como cuando Luis Ventura le dijo al aire a Facundo Arana, mientras lo entrevistaba en Intrusos, que tenían que seguir con el reportaje porque “el minuto a minuto sube sin parar”...

Si desde hace tiempo la televisión se convirtió en un campeonato en el que todo vale para estar lo más arriba posible, la llegada del “real time” reforzó aún más esa línea de conducta impuesta por programadores y productores. Es que ahora ya no basta con lograr un punto más de rating a cualquier costo (metiendo a una persona en un horno a más de 300 grados de temperatura, dejando que un participante se prenda fuego el pelo de su cabeza y otras lindezas), sino que el productor del siglo XXI debe estar atento a lo que sucede minuto a minuto con el público del programa, con los sentidos en alerta para levantar un reportaje que no mide o extender un debate que acumule gente. Sin importar el respeto por la audiencia, los horarios, los invitados o la rutina.

A poco más de dos meses de haberse implementado el sistema, Página/12 consultó a productores y programadores acerca de cómo es la vida en el mundo de la TV desde la llegada del “real time”. “Es sólo una herramienta más de evaluación”, disparan, palabras más, palabras menos, ante la consulta de Página/12 sobre qué hábitos y costumbres televisivas modificó el sistema, menospreciando el valor en las decisiones del nuevo “juguete”. Sin embargo, no deja de llamar la atención por qué, entonces, todos los canales y programas siguen contratando el sistema a Ibope y pagan el doble de dinero de lo que antes abonaban por el servicio tradicional overnight. Pero queda un aliciente: lo peor, aún, está por venir, cuando en marzo comience la temporada televisiva fuerte.

Lo primero que hay que señalar es que, si bien todos los canales tienen contratado el sistema, cada programa elige su propia manera de ponerlo en práctica. Los datos del minuto a minuto se transmiten en bloques de 60 segundos que son recepcionados a través de una terminal insertada en un celular, una laptop o una palm. Por lo general, el servicio les llega a los gerentes de programación y a algún productor del ciclo. “Nosotros –explica Oscar Obregón, coordinador de producción de De 9 a 12 y De 6 a 7, por el 9– tenemos un par de productores que están monitoreando el minuto a minuto, pero evitamos que esa gente tenga contacto con el piso porque si no sería una locura. Los conductores no tienen contacto de las mediciones. A lo sumo en los cortes.” En la misma línea, Pablo Martins, productor general de Grandiosas, señala que el servicio no les llega ni al control ni al piso. “Lo tenemos –dice– en Promofilm y en una oficina de producción del canal. De ahí se toman las decisiones.”

En América, en tanto, hubo dos etapas de “real time”. “En un principio –detalla Juan Parodi, gerente de programación del canal– sólo yo tenía el sistema. Era una locura, porque no sólo monitoreaba en la compu de la oficina sino también cuando llegaba a casa a través del celular. Era adictivo. Por eso, después decidimos ponerlo en los controles.” Ahora bien, ¿quiénes son los que finalmente toman las decisiones sobre qué contenidos deben seguir y cuáles no, según los datos que suministra el minuto a minuto? “Todos tienen libertad de usarlo”, apunta Parodi, quien maneja la pantalla con más programas en vivo del país. “Fundamentalmente, utilizamos mucho el sistema en Intrusos y en RSM, para los móviles y las entrevistas.” Por su parte, Martins cuenta que “los primeros días me volvía loco y llamaba a programación para cualquier cosa, hasta que te acostumbrás: uno no puede pasarse todos los días de su horario prefijado porque te tiran la bronca”.

Lejos de lo que suponían en un primer momento, los productores detallan que el real time está muy lejos de ser la panacea del productor. “En el arranque –confiesa Parodi–, la locura es inevitable. Es el chiche nuevo. Pero cuando entrás en el sistema y empezás a conocerlo mejor, te das cuenta de que tiene muchas fallas.” ¿Cuáles? “El sistema –detalla– tiene un retraso de dos minutos en enviar la información, por lo que el dato no es realmente inmediato con lo que aparece en pantalla. Además, los primeros cinco datos de audiencia son provisorios (están tomados sobre 600 aparatos), recién el sexto recolecta la totalidad de los aparatos, lo que puede cambiar la tendencia. Con otro agravante: el ‘real time’ está instalado en 700 aparatos y el total del rating se mide en 810. O sea: no puede ser información certera aquella que sufre posteriormente dos modificaciones.”

Aun con estas licencias respecto de la veracidad del sistema, lo cierto es que el “real time” es el nuevo parámetro de la industria. Un sistema que flexibilizó las viejas y rígidas estructuras televisivas, aun cuando todos se encargan de señalar que la esencia del trabajo es la misma ahora que antes. “Se sigue trabajando de la misma manera. Lo que puede ocurrir es que por estirar un bloque te quede luego algo afuera, cosa que antes también podría ocurrir por darle cabida a la intuición. La diferencia es que la decisión de qué contenidos dejar y cuáles suprimir tiene un contenido más racional que intuitivo”, detalla Obregón, que cuenta que cuando él era subgerente de noticias de Telefé también se fijaban qué cosas funcionaban grabando los envíos y mirándolos días después con las planillas de rating en mano.

En tal sentido, el magazine De 9 a 12 fue el programa que mejor resolvió la llegada a la TV local del “real time”, blanqueando la situación con mucho humor: dentro del programa que conducen Chiche Gelblung y Maby Wells tienen un personaje llamado El fantasma del minuto, que cuando el minuto a minuto marca una baja de la audiencia interrumpe abruptamente en pantalla para “retirar” de cámaras a quien en ese momento se encuentre al aire. Un guiño un tanto en broma, otro tanto en serio, que por ahora sólo tiene jurisdicción sobre los columnistas estables del ciclo, aunque no sobren los invitados.

Si bien todos acuerdan que los contenidos se siguen manejando con criterio periodístico, también todos reconocen que el mayor uso que se le da al “real time” es para definir la duración que cada contenido, bloque, entrevista o sección tendrá al aire. ¿Marca el “real time”, entonces, el fin de la rutina realizada previamente por la producción? “La rutina se mantiene”, dice Martins. “Lo que pasa es que antes la duración de una entrevista estaba dada por las sensaciones que el productor tenía de la gente de la tribuna, de los técnicos o de la mayor o menor atención de las personas en el control. Igualmente, el minuto a minuto lo usamos más para estirar que para cortar. A veces el rating no da tan bien, pero no sacás lo que está al aire inmediatamente. Lo más complicado es quitar algo del aire si el ‘real time’ te dice que funciona cada vez mejor.”

Claro que no siempre el poder de decisión respecto del uso del “real time” lo tiene el productor o el programador. “Depende mucho –detalla Parodi– del peso de los conductores: a Mirtha Legrand, por ejemplo, no es para nada fácil imponerle algo.” El directivo reconoce que en las últimas semanas les funcionó muy bien entrevistar a Facundo Arana (“Es un tipo que siempre levanta el rating”) y a la Tota Santillán por el problema que tuvo con Transformaciones. “Y también mide muy bien Humberto Tortonese en la sección de Pasando revistas de RSM. Desde ese día, en vez de repasar dos revistas, repasa casi toda la industria editorial...”, desliza. ¿Cuál es el límite, entonces, de una herramienta que puede servir tanto para hacer bien como el mal? “El límite –concluye el directivo de América– lo pone uno. El otro día, por ejemplo, el minuto a minuto me decía que Informe central estaba por encima de los 7 puntos y yo sabía que la película que venía detrás no iba a medir tanto. Podía hacer seguir a Informe central por una hora más, pero sólo lo hice continuar 15 minutos. Me quería matar... Pero no podía perjudicar a los televidentes.”

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La presentación del sistema abundó en frases celebratorias, pero el “real time” está produciendo vicios discutibles.
 
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