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Martes, 20 de marzo de 2012

TELEVISION › JUAN DI NATALE Y GUILLERMO LóPEZ, ANTE EL REGRESO DE CQC

“Podemos arruinarlo, pero eso no está en nuestros planes”

Por primera vez en su larga historia, el ciclo será conducido por dos “hombres de negro”. La decimosexta temporada encuentra al ciclo periodístico-humorístico de regreso en la pantalla de América, allí donde comenzó su fértil recorrido.

 Por Emanuel Respighi

Uno es alto, pelado y suele estar sonriendo la mayor parte del tiempo. El otro es de estatura mediana, canoso y transmite una seriedad que inhibe. El primero cultiva un humor basado en la seducción y la repentización del chiste cómplice y popular. El otro conformó una carrera a fuerza de una personalidad contenida, analítica, pero punzante a la hora de emitir comentarios. Uno pasó años como cronista callejero y después de mucho “remarla” tuvo su ascenso. El otro siempre se sentó detrás del escritorio y es el único de los históricos que sigue formando parte del programa. Son Guillermo López y Juan Di Natale, la dupla que desde mañana se pondrá al frente de Caiga quien caiga, el clásico ciclo que en su decimosexta temporada regresará a la pantalla de América –donde tuvo su bautismo de fuego en 1995–, con emisión los miércoles a las 22. En el derrotero del periodístico-humorístico (¿o a esta altura la definición más ajustada para CQC es la de humorístico-periodístico?), el regreso a la pantalla originaria se combina, además, con la novedad de que ya no serán tres los conductores, sino que el escritorio estará ocupado por sólo dos personas.

Entre el recuerdo ¿edulcorado? de un ciclo que revolucionó el periodismo televisivo y la transformación de un programa que se fue adaptando a los cambios sociales y mediáticos: en ese exacto lugar se ubica hoy CQC para quienes transitaron del mundo adolescente al adulto en los últimas dos décadas. El programa, que nació como la respuesta rebelde y adolescente a la impunidad y ostentación menemista, ahora se presenta a los ojos de sus históricos televidentes como una versión más “blanda” de aquélla. ¿Es realmente así? ¿CQC fue perdiendo, efectivamente, su mirada crítica con el paso del tiempo? ¿O tan sólo ésa es la percepción de aquellos televidentes –con trabajos estables e hijos a cuestas– que maduraron a un ritmo más acelerado que el que tuvo el programa? ¿CQC dejó de ser contestatario? ¿O el ciclo de Eyeworks Cuatro Cabezas sigue vehiculizando en las nuevas generaciones las mismas necesidades que tenían quienes lo vieron nacer? Estas son algunas de las preguntas a las que el más nuevo y el más longevo de los conductores se prestaron a contestar o, al menos, analizar, en la frontal entrevista con Página/12.

“No somos como el agua y el aceite: aunque somos muy diferentes, creo que podemos mezclarnos, algo que el agua y el aceite no pueden”, se adelanta Di Natale, al consultarle sobre sus diferencias. “No nos imaginamos chocar en pantalla”, arriesga el canoso. “En todo caso, si esos choques ocurren, creemos que serán artísticos, lo que en un punto puede ser muy enriquecedor. Vamos a explotar nuestras diferencias como un elemento más para jugar. Estamos espalda contra espalda y contra todos.” Por su parte, López (que también conduce Antes que sea tarde, por América, de lunes a viernes a las 20.30) cree que “la diferencia de perfil vuelve atractiva a la dupla, ya que nos permite complementarnos, en un código de humor que por haber nacido el mismo año (1969) nos da la posibilidad de conectarnos sin mayor dificultad”.

–El hecho de cambiar de pantalla y volver a América, el canal de emisión original del programa, ¿incrementa la cuota de adrenalina o no tiene mayor influencia en un formato tan longevo como el de CQC?

Juan Di Natale: –Para los dos conducir en TV es un laburo y es lo mejor que pudimos encontrar para ganarnos la vida sin “trabajar”. Cada comienzo de temporada implica una cuota de adrenalina e incertidumbre. Yo siempre tengo la duda de si eso que funcionó durante quince años, en este caso, va a volver a funcionar esta vez. El cambio de canal y el esquema de conducción implica una incertidumbre extra. Pero a la vez estamos muy confiados. Sabemos que lo que tenemos entre manos es un clásico de la TV, con una gran producción. Sólo podemos arruinarlo. Pero no está en nuestros planes hacerlo.

–En estas quince temporadas, el programa fue evolucionando. Nació en la segunda mitad del menemato como un ciclo periodístico humorístico, donde la materia prima era desnudar a la clase política. Con el tiempo, CQC se convirtió en un ciclo más humorístico que periodístico, con muchas notas de color sobre el mundo artístico. ¿A qué le atribuyen esa transformación?

J. D. N.: –La respuesta a esa evolución del formato tiene tres aristas: CQC acompañó los cambios televisivos, las transformaciones sociales y mutó en función de las necesidades del formato, para mantenerse fresco y seguir estando vigente. La primera etapa de CQC, durante el segundo menemismo, claramente expresó el malestar social sobre la frivolidad de la clase política y la corrupción que caracteriza al “noventismo” cuando se lo define desde el siglo XXI. Después, me parece que la sociedad argentina pasó por una etapa de fuerte descreimiento de la clase política y es ahí donde entró con mayor fuerza en el formato el color y el espectáculo, que siempre estuvo presente, de todas maneras. Si uno repasa los primeros años de CQC, el espectáculo estaba presente con los viajes a Hollywood, con lo cual nunca estuvo ajeno. El balance entre la política y el espectáculo fue cambiando temporada a temporada, pero también programa a programa: la actualidad de la semana te marca los contenidos. A veces hay semanas en las que es muy difícil encontrar a un político que quiera dar la cara para hablar sobre cualquier tema y otras en las que están todos en busca de micrófono. De la misma manera, hay semanas en las que tenés cinco eventos de espectáculo que son muy fuertes... No es una respuesta tan simple la que explicaría la evolución del ciclo.

Guillermo López: –Creo que, en lo personal, haber generado tan buena empatía con todo el medio artístico nos abrió la posibilidad de sumar nuevas secciones, como el “CQC test”, el “Trabajo forzado” o “Un Chino”, que ampliaron la posibilidad de sumar personajes de color dentro del programa. Pero nunca dejamos de tener notas sobre política, como el “Proteste ya” o los informes sociales de Diego (Iglesias). Siempre hubo un balance.

–El riesgo de ese cambio es que se pierda la esencia. CQC nació con un espíritu crítico, que lo fue posicionando como pionero televisivo en ese rubro, y en los últimos años las notas de espectáculos son “de color”, no parecieran conservar esa visión “crítica”.

G. L.: –Yo fui televidente de la primera etapa de América y fui notero del ciclo en los últimos diez años. Mi intención siempre fue encontrar un punto para hacer lucir al entrevistado, haciéndole la segunda para generar un segmento divertido. Después, si la crítica surgía se hacía, pero dentro de ese código. Creo que está bien que en los informes y en los temas sobre política el ciclo vaya más al choque, y con las figuras no está mal generar un vínculo más divertido. El espectáculo dentro de CQC suma más en el humor: que (Adrián) Suar, siendo gerente de El Trece, me reme notas a mí cuando el ciclo va por Telefe, le suma al ciclo. No sé hasta qué punto me interesa ir a criticar desmedidamente a un artista, que mal o bien tiene la intención de hacer un trabajo. Aunque es cierto que con tipos como Ricardo Darín hubo situaciones que parecían más una sitcom. Ojo: también le hemos dicho todo tipo de barbaridades a Susana Giménez o a (Marcelo) Tinelli.

J. D. N.: –Yo disiento en el punto en el que el programa haya perdido en este camino su mirada crítica.

–¿No concuerda con que la mirada crítica no está presente en las notas de espectáculos, donde el tono se relaja y no hay otra misión que la humorística?

J. D. N.: –En esas notas hay un cambio de tono, otra onda, que me parece que enriquece al programa. También pasó que después de tantas temporadas en el aire, nuestros cronistas tuvieron que ir desplegando estrategias nuevas. El político que inocentemente se prestaba a un contacto con nosotros en los primeros temporadas, después ya sabía con qué preguntas se iba a encontrar y hasta era consciente de que el programa le podía servir en función de su imagen, en la medida en que podía utilizarlo bien. El duelo entre nuestra producción y el entrevistado es sobre para quién sirve más ese contacto. La forma que encontró Guillermo para trabajar las celebridades es en ese contexto. ¿Cómo encontrás una forma nueva de relacionarte con los entrevistados para, además, no perderlos? Porque a esos mismos entrevistados probablemente el programa los necesite en el corto o mediano plazo.

G. L.: –Por ejemplo, “Un Chino” nació en función de pensar qué más podíamos hacer con Darín para no repetirnos, después de tantas notas. Y le propusimos ese juego ante el estreno de Un cuento chino, pero sin pensar jamás que se iba a convertir en una sección.

–¿Sienten que desde algunos sectores se le exige a CQC un tono de crítica mayor al que para ustedes debería tener?

J. D. N.: –Me parece que sí. Hay una exigencia para con CQC que es mucho mayor a la media de la TV argentina. CQC tiene una exigencia extra. Esto habla bien de nosotros, en un sentido: se nos exige más porque le habremos dado a la TV argentina un poco más de lo que otros programas le dieron. Pero a veces ese alto umbral de exigencia no debería perder de vista que somos un programa de TV, que estamos al aire para entretener, con las diversas herramientas que el entretenimiento televisivo tiene. Pero no más que eso. Más allá de que efectivamente hayamos logrado cosas como producción que modificaron la vida de la gente, en más de un aspecto.

–La exigencia está dada desde la revolución periodística televisiva que generó el ciclo en los ’90 y la posterior evolución que tuvo.

J. D. N.: –Pero creo también que es una exigencia de nicho. Efectivamente hay televidentes que vieron el programa desde el año ’95, pero también hay muchos que no vivieron esa época y que no conocen cómo era el programa. Creo que, de todas maneras, nadie hizo el ejercicio de ponerse a ver esas primeras temporadas y ver qué tanto más agudo, filoso y violento era el programa del que es hoy. Y, en realidad, se van a encontrar con que eso que parece tan diferente no lo es tanto. Tiene que ver con que uno recuerda a la propia adolescencia como un mundo mítico y lleno de un montón de cosas que hoy han perdido un poco el brillo. Además, se van a encontrar con un programa, como pasa cuando uno ve La noticia rebelde en Volver, que tiene un timing totalmente diferente al de hoy. Y tal vez comparando producto televisivo contra producto televisivo sea mejor el actual que el de hace quince años. Eso que en otro momento te pareció revolucionario quizá hoy te parezca aburrido.

–Pero más allá de la composición que uno se haga del pasado, es cierto que en los ’90 cada envío de CQC comenzaba con la noticia política de la semana, y en los últimos años suele hacerlo con notas de color sobre el mundo artístico. Es una declaración de principios.

J. D. N.: –Hacemos un programa de televisión que no sale por una señal exclusiva. Estamos en un canal de aire y tenemos que competir con los demás. Y lo hacemos con lo que a nuestra producción le parezca que es lo más adecuado para cada momento de la noche. Y si en términos estratégicos era conveniente arrancar con “Un chino”, como sucedió el año pasado, es lo que hay que hacer. No siento que nos estemos traicionando por eso. El “Proteste ya”, el informe social o la nota de política también están, aunque 20 minutos más tarde. Si uno quiere ver esas secciones se tiene que quedar viendo todo el programa y no sólo los primeros 15 minutos. Tenemos que competir, y lo hacemos con las mejores maneras que creemos posibles.

–¿Creen que la definición que mejor le calza a CQC es la de periodístico-humorístico?

J. D. N.: –Yo diría que es la de humorístico-periodístico. El objetivo es el humor y el discurso periodístico es un recurso.

G. L.: –Es un programa de humor donde hay logros periodísticos muy buenos y que no se encuentran en ningún otro ciclo de la TV argentina.

Esa pasión por el micrófono

Así en la tele como en la radio. Además de la pantalla chica, López y Di Natale hacen lo suyo en la FM. El pelado conduce, junto a Alejandra Salas, desde hace tres temporadas Ranking Yenny, de 9 a 13, en la Cien (FM 99.9). “Querían que hiciera un programa diario, pero no me daban los tiempos, por lo que propuse hacer radio los sábados y me sumaron al ciclo, que ya estaba al aire. Le fuimos introduciendo algunos cambios y, por suerte, fueron bien recibidos por los oyentes, al punto de que es uno de los ciclos más escuchados de la franja”, cuenta López, que desde hace una década conduce ciclo propio, en temporada estival, en la radio que Juan Alberto Badía tiene en Pinamar. Por su parte, Di Natale se mantiene al frente de Day Tripper, que en su decimoquinta temporada volvió al horario clásico del ciclo de la Rock&Pop (de 13 a 16). “El programa sigue siendo el mismo, pero con algunos cambios. Se incorporó Damián ‘El Arabe’ Ramil y dejó de ser parte Fabio Alberti, manteniéndose Mariana Briski y Diego de la Sala. Son cambios que tienen que ver con renovar un ciclo que tiene muchos años al aire”, confiesa Di Natale. En un año radial movido, Rock&Pop transita por la primera temporada sin Cuál es?, el histórico ciclo de Mario Pergolini, y la extraña incorporación de Mariano Closs y su tira deportiva en formato diario. “El alejamiento de Mario representa el cierre de una etapa gloriosa de Rock&Pop, pero al mismo tiempo fue una decisión totalmente respetable. Creo, también, que se ha trabajado para demostrar que Rock&Pop está viva y sigue siendo la radio donde el rock vive. Creo que pocas FM tienen una programación de las figuras de jerarquías que tiene Rock&Pop, como Gillespi, Elizabeth Vernaci, Clemente Cancela, Eduardo De la Puente, Alfredo Rosso, Bobby Flores, César Fuentes... Es el staff de rock más calificado de la radiofonía argentina”, puntualiza. ¿Y Closs, transmitiendo partidos de fútbol, cómo encaja? “Es un Frankenstein, es verdad, pero la verdad es que Mariano (Closs) es el número uno en relato de fútbol y marca la agenda futbolística del día. Es una apuesta rara para Argentina, pero afuera es más común que las FM transmitan fútbol. Tal vez sea una nueva revolución que la Rock & Pop deba encarar, en otra etapa de su historia, de acuerdo con los cambios tecnológicos y culturales que se están dando”, arriesga Di Natale.

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“A veces hay semanas en las que es muy difícil encontrar a un político que quiera dar la cara para hablar sobre cualquier tema.”
Imagen: Sergio Goya
 
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