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Martes, 17 de diciembre de 2013

TELEVISION › MIS AMIGOS DE SIEMPRE, LA NUEVA FICCIóN DE POL-KA

Un costumbrismo palermitano

La telecomedia que emite El Trece narra la historia de un grupo de amigos de la infancia que se reencuentra para evitar el remate del club de barrio en el que se conocieron. Sin embargo, se percibe artificialidad en la construcción de algunos personajes.

 Por Emanuel Respighi

Un costumbrismo palermitano: ésa es la sensación que dejaron los primeros capítulos de Mis amigos de siempre, la telecomedia que desde hace un par de semanas El Trece emite de lunes a viernes a las 22. Si durante buena parte de los ‘90 Pol-ka supo renovar el aire televisivo a fuerza de historias de corte costumbrista, con Gasoleros y Campeones como estandartes, la flamante ficción parece querer volver a transitar por ese sendero. La historia de un grupo de amigos de la infancia que se reencuentra para evitar el remate del club de barrio en el que se conocieron, a través de un campeonato de fútbol, marca desde la intención un retorno a aquellas viejas historias que tanto éxito le dieron a la productora. Sin embargo, la artificialidad de algunos aspectos que se perciben en la construcción de los personajes protagónicos y en algunas situaciones parecen atentar contra la identificación que, se supone, el registro narrativo debería generar en los televidentes.

Al menos en los primeros episodios, resulta casi imposible a los ojos de cualquier televidente ingresar durante todo un capítulo al código de Mis amigos de siempre sin sufrir ciertas interferencias de artificialidad que quiebran el pacto tácito que propone cualquier historia del género. La dualidad de un registro pretendidamente costumbrista desde la trama, pero moderna en alguna de sus formas, lleva a que por momentos la telecomedia tenga evidentes problemas de verosimilitud. La composición de los personajes que conforma el trío de amigos protagónico (interpretado por Gonzalo Heredia, Nicolás Vázquez y Nicolás Cabré), tan impecables y modernos en sus vestuarios como “galanes” en sus movimientos, choca de frente con la problemática clasemediera de una trama en la que el club de barrio está a punto de ser rematado por las deudas acumuladas. No deja de ser ilustrativo que a ninguno de los personajes protagónicos ni a los principales secundarios se les escape algún rollito, alguna imperfección.

En clave de humor para toda la familia, la ficción escrita por Jorge Maestro y Claudio Lacelli gira en torno de los vínculos humanos, en relación con el amor, la familia y la amistad, y cómo estos se resignifican con el paso del tiempo. Y de las circunstancias, claro, porque aquellos amigos que dejaron de verse en la adolescencia hoy ya cruzaron los 30 y cargan sobre sus hombros con sus logros, frustraciones y dolores. Julián (Heredia) es el único de los tres que triunfó en el fútbol profesional, pero cuyo regreso de Grecia esconde mucho más que pasar las “vacaciones” cerca de casa. Mujeriego, se enamora perdidamente de Bárbara (Emilia Attías), jugadora de fútbol femenino del club. Por el contrario, Simón (Cabré) está casado –atravesando una crisis matrimonial– y tiene una hija, además de un temperamento que no lo ayuda a rearmar sus relaciones pasadas. En el medio de ellos se encuentra Manuel (Vázquez), el soltero que lo único que piensa es en recuperar la amistad que alguna vez tuvo con sus viejos conocidos y “enfiestarse” junto a ellos en el bar que gerencia. Un picaflor de buen corazón, que mediará entre ambos.

Más allá de los enredos amorosos que la trama ya se encargó de esbozar en sus primeros capítulos, entre el trío masculino y el trío femenino, el nudo dramático de Mis amigos... descansa en el proceso que llevará al trío a “salvar” el club que los vio crecer, en peligro de desaparecer por la abultada deuda contraída. La única esperanza de la entidad que comanda Inés (Silveyra) es la ganar el torneo de fútbol auspiciado por una importante empresa, cuyo premio es una suma de dinero cercana a la deuda que reclaman los acreedores. Esa es la excusa por la que los personajes vuelven a cruzarse, para comenzar una nueva etapa, pero también para saldar viejas cuestiones que quedaron en el recuerdo.

Pensado más en función de conformar un buen producto televisivo que en contar una historia de ficción, Mis amigos... se enmarca dentro de la típica comedia para toda la familia. La selección del casting no deja lugar a la duda: hay un elenco joven que aspira a atrapar al público ídem (al trío protagónico se le suman Agustina Cherri, Emilia Attías y Calu Rivero, los amores en pugna), y otro (Soledad Silveyra, Osvaldo Laport y Claribel Medina) elegido específicamente para conquistar a los televidentes más longevos. En el inicio de la ficción, incluso, se vuelve notorio cómo las historias de ambos elencos –aun cuando se entrelazan porque se trata de padres e hijos– se desarrollan con cierta independencia, como dos líneas narrativas que cuentan con el mismo potencial. El dilema que parece abrírsele a Mis amigos... de cara al futuro es si la trama se volcará hacia el marketing audiovisual o hacia una historia que contenga personajes acorde al cuentito.

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A ninguno de los personajes protagónicos de la tira se le escapa alguna imperfección.
 
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