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Sábado, 9 de septiembre de 2006

TELEVISION › “SIN BUENOS PROGRAMAS, NO HAY ESTRATEGIA QUE VALGA”

“Sin buenos programas, no hay estrategia que valga”

Luego de un par de semanas especialmente calientes en la lucha por el rating, el director de programación habla largo y tendido... sin dejar de mirar los monitores.

 Por Emanuel Respighi

Aunque pasa buena parte del día encerrado en un canal de televisión, Adrián Suar parece mantenerse al margen de la vorágine del medio. No sólo porque el actual director de programación de Canal 13 aprendió a transitar con tranquilidad los vaivenes de un negocio que mantiene en vilo a más de un productor, conductor, actor o periodista. “Sé que ni el éxito ni el fracaso son constantes”, dispara, casi como concepto de vida, con cierta mentalidad zen y con la experiencia de caminar por los pasillos de canales desde los 12 años, cuando debutó como actor en Pelito. Es que para contrarrestar la alocada vida televisiva, el fundador de Pol-ka y actual director artístico de la empresa que inauguró la era de las productoras independientes decidió aislarse en una oficina silenciosa y sobria dentro del canal: una guarida en medio de la jungla. Con seis monitores (uno de ellos con el rating “minuto a minuto” inquietando como electrocardiograma catódico), claro. Pero con el mute siempre puesto. Como para no olvidarse de su rol de programador, pero tampoco para “volverse loco”.

En ese bunker que incentiva la serenidad nata de quien ocupa uno de los puestos de mayor poder dentro de la industria televisiva, Suar decidió concederle una entrevista a Página/12. Sin parar la pelota, claro: a lo largo de la hora y cuarto que dura la charla, el hombre fuerte del 13 demuestra una asombrosa capacidad para hablar sobre la TV actual, los corrimientos de horarios de los programas, la competencia, su forma de entender el negocio y adelantar algo de la programación del canal para el próximo año sin perder detalle de lo que reflejaban, aun sin voz, los monitores ubicados a espaldas del cronista. Un talento propio de quien vivió más tiempo de su vida en el mundo paralelo de la TV que en el real. Un universo que maneja a su antojo desde noviembre de 2001, cuando asumió la dirección de programación del 13.

–En una TV tan competitiva como la actual, ¿el rol del programador tiene un valor más relevante que el que tenía quince años atrás?

–El rol de director artístico de un canal siempre fue complicado. Hoy es complejo por la competencia desenfrenada. Pero creo que era más difícil ser programador en la década del 60, 70 u 80 que en la actualidad: todo lo que es nuevo, lo que nace desde cero y sin recursos, como era la TV en aquellos tiempos, requiere de esfuerzo y creatividad potenciadas al máximo. Antes no había referencias televisivas. El descubrir, el no tener tanta información ni recursos, hace que uno tenga que recurrir al olfato, a la percepción. Hoy, poder ver canales de todo el mundo en la TV de tu casa, ver películas de todo origen, facilita la tarea. En la TV de antaño el programador tenía que armar un canal a lo macho, de guapo.

–Pero cumplía un rol más de productor que de estratega.

–Totalmente. Hoy no basta con tener un buen programa para que le vaya bien. Hay que cuidarlo, también. Igualmente, yo soy de la vieja escuela: me siento más cercano al rol de productor que al de estratega.

–¿Esa es una desventaja en la TV de hoy?

–En la TV no hay mucho misterio. La eficacia de una estrategia es más efímera que la misma TV. La estrategia dura una vez, para sortear algún marco excepcional del momento, pero lo que atrae en última instancia a una audiencia es si tenés o no programa. Sin buenos programas no hay estrategia que valga. Lo que pasa es que está muy mediatizado todo.

–Pero usted también pone en práctica estrategias...

–Las estrategias son válidas y sirven. Pero uno no se puede adueñar de un éxito televisivo por la estrategia implementada.

–¿Por qué tanto misterio a la hora de programar, entonces?

–La estrategia sirve más para el día después del debut que para consolidar un programa. Yo, como programador, me fijo en el largo plazo. Uno sabe qué tiene y qué no. Si tengo que pensar muchas estrategias es porque no tengo programas. Si hago foul todo el tiempo, equipo no tengo.

–¿No piensa que los cambios abruptos de programación y los corrimientos de horario lo único que hacen es menospreciar los contenidos?

–Sí. El minuto a minuto sirve sólo para cuidar ciclos de la competencia canibalizada. Pispeás a qué hora termina un programa de otro canal para arrancar con cierto aire el programa tuyo... Todo para no perder, o salir mejor. Hace treinta años el rating no existía y uno salía a jugar en patas. Todo cambia: la sociedad, la TV, la competencia...

–¿Pero decir que “nada es como era” no es justificar sus propios actos y errores como programador?

–No digo que no nos hayamos pasado de la raya. Para mí, correr Montecristo media hora de su horario de emisión, como pasó en el debut de Amas de casa desesperadas, es bajarle el precio y tirar abajo la calidad que posee esa novela. No hay necesidad. Es como hacer un foul con las dos patas para adelante: lo ve todo el estadio. Cuando la estrategia la ve todo el mundo, se pasa a ser burdo. Yo disfruté de la mano de Dios, en el gol de Diego contra Inglaterra, pero porque no la vio nadie. Canal 13 puede correr el inicio de un ciclo 5 o 10 minutos, pero no más. Canal 13 no sale nunca con las dos patas para adelante.

–¿Y Telefé sí?

–Yo también quiero tener una cosa de razonabilidad con Telefé.

–¿A qué se refiere con tener “razonabilidad” con Telefé?

–A ponerle límites a la competencia. A mí no me gusta cuando la estrategia tiene como único fin destruir al otro, quitarlo del juego. Yo trato de construir una programación, no de destruir a la competencia. Amo salir a ganar, pero no me gusta jugar sucio, quitarle el pan al colega.

–¿Y eso pasa seguido?

–Sí, en la TV pasa mucho. Al 13 no le pasa eso por la cabeza, por el simple hecho de que creemos que en la TV nadie mata a nadie. Y soy competitivo, ¿eh? Tampoco me hago el bueno. Sólo que no me alegra quitarle el pan al otro. Me río de otras picardías, pero no de mandar a la casa a gente que trabaja. Yo también hago cosas todo el tiempo para ganar. Pero tengo límites. No destruyo a nadie por un punto de rating.

–Y cuando se junta con otros programadores, ¿charlan de estos temas?

–No. Esa forma de pensar y actuar se tiene o no. Va con uno. Son formas de ser y caminos de vida que uno elige.

–Pero cuando, específicamente, se cruza con Claudio Villarruel, director de programación de Telefé, ¿hablan de la industria? ¿Existen pactos de no agresión?

–Podemos hablar. No hay problemas. Pero con Claudio no se puede pactar. Tiene un estilo competitivo en el que el pacto no entra. Es un estilo de competencia al que respeto. Y está claro que hace muy bien su trabajo. Claudio es un experto estratega. Tiene talento para eso. Tenemos buena relación. No tengo nada contra él, pero tenemos estilos diferentes.

–¿El suyo es un estilo personal o responde a un mandato institucional?

–Es un estilo institucional que coincide con mi manera de ser. La TV es volátil: hoy ganás, mañana perdés; hoy estás en el 13, mañana en Telefé. Nosotros creemos en la sinergia en pos de hacer una TV mejor.

–En el mundo del fútbol hay una discusión eterna acerca de si son más importantes los jugadores o el DT. En la TV, ¿qué rol juega el programador respecto a los contenidos?

–El contenido, siempre, es más importante que cualquier estrategia. Las estrategias de programación sirven más para alimentar egos que otra cosa. En todo caso, son un complemento más a los recursos que uno tiene. Nosotros siempre tratamos de proponer. Canal 13 siempre anuncia con anticipación el día y la hora de un estreno. No esperamos el estreno de Telefé para decidir nuestra programación. En los últimos años, muchas veces Telefé anunció su programación después de que lo hiciéramos nosotros. Uno puede ser líder, pero no pensar como líder. Canal 13, independientemente del rating, tiene pensamiento de líder. Podemos ganar o perder, pero pensamos siempre en pos de la excelencia televisiva.

–¿Qué pasa cuando con esa filosofía de líder ven que se posicionan detrás de Telefé en la tabla general? ¿La desilusión es mayor?

–Canal 13 está primero en el prime time. El problema, que es mi talón de Aquiles, es que la tarde está muy mal. Es la cuenta pendiente que tengo y que no puedo resolver. Intenté por todas partes, con todo tipo de programas y nunca pude consolidar una programación. Pero prefiero ser primero en el prime time y segundo a lo largo del día.

–Suena a declaración oportunista.

–No. Toda la vida firmo ganar el prime time y estar segundo en la general. Por algo muy simple: la gran pelea en la TV es en el prime time. Es en ese segmento donde se define la torta publicitaria: un 80 por ciento de los ingresos provienen de la noche y sólo un 20 por ciento de la publicidad del resto del día. En todos los países del mundo la pelea de fondo es la noche. Y lo digo con honestidad. Yo no pude lograr ser líder en todos los segmentos, eso es una debilidad, pero en este escenario elijo quedarme con el liderazgo de la noche.

–O sea que está muy tranquilo, pese al rating de Amas de casa desesperadas, la gran apuesta que de un programa al otro bajó 5 puntos.

–Ahora estoy tranquilo. Venía de un segundo semestre de 2005 fenomenal, pero de un año y medio anterior en el que los resultados no se daban. Este año, por suerte, estoy mucho más tranquilo. Ganar el prime time da tranquilidad. Pero debo reconocerlo: ganamos el prime time, pero lo peleamos codo a codo con Telefé. La argentina, no tengo dudas, es una TV de lujo. Montecristo, Sos mi vida, Amas de casa..., Hermanos y detectives son ciclos de lujo.

–Lástima que el público no pueda disfrutarlos porque quien mira Amas... no puede ver Hermanos...: compiten entre sí.

–Es un error, pero no es nuestro. Nosotros programamos Amas... y Telefé decidió salir con Hermanos.... Pero ya está. Con 20 puntos de rating, Amas... cumple con nuestras expectativas de audiencia. Nunca pensé que tenía un programa de 30 puntos.

–Si la TV es competitiva en todo el mundo, ¿por qué en ningún país se dan los cambios abruptos de programación y el corrimiento de horarios como aquí?

–Porque nadie quiere perder. Está exacerbado el foco del ganador y el perdedor. Debo reconocer, y hago el mea culpa, de que muchas veces la competencia llegó a un nivel del que tenemos que tranquilizarnos. Creo que esta cosa de defender el canal y el ego –porque el ego también se pone en juego cuando uno programa– nos hizo mal. A nosotros, a los canales y a los espectadores, que son víctimas.

–¿Se puede esperar un cambio a futuro?

–Es la idea. También es cierto que la gente no deja de ver un programa porque vaya a la medianoche. Es verdad que la gente insulta, pero también es cierto que el encendido no baja. No recibimos todavía una cachetada de la gente para que nos haga cambiar. Tiene que salir de nosotros.

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“Con Claudio Villarruel podemos hablar sin problemas, pero no se puede pactar. Tiene un estilo en el que el pacto no entra.”
 
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