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Sábado, 3 de octubre de 2009

VIDEO › BAD GUY, DIRIGIDA POR EL INQUIETANTE KIM KI-DUK

Yin yang versión hardcore

Se trata de una película en la que las obsesiones del cineasta coreano se expresan del modo más evidente y brutal. Un amor loco, relaciones tortuosas, dolor y humillaciones varias se suceden sin que haya que buscarle un sentido moral al asunto.

 Por Horacio Bernades

El Kim Ki-duk de ahora, el Kim Ki-duk de antes: AVH anuncia para dentro de un par de semanas la edición de Aliento, una de las películas más recientes del cineasta coreano, y Transeuropa viene de lanzar Bad Guy, una de las más conocidas de su etapa pre-Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera. Por supuesto que entre una y otra abundan las continuidades: los amores locos, las relaciones tortuosas, la violencia contenida o desatada, el otro como fuente de dolor o humillación. Y un modo de exponer esos temas que siempre elige “frases” breves y cortantes, en lugar de las largas y ligadas. Para decirlo en términos hematológicos (más pertinentes, tratándose de quien se trata), en Kim Ki-duk es como si el relato manara a borbotones, en lugar de hacerlo en forma de flujo continuo.

Estrenada en su país a comienzos de 2002, cierre del foco que el Bafici dedicó a Kim Ki-duk en abril de ese mismo año, Bad Guy es, seguramente, una de las películas en las que las constantes de su cine se expresan de modo más evidente y brutal. La imbricación entre el amour fou y lo sadomaso es una de ellas, a partir del momento mismo en que un tipo de aspecto fiero pone el ojo sobre una colegiala, que espera al novio en la calle. El está todo de negro; en ella, virgen hasta la médula, hasta el celular es blanco: una versión hardcore del yin yang se pone en marcha. De ahí en más, él será su salvador y su carcelero; ella, su perdición y su esclava. El tipo se llama Han-ki, es un gigoló de los pesados y la salva de ir a la cárcel, cuando la descubren robándose una reproducción de Egon Schiele (ex estudiante de artes plásticas, KKD suele inscribirlas, a veces parafrasearlas en sus películas). Ella, Sun-hwa, irá a parar como pupila al burdel que el otro regentea.

¿No puede escaparse Sun-hwa o es que ni siquiera lo intenta? ¿Goza Han-ki, sufre, o, más posiblemente, ambas cosas, cada vez que la espía durante el trabajo, a través de una cámara Gesell? ¿Es Bad Guy una retorcida apología del amor “blanco” o la confesión de un voyeur? La abundancia de objetos cortantes (vidrios, puñales, hasta pedazos de papel en punta), ¿es para lastimar o causar placer? ¿Le da el autor razones al abusador, el violador, el secuestrador? No lo condena: eso está claro. Pero también es cierto que nada del dolor de la chica se disimula. Aunque termine eligiendo la prisión a la libertad... En cualquier caso, sería desencaminado ver las películas de Kim Ki-duk como afirmaciones, opiniones o juicios de valor sobre el mundo, la gente o las cosas. Es más sensato entenderlas como la simple puesta de demonios interiores en representación. Que gusten más o menos es otra cuestión.

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Bad Guy o la puesta de demonios interiores en representación.
 
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