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Sábado, 8 de mayo de 2010

VIDEO › MI ADORABLE LADRONA, DE JOSHUA SAFDIE

Melancólica comedia indie

La película con estilo semidocumental que marcó el debut en solitario de uno de los hermanos Safdie está siempre atenta para registrar a Nueva York y sus personajes. Y su protagonista es una niña grande que roba para ocultar carencias emocionales.

 Por Horacio Bernades

¿Está en crisis el cine independiente estadounidense? Está en crisis como negocio: algunas compañías medianas cerraron (Miramax) y algunas major discontinuaron sus ramas especializadas en esa línea de producción (Paramount y Warner). La retracción de la industria dio lugar al surgimiento de una nueva generación de cineastas indies, que filman por su cuenta y riesgo, como se estilaba en los años ’60 y ’70. Los más destacados de estos ultraindies son Kelly Reichardt (realizadora de Old Joy y Wendy and Lucy), Andrew Bujalski (Mutual Appreciation, Beeswax), Matt Porterfield (Hamilton y Putty Hill, vistas el mes pasado en el Bafici) y los hermanos Ben y Joshua Safdie. Los Safdie a veces filman juntos (como en Go Get Some Rosemary, que también pasó por el último Bafici) y a veces separados. Algo nada frecuente para esta clase de cine, la semana próxima se editará en Argentina la ópera prima de Joshua en solitario, estrenada en Estados Unidos un par de años atrás. Se trata de The Pleasure of Being Robbed, que el sello Transeuropa lanzará con el título Mi adorable ladrona.

Aire semidocumental, amplio margen para la improvisación, estilo nervioso y rodaje estilo guerrilla (en la calle, con equipos reducísimos y una cámara móvil y atenta) son la marca de Mi adorable ladrona, como lo serían más tarde de Go Get Some Rosemary. En ambas películas, Nueva York es un personaje más. Nueva York y sus personajes: la cámara de Safdie está atenta a la aparición de un morocho que saluda amablemente a todos los que se le cruzan, tanto como a un tipo que pasea una cartera como si se tratara de un perro, o al que irrumpe en un bar anunciando que va a invitar a todos a una ronda y cuando advierte que los parroquianos son demasiados da media vuelta y se va. De hecho, los propios protagonistas son personajes, en el sentido de su singularidad y excentricidad. El padre de Go Get Some Rosemary parecía más chiquilín que sus hijos pequeños y la chica de Mi adorable ladrona se dedica a lo que el título indica.

Por su tono, velocidad y ligereza, ambas películas merecen ser consideradas comedias. A Eleonore (Eleonore Hendricks, coguionista de la película) le pasan cosas graciosas. Linda y de ojos achinados, ella misma es graciosa. Se empecina en jugar al ping pong con profesionales sin tener idea de cómo hacerlo, roba una bolsa que contiene un perro y varios gatitos, se sube a un auto sin saber manejar y termina conduciendo cientos de kilómetros de noche, en la autopista que lleva de Nueva York a Boston. Pero Eleonore es también una solitaria. Errática, da toda la impresión de robar cosas como forma de reemplazar la falta de amistades duraderas. La escapada nocturna –pero sin sexo– que tiene con un chico al que conoce en la calle (el propio Safdie) da a pensar en ella como niña grande. Como sucedería más tarde en Go Get Some Rosemary, la vivacidad y frescura de Mi adorable ladrona no ocultan un fondo de indisimulada melancolía. No por nada en la banda de sonido se escucha a esos melancos incurables que eran Monk & Trane.

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Los personajes de Mi adorable ladrona son excéntricos y singulares.
 
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