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Jueves, 10 de diciembre de 2009

CINE › ENTREVISTA A JASMILA ZBANIC, DIRECTORA DE SARAJEVO, MI AMOR

“La idea fue generar conciencia”

La cineasta bosnia habla de su película, que aborda las secuelas de la violencia sexual ejercida contra mujeres de su país durante la guerra de los Balcanes. Zbanic señala las heridas aún abiertas y los pequeños avances políticos que el film ayudó a concretar.

 Por Stephanie Wirght

20.000. Esa es la cifra de mujeres bosnias que a lo largo de los años ’90 fueron violadas por soldados serbomontenegrinos, durante la guerra de los Balcanes. En muchos casos no se trató de un episodio aislado, sino de un hecho reiterado. Hasta el día de hoy, sin embargo, esos crímenes no fueron investigados en forma oficial, y los violadores siguen viviendo junto a las víctimas. Sobre esa realidad se propuso intervenir la realizadora bosnia Jasmila Zbanic, que en el momento de los hechos era una adolescente. Seleccionada para la competencia oficial del Festival de Berlín, en 2006 su película Grbavica se llevó nada menos que el premio mayor del festival, el Oso de Oro. La repercusión fue fulminante, tanto en su país como en el resto del mundo. Poco tiempo después del premio en Berlín, el gobierno de Bosnia-Herzegovina reconoció a las mujeres violadas como víctimas de guerra. De juicio y condena a los criminales de guerra, por el momento, nada.

El título original de la película de Zbanic tiene una doble significación. Grbavica es un barrio de Sarajevo que durante la guerra fue ocupado por el ejército de Serbia-Montenegro, funcionando a partir de allí como campamento de guerra y centro de detención y torturas. Pero etimológicamente la palabra “grbavica” quiere decir “mujer con una joroba”. Esma, protagonista de Grbavica, vive en la actualidad en ese barrio y es, a la vez, una grbavica. El resultado de aquella joroba es su hija Sara, que en el presente de la película tiene 12 años e ignora quién fue su padre y cómo fue concebida. Opera prima de Zbanic en el largometraje de ficción, Grbavica será estrenada en Buenos Aires hoy, con el título de Sarajevo, mi amor. Título que tampoco carece de sentido, ya que es el de una canción folklórica que juega un papel en la historia. Nacida hace 35 años en Sarajevo, autora de cortos y documentales, Zbanic habla de la película, de la guerra, del presente de su país, de las heridas aún abiertas y del pequeño avance que Sarajevo, mi amor trajo en BosniaHerzegovina, tanto en términos de política como de política sexual.

–¿Qué la llevó a contar esta historia?

–Empecé a escribirla cuando di a luz por primera vez, en el año 2000. La maternidad me llevó a preguntarme por aquellas mujeres bosnias que fueron violadas durante la guerra y que tuvieron hijos no deseados.

–¿Hizo una investigación sobre esos casos?

–Desde ya que sí. Investigué mucho. No fue fácil leer los testimonios de mujeres violadas. Cuanto más leía menos entendía: cómo podía ser que un hombre tuviera una erección ante una mujer a la que había amenazado, forzado y pegado. Para tratar de entender hablé con terapeutas especializados. Más tarde tuve encuentros con mujeres que atravesaron esa experiencia. Lo que más me interesaba era saber cómo lo habían procesado. Cómo vivían hoy en día, luego de haber pasado por eso.

–Que es justamente de lo que trata su película: las secuelas de esa violencia.

–Exacto. De eso es de lo que me interesaba hablar: del amor entre una madre y su hija. De cómo es posible que lo haya, a pesar de las circunstancias en que esa madre tuvo a esa hija. Una primera versión del guión era más amarga y oscura, necesité de cierto tiempo para depurarla de esos sentimientos y permitir que se filtrara cierto optimismo.

–No se percibe resentimiento en su película.

–Es que por más terrible que sea una tragedia personal, el mundo no se detiene, sigue girando. Años después de haber atravesado ese infierno, Esma, la protagonista, vive como cualquier otra persona. No quedó fijada en esa tragedia, aunque esa tragedia sigue viva en ella. Me interesaba narrar la cotidianidad de Esma en su carácter más banal, si se quiere. La película se ocupa del presente, de la supervivencia. Lo que le preocupa a Esma es seguir viviendo. No piensa en el perdón o la venganza, sino en dar de comer a su hija, hacer las compras, desempeñar la clase de tareas que la mayoría de nosotros damos por supuestas.

–Sin embargo, la relación con la hija no es fácil.

–No, porque ella no se ha atrevido a contarle su origen a Sara, por lo cual Sara está llena de recelos, sospechas y reclamos. El momento de la verdad debe llegar.

–¿Qué sucede en la realidad con las mujeres que están en la situación de Esma? ¿Viven con sus hijos o no los reconocen?

–Muchas no pudieron soportarlo y abandonaron a sus hijos, porque estar con ellos era un recordatorio constante de lo que había sucedido.

–La música cumple un papel dramático significativo en la película. ¿Puede explicar qué clase de música eligió y por qué?

–En la primera escena, en que se ve a un grupo de mujeres violadas durante la guerra, lo que se oye es una Ilahija, que es un tipo de canción sacra de tradición musulmana. En otras escenas se escucha un estilo musical desarrollado durante los años ’90 en los Balcanes, al que se le da el nombre de “turbo folk”. Es una música muy ruidosa y agresiva, estrechamente ligada a la cultura machista de la zona. Para la escena de cierre elegí que los chicos cantaran Sarajevo, mi amor, un tema que suele cantarse en las excursiones escolares. La alegría pop del tema contrasta con el sentimiento que en ese momento embarga a Sara. Pero, a la vez, el hecho de que la canten todos los chicos le permite integrarse al grupo.

–¿El hecho de que la película haya conseguido una trascendencia pública tuvo alguna incidencia sobre la suerte de las mujeres violadas durante la guerra?

–Por suerte, sí. Hasta el momento del estreno el tema se mantenía oculto en mi país. Después de la guerra muchas mujeres violadas evitaban volver a sus ciudades, porque sus violadores seguían viviendo allí. Aunque la cifra de víctimas es impresionante, hasta hoy los responsables de esos crímenes no han sido castigados. Las víctimas siguen viviendo al lado de sus verdugos. Pero hubo un cambio, luego del estreno de la película: hoy las mujeres violadas son consideradas víctimas de guerra, cosa que hasta ahora no sucedía.

–¿Usted emprendió una campaña de concientización sobre el tema?

–Cuando vimos la cobertura que los medios daban a nuestra película decidimos aprovechar para generar conciencia e iniciamos una campaña a la que pusimos por nombre “Por la dignidad de los sobrevivientes”. Emprendimos una recolección de firmas para que se reconociera a las mujeres violadas como víctimas de guerra, con activistas que se paraban a la salida de los cines, recolectando firmas para un petitorio.

–¿Qué clase de recepción tuvo la película en Bosnia-Herzegovina?

–Muy buena. Llevó 180.000 espectadores, lo cual en un país con cuatro millones de habitantes es importante. Pero en un sector del país con mayoría serbia la película fue boicoteada y nunca se exhibió.

Traducción, adaptación e introducción: Horacio Bernades.

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Zbanic tiene 35 años. Era una adolescente durante la guerra.
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