espectaculos

Lunes, 1 de febrero de 2010

LITERATURA

Otras voces

- Noé Jitrik: En una de las últimas veces que vi a Tomas al final de la conversación le dije, sorprendido, “no hablamos de enfermedad”. Me lo había hecho olvidar, no sólo porque no se lamentaba, consciente de su enfermedad, sino porque seguía interesado, apasionado, en lo que hacía, lo que seguía pensando hacer. Lo veía con su imaginario intacto y su memoria vigilante y, sobre todo, su afectividad, eso que nos había acercado y mantenido cerca durante tantos años. Mi memoria está saturada de imágenes de Tomás Eloy Martínez: admiré su fuerza, estimé su obra, y su cercanía era algo que me hacía siempre un gran bien. Sabía que pronto moriría, pero no tenía su muerte en mi agenda, aunque sé muy bien que no somos inmortales.

- Vicente Battista: Si bien no trabajé con él porque no coincidíamos en las redacciones, sí lo conocí personalmente. Cuando él estaba en Estados Unidos solíamos encontrarnos. Fue un grande como periodista y como escritor. Uno de los libros que tengo atesorados, que me marcó muchísimo por su calidad, es Lugar común la muerte. Y el de La novela de Perón es un trabajo magnífico: es el primer libro que toma el fenómeno peronista desde la mirada de un no peronista. Sabemos que Tomás no era un gorila, pero no era peronista. Y ésa es una novela seria, formidable. Entre sus obras hay alguna que otra novela olvidable, pero lo cierto es que ningún escritor tiene una totalidad de obra perfecta, salvo aquellos con pocas producciones. En el caso de Tomás, los grandes textos apagan a aquellos que no tienen su mismo nivel de calidad. Además, creo que como pensador llegó muy alto. Fue, sin dudas, un maestro de jóvenes. Y aunque dejé de ser joven hace bastante, me gustó mucho conocerlo y también leerlo.

- Elsa Osorio: Me da mucha tristeza que haya muerto. Es una gran pérdida porque fue un gran escritor e intelectual. Su novela Santa Evita permitió a muchísima gente conocer la Argentina. En todos los lugares a los que fui me han hablado de esa novela. Siempre me sentí muy cercana a él y lo conocí personalmente, hemos coincidido en otros lugares, por ejemplo en Alemania. Allá Tomás Eloy es muy apreciado y compartíamos amigos. Y también hay una coincidencia en el sentido de estar afuera y en un espacio de discursos compartidos. Tomás Eloy trazó una estela por donde otros pudimos circular. Aprecio muchísimo su obra en general y particularmente Santa Evita, porque me conectó de una manera distinta con la figura de Eva. Diría que después de esa novela, fui otra con respecto a esa historia y todos los elementos de esa realidad. Recuerdo una charla muy linda que tuve con él hace poco más de un año. Hablamos de Buenos Aires, de la Argentina, de qué pasa cuando uno regresa, nos preguntamos sobre el lugar de la literatura argentina afuera. Yo volvía de Madrid. En esos momentos de inquietud, él me transmitió la idea de que uno vive en el territorio de la escritura, no importa donde esté.

- María Rosa Lojo: Conocí personalmente a Tomás Eloy Martínez en 1993. Coincidimos en la ciudad alemana de Eichstätt, donde Karl Kohut, uno de los grandes especialistas germanos en literatura hispanoamericana, había organizado un coloquio de escritores. Para mí, Eloy Martínez era una leyenda: además de haber leído algunas de sus obras, siempre lo había oído nombrar como uno de los artífices de esa Primera Plana que supo redescubrir al admirable Leopoldo Marechal. Tuve el privilegio de escucharlo comentar, en esa pequeña ciudad de Baviera, el proceso de escritura de Santa Evita, que pronto consolidaría mundialmente el renombre de su autor. Aunque obras como la mencionada Santa Evita y La novela de Perón son hitos de la novela histórico-política, cruce fecundo de reportaje, testimonio, investigación y original fabulación literaria, no está de más recordar que Tomás Eloy también escribió otro tipo de textos, no menos valiosos. El trabajo que presenté en aquel coloquio alemán incluía el análisis de su novela La mano del amo: una rara e inquietante parábola, de alta densidad simbólica, en torno del arte, la castración, el paraíso perdido o nunca alcanzado, la ferocidad del poder y el oscuro (sin)sentido de la vida, que sólo remitía al contexto sociopolítico en forma oblicua. Martínez fue un creador tanto en el periodismo como en la “ficción verdadera” y demostró magníficamente la viabilidad y la productividad de ese aparente oxímoron, por el cual la literatura encuentra la médula poética de la historia. Ni la Argentina del siglo XX ni el peronismo en particular podrán pensarse o leerse sin recurrir a sus libros lúcidos y también lúdicos, osados e inspiradores.

- Mario Goloboff: La novela de Perón se publicó en 1985. Había que tener coraje intelectual, artístico y literario para arriesgarse con un texto así, recién liberados de la dictadura, recuperada la democracia, derrotado el peronismo por Alfonsín. Estaba todo muy vivo y patente; las heridas ni siquiera habían empezado a cerrarse. Ese libro desata su trama con el retorno de Perón, el 20 de junio de 1973, las manifestaciones en Ezeiza y la matanza masiva organizada por los gérmenes ya activos de las 3A, origen del aparato que actuaría durante la dictadura en secuestros y asesinatos conocidos. Se extiende luego hacia el pasado personal y oscila siempre entre las “memorias” y la invención. Uno de los mayores méritos de Tomás Eloy Martínez como escritor fue manejar esa historia sin perder de vista el poder de la ficción. Para nosotros, que aún nos preguntamos por orígenes, causas y procesos, y que vamos al libro a desentrañar el enigma, la respuesta literaria es una de las más pertinentes: la de mantenerlo planteado, sugiriéndonos que el narrador no es aquel que los revela, sino quien incorpora su propio enigma a la obra. Las relaciones con la política y la realidad parecen directas. Sin embargo, tal transparencia no es más que aparente. Es el texto el que gobierna y, con él, la ficción, ya que, en el fondo, “Perón” no resulta ser más que el pretexto o, si se quiere, el cebo de “la novela”.

Producción: Daniela Yaccar

Compartir: 

Twitter

En 1975, amenazado por la Triple A, Martínez se exilió en Caracas.
Imagen: Gonzalo Martínez
 
CULTURA Y ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.