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Miércoles, 12 de febrero de 2014

LITERATURA › OPINIóN

Puentes de lectura

 Por Luisa Valenzuela *

A causa de las efervescencias de estos dos últimos años me metí en camisa de once varas. En México me contrataron un libro de entrecruzamientos entre Cortázar y Fuentes y ahora estoy metida hasta las orejas en el brete y también en la felicidad de releerlos. Reencontrarse con Cortázar, por lo pronto, es abrir una puerta a nuevos hallazgos. Y yo que creía haber superado el tiempo Rayuela, no porque mi novela favorita de Julio sea 62, modelo para armar, sino porque la otra ya la tenía leída y releída en su momento. Todo para descubrir –entre mil otros temas– que un filón que perseguí en la obra de Cortázar, el puente como leit motiv, estaba ya servido en bandeja en el célebre primer párrafo de su célebre novela: “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas (...)”. La repetición inadmisible de un adjetivo –para el escritor meticuloso que supo ser Cortázar– ya lo decía todo; de entrada. La Maga (“su silueta delgada”) como el puente de “delgada cintura” que pretende atravesar Horacio Oliveira para alcanzar el otro lado. Pero no el lado de allá, o el de acá, como propone la novela misma, sino el absolutamente Otro, el que de lograrlo habría de llevar a Oliveira al meollo del conocimiento –y por ende a la felicidad y el paraíso– al cual siempre quiso acceder. Y no sólo él, también su autor.

La muerte y el misterio de la vida fueron temas básicos en Cortázar, poco explicitados. El secreto del ser al que nunca accederemos de frente. De ahí los puentes de palabras o de facto, como umbrales que podrían permitirnos, de atrevernos a cruzarlos, el acceso a ese otro lado ¡pero a qué precio! Oliveira sufre el distanciamiento de la Maga que él mismo provocó, sufre su eterna frustración bien porteña. Otros protagonistas cortazarianos logran cruzar el puente. Y así les va. En el cuento “Lejana” Alina Reyes, tan señorita de clase alta, tan elegante ella, tiene el feo vicio (la apreciación es mía) de jugar con las palabras buscando nuevos palíndromos o haciendo anagramas con su propio nombre. Alina Reyes: Es la reina y... como puerta abierta a una sumatoria de virtudes o al agregado de un desconocido espanto. Alina intuye la posible majestuosidad de la reina y su contracara, quizá una mendiga de Budapest quien, muerta de frío, la estaría esperando del otro lado del puente sobre el Danubio. El casamiento, habitual puente para las señoritas de la alta burguesía, no le basta a Alina Reyes; ella necesita conocer su propio otro lado, el sólido y concreto de sus fantasmas, para lo cual exige pasar la luna de miel en Budapest. Y allí está el puente bajo la noche fría, y allí la aguarda la mendiga...

Pero no sigo. El cuento de Cortázar requiere ser atravesado como buen puente de lectura, es decir leído de primera mano, para alcanzar no sin estremecimiento el umbral del multifacético misterio que a veces llamamos numen o llamamos transformación, que puede ser una forma de muerte. El lado de allá y el lado de acá, donde nos espera quizá lo más arcaico que hay en cada ser humano. El “Axolotl”, estático batracio de ojos dorados en su acuario, al que accede el protagonista del cuento que lleva dicho título, o el joven guerrero mexica durante las guerras floridas que es en la contracara del motociclista actual en “La noche boca arriba”. Puentes ya famosos y otros muy ocultos, pero siempre tendidos en la obra de Cortázar para que quienes la leemos podamos cruzar con él algún río que nunca, ya sabemos, será el mismo y no sólo por las causas que nos enseñó Heráclito, sino también porque la magia de la escritura de este insuperable autor transporta y transforma los significados profundos.

* Escritora.

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