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Jueves, 4 de septiembre de 2014

HISTORIETA  › LA ASOCIACION DE EDITORES

Una idea lograda

La idea empezó a circular entre cervezas, mirando exposiciones, en los tiempos muertos de los festivales y cuando se presentaba un libro. Circuló rápido porque en los últimos años las muestras, libros y eventos de historieta abundan y aunque el circuito crece, los principales productores son más o menos los mismos. Pero, sobre todo, circuló porque en el último lustro emergió una generación de pequeños editores con preocupaciones, inquietudes y aspiraciones comunes, con menos ánimo competitivo y más colaborativo. Así nació la idea de una asociación de editores locales dedicados a las viñetas.

Tras esas charlas iniciales e informales, hubo una convocatoria más grande que se desarrolló en la cuarta edición del festival rosarino Crack Bang Boom (2013). Ahora la Asociación Argentina de Editores de Historieta existe. Es cierto que aún no tiene personería jurídica y todavía está en formación, pero ya es una realidad. Su primera aparición pública es virtual, claro: http://editoreshistorietas.com.ar/. Allí aparecen novedades editoriales, una pequeña agenda de actividades e información institucional. Es un primer paso.

Por el momento, la AAEH no tiene un liderazgo claro, al menos en términos tradicionales. Sí tiene varios referentes. Por formación y experiencia como gestor cultural, por participar en la organización de distintos eventos (Viñetas Serias, Viñetas Sueltas, Comicópolis), Luciano Brom, del modesto sello Burlesque, es uno de ellos. De hecho, coordinó la última reunión de la asociación, que también tuvo lugar en el festival rosarino, el mes pasado. “A la primera reunión fueron como 80 personas de unas 50 editoriales –recuerda–. Fue una reunión medio catártica, todos hablaron de sus problemas, qué cambiarían y cómo les gustaría trabajar.” Los debates siguieron en Comicópolis y avanzaron en Dibujados, a fines de 2013, con los miembros juntando fondos para pagar el servidor en el cual alojar el primer proyecto conjunto: el portal web, que tiene su cara pública y otra para los miembros de la asociación.

Brom ve grandes posibilidades para la asociación, pero también obstáculos. A título personal, considera que uno de ellos es la diversidad de proyectos y estadios de desarrollo de cada editorial. “No hay ninguna grande como De la Flor o Colihue, pero igual hay mucha diferencia entre una editorial como LocoRabia y una Burlesque”, ejemplifica. LocoRabia tiene planes editoriales anuales, un sistema aceitado de colaboraciones con otros sellos (incluso integra un colectivo argentino-uruguayo), accede a apoyos institucionales y tiene un catálogo que se sostiene financieramente sin inversión de sus impulsores. Aunque no tiene una gran estructura, en comparación hay proyectos más pequeños que ven eso como una utopía aún lejana de sus dos títulos anuales. El primer desafío de la AAEH es conciliar esas disparidades y encontrar herramientas que ayuden a todos. “Esto también tendrá que ver con una cosa de energía, me parece que el crecimiento de la asociación será gradual”, analiza.

Por el momento, las primeras discusiones giran en torno del acceso al papel como forma de abaratar costos, el acceso a la prensa y el gran tema de la distribución. “Veo que están surgiendo también nuevas estrategias, como la preventa –destaca Brom–. Me parece que es porque se resolvió técnicamente la manera de manejarlo, cómo hacer un cobro con herramientas informáticas, y así se simplifica hacer la inversión inicial de cualquier lanzamiento.”

Una deuda importante de la industria editorial pasa por la falta de estadísticas serias del sector: qué, cuánto, cómo se edita y se vende. “Lo hicieron los chicos de las revistas culturales (la asociación Arecia) y el informe que realizaron resultó súper interesante incluso para ellos mismos, para conocerse”, compara desde sus conocimientos de gestor cultural. “Por formación profesional, para mí tenemos que tener estas estadísticas, para entender cómo funcionamos”, considera y opina que para ello también ayudará el catálogo online que empiezan a armar.

“En cuanto a festivales y eventos, me parece que la cosa va creciendo”, evalúa y enumera: “La experiencia de CrackBangBoom es muy positiva, porque siguen creciendo y ampliando espacios; la apuesta de Tecnópolis con Comicópolis viene cada vez más grande, como lo veremos este mes, y después hay otros pequeños eventos que están trabajando y cubriendo aspectos que los más grandes no toman, como Dibujados o el Festival Increíble”.

Que el camino de la flamante AAEH sea integrarse a la Cámara Argentina del Libro en una subcomisión específica, tener su órgano propio o desinflarse dependerá sobre todo de la voluntad de trabajo de sus miembros. De qué proyecten como deseos de crecimiento, cuáles sean sus aspiraciones como industria y, por qué no, de cómo, cuándo y para qué se incorporan las editoriales más grandes del circuito. Tampoco puede descartarse la cuestión de en qué medida sepan sentarse a discutir políticas públicas con funcionarios de distintas áreas. Lo que es seguro es que hace un año se dio en Rosario el primer paso para llevar la producción actual un paso más allá.

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