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Jueves, 23 de abril de 2015

CINE › JUAN PABLO RUFINO, JAVIER MALOSETTI Y EL TRIBUTO DE HOY

La admiración de los colegas

La exhibición del documental en el Bafici se complementa con un encuentro que amenaza emociones fuertes: hoy, a las 19.30, en la Usina del Arte, un seleccionado de músicos y bajistas repasará grandes momentos de la carrera musical de Jaco Pastorius.

 Por Cristian Vitale

Javier Malosetti se toma un resquicio en el tiempo, y habla. Le alcanza apenas para informar que está viviendo “un mes Jaco”, y que no para de reescribir partes musicales, ver documentales, leer libros, escuchar discos y todos los lindos demases que tiene la vida de un músico cuando, aparte de serlo, también es un melómano. Un admirador de colegas. “En estos momentos estoy particularmente obsesionado con Pastorius... se me reactivó la cosa de saber más de esa vida tan trágica y fantástica, una vida que parece un cuento”, se entusiasma el ex bajista de Luis Alberto Spinetta, a quien le tocó en suerte dirigir y curar el concierto homenaje a Jaco Pastorious que se realizará hoy, a las 19.30, en la Usina del Arte (Caffarena 1), como una de las actividades complementarias a la proyección en el Bafici de Jaco The Movie, el documental que motorizó Robert Trujillo, bajista de Metallica (ver aparte) y dirigió Paul Marchand, sobre la vida del genial bajista de Weather Report. “Se me acercaron hace bastante tiempo para contarme que iban a traer la película de Jaco, y que querían hacer algo de música con sus exitazos, con los bombazos de Jaco en vivo, ¡ningún lado B!”, se ríe Malosetti que, desde ya, piensa en recrear “Teen Town”, “The Chicken” y “Come on, come over”, entre otras gemas de ese músico total, asesinado por un empleado de “seguridad” a los 35 años. “Al toque armé una banda y estamos ensayando”, lanza.

La banda forma con Alvaro Torres en teclados, Tomy Sainz en batería, Mario Gusso en percusión, Gustavo Muzzo en vientos y Tropi Veglio en trompeta, más una selección de bajistas que le caben perfecto a la situación: el mismo Malosetti, claro, más César Franov, Andrés Pellican, Machi Rufino y su hijo Juan Pablo. “Jaco era un artista total, un genial compositor y arreglador, que tocaba el bajo de una manera única. Podía tocar melodías con su fretless que te parten el corazón, solos ‘up’, tempos recontra virtuosos, bases con un swing terrible, acompañar como si fuera un cello, líricamente, pero además se le sumaba el tremendo carisma escénico. Uno ve un video de Jaco, y queda hipnotizado con sus bailes, su mirada, sus manos”, define –y se define–, uno de los bajistas que más saben del tema en Argentina: Juan Pablo Rufino.

“Juan Pablo no puede faltar en el concierto, porque ha dedicado su vida a escuchar a Jaco, a sacarles la ficha a los instrumentos, a su toque, a los discos... es como un historiador de Jaco, porque sabe todo paso por paso”, refrenda Malosetti sobre las virtudes del hijo de Machi, que reconoce haberse iniciado en los misterios del bajista de Pennsylvania precisamente gracias a Machi, su padre. “Hacia 1996 fue que me dio por tocar el bajo y Luis Alberto Spinetta, ni bien se enteró de esto, me llamó para regalarme uno y, acto seguido, mi padre me pasó el primer disco de Jaco. Literalmente no salí de mi cuarto por dos años... lo único que hacía era intentar sacar sus temas, sus líneas de bajo, en fin, no puedo explicar por qué me tocó tan profundamente su musica, su vida, todo”, cuenta Rufino hijo, cuyo primer show en vivo fue casualmente otro tributo a Jaco organizado por el Mono Fontana, con el mismo Malosetti, Guillermo Vadalá y Marcelo Torres en escena, y con Spinetta entre el público. “`Más vale que toques bien o te cago a palos’, me dijo Luis ese día”, se ríe el bajista.

La estructura del concierto está predeterminada: dos temas cada bajista con la enumerada banda “estable”, y una juntada entre todos al final. “Vamos a tocar un último tema todos juntos, pero no pienso decir cuál es”, se ríe, también, Malosetti, que se quedará con la guitarra cuando les toque el turno a sus colegas. “También voy a tener la suerte de acompañar a Mary Pastorius, la hija de Jaco, que compuso una canción muy linda sobre su padre, y que será concebida así como la mandó: solo bajo y voz”, refiere el curador, que ubica al homenajeado como el que, junto a Stanley Clarke, dio “el paso adelante” con en el bajo. “Ellos dos fueron los que convirtieron al bajo en un instrumento solista”, determina Malosetti, y fundamenta: “Es cierto que ya habían existido algunos contrabajistas que habían tirado algunos tiritos en esa área del bajista solista, como los discos de Ron Carter, que ponía otro contrabajista para acompañarlo; pero Jaco lo llevó más allá por el hecho de usar el bajo fretless, que era novedoso en esa época por la definición de su toque, y porque permitía escuchar una melodía tocada con un bajo eléctrico a gran velocidad. Esto fue un giro, porque el bajo siempre era una cosa sombría, cuyos pasajes rápidos eran borrosos, nunca se terminaba de dilucidar cuáles eran las notas que el tipo había tocado. Y bien, con Jaco eso cambió... era como si las tocara la mano derecha de un piano clavado, afinado y con el tono bien definido. Podemos decir que reinventó el instrumento”.

“Sí”, reengancha Rufino, “Jaco logró que el bajo sea un instrumento todo terreno, sin límites. Dejó esa puerta abierta por la cual todos queremos pasar”, asegura el hijo del ex Pappo’s Blues e Invisible, sobre una frecuencia con la que Malosetti sintoniza fino: “Además de ser una referencia obligada para todos los bajistas de las generaciones que vinieron después, Jaco fue un gran compositor, y como arreglador es alguien fuera de serie. Tenía un background musical muy heavy, y aparte era esa mezcla tremenda de Hendrix con la música Motown, Charlie Parker, Sinatra, en fin... yo conocí a Stravinsky a través suyo, y ahora soy fanático de él, porque Jaco dominaba el lenguaje musical en su totalidad. De hecho, en el documental hay tipos de todos los palos, que fueron compañeros de ruta y que incluso son fans suyos... más fan que Joni Mitchell y Herbie Hancock de Pastorius no debe haber”, finaliza el motor del bien merecido homenaje a aquel hechicero del fretless.

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“Stanley Clarke y Jaco convirtieron al bajo en un instrumento solista”, sostiene Malosetti.
Imagen: Jorge Larrosa
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