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Lunes, 15 de junio de 2015

LITERATURA › OPINION

El joven Marechal

 Por Martín Greco *

En 1927, en la Exposición de la actual poesía argentina, Leopoldo Marechal escribió un esbozo de autobiografía:

Nací el 11 de junio de 1900. En 1922 publiqué Los aguiluchos, poemas de corte romántico y hasta parnasiano. La naturaleza de mis trabajos de ahora me coloca en la vanguardia literaria del país. Publiqué también, en 1926, Días como flechas, poemas modernos, y preparo Rey Varangot, cuentos. No siendo boxeador, ni habiendo intervenido ninguna provincia argentina, mi vida carece de episodios interesantes.

Más allá del sarcasmo final, la breve semblanza es muy precisa al indicar la evolución del joven escritor. En efecto, Marechal entró en la “poesía moderna” hacia 1925 y se convirtió en un animador de la vanguardia reunida en torno al periódico Martín Fierro. A su literatura precedente, “romántica” y “parnasiana”, Marechal la llamaría mucho después mi prehistoria. Gran parte de la producción de este período apareció en diarios y revistas y no fue recogida en volumen. La poesía ha sido recuperada a lo largo de los años. La más reciente edición de la obra poética de Marechal que reúne esos materiales perdidos es la de Leviatán de 2014, coordinada por la hija del poeta, María de los Ángeles. Pero una zona de la literatura del joven Marechal aún hoy permanece desconocida: un grupo de relatos dispersos que tal vez integraban ese anunciado, pero nunca publicado, libro de cuentos, Rey Varangot, sobre cuya existencia y contenido sólo podemos hacer conjeturas.

En el coloquio “El gran juego de Leopoldo Marechal” compartiré el hallazgo del más antiguo de esos cuentos, titulado “El enigma de los ojos grises”. Apareció el 21 de septiembre de 1923 en la revista El Hogar, en el marco de un “Concurso de Novelitas” semanal con un premio de 200 pesos, suma equivalente al sueldo de un maestro como Marechal. Destinada al público femenino, El Hogar ocupaba una posición destacada en el periodismo de masas por sus cien mil ejemplares semanales, cifra notable para una población de nueve millones de habitantes. Una lectura de la revista muestra que la oferta destinada a las aspiraciones de sus lectoras se establecía en al menos tres aspectos: la clase, la nacionalidad y la novedad; los modelos de belleza y salud eran lo aristocrático, lo extranjero y lo moderno.

El concurso se encuadraba en el fenómeno de las narrativas de consumo popular en auge en la prensa periódica de la época. La enorme cantidad de revistas y fascículos editados anualmente obligaba a reclutar escritores que cubrieran la incesante demanda de textos; de allí la proliferación de concursos literarios. Durante casi dos años, El Hogar dio a conocer más de 80 relatos premiados, la mayoría de carácter sentimental. Algunos se inscribían desde el título en los modelos de la revista, como “La amargura de saberse fea” de Matilde Delpodio. Marechal no fue el único que buscó ingresar al campo literario por este medio: además de él, en el concurso de El Hogar aparecieron muchos autores jóvenes que poco después habrían de tener participación en los movimientos de renovación literaria, aun en trincheras opuestas como las de Florida y Boedo: Córdova Iturburu, Roberto Smith, Alberto Hidalgo, Leopoldo Hurtado, María Luisa Carnelli, Alvaro Yunque, Leónidas Barletta, entre otros. “El enigma de los ojos grises” es la primera publicación en prosa de ficción de Leopoldo Marechal y constituye el más antiguo testimonio de su trayectoria narrativa, veinticinco años antes del Adán Buenosayres.

* Docente, investigador, especialista en vanguardias hispánicas.

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