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Viernes, 4 de marzo de 2016

LITERATURA

Textual

Intenta detener, no sin esfuerzo, el aluvión de imágenes, de añicos y residuos del pasado que se asocian y agolpan en su memoria. Quiere hacer foco en un momento de su adolescencia, en un personaje. Una noche de octubre, palpitando ya en el aire las primeras brisas de la primavera, se había aventurado al hoy demolido Union Bar, en la esquina de Balcarce e Independencia. Temía que su edad pudiera hacer que lo expulsaran de ese tugurio que prometía indefinidas aventuras, acaso solamente su atisbo, y tenía preparada una coartada, débil, poco convincente, de cuya eficacia dudaba. Voy a esperar a mis padres, que pasarán a buscarme por aquí al salir del teatro, habría repetido varias veces antes de entrar, para poder decir esas palabras con soltura, sin balbucear, ante el primer rechazo.

Para su alivio, nadie pareció advertir su presencia. Se deslizó pegado a una pared hasta aproximarse a la tarima donde un bandoneonista se afanaba amorosamente sobre su fuelle, las solapas del gastado esmoquin no menos relucientes que el pelo rígido bajo la gomina; a su lado, una mujer, expresión cansada, maquillaje enfático, esperaba el momento de acercarse al micrófono y entonar con voz inesperadamente fresca: “Yo de mi barrio era la piba más bonita/ y en un colegio de monjas me eduqué”. No era ese modesto espectáculo lo que podía retener su atención, esperaba que más interesante fuese la concurrencia, aunque al barrerla con la mirada no la halló a la altura del exotismo buscado, rostros anónimos, ropas indiferentes, alguna pareja mejor vestida, de sonrisa condescendiente, que parecía haber recalado allí en busca de emociones menos literarias que las imaginas por él.

* Fragmento de DARK (Tusquets).

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