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Viernes, 15 de abril de 2016

MUSICA › FERNANDO GOIN Y SU NUEVO DISCO

Nashville en castellano

 Por Cristian Vitale

Un tipo de sombrero y chaqueta con la pierna izquierda apoyada en la pared y la espalda en la ventana. Una guitarra al lado. Y una fachada que parecería la de alguna casa de Pigüé, el lugar donde nació. “Parece, sí, pero es Barracas”, aclara Fernando Goin, sobre la locación que expresa muy bien lo que contiene el disco: un folk “a la Nashville” pero esta vez, y a diferencia de Hard times, Sings Dylan o Songster, en castellano. Quince piezas cantadas en su idioma natal, como aquellos primeros trabajos, el debut epónimo o Cortando con la tristeza. “Podría ser un retorno a los principios, pero solo por el idioma. Fue como un entrenamiento fonético nuevo”, remarca sobre el flamante Leyenda. Un reaprendizaje, dicho de otra forma, que Goin mostrará en parte hoy en Mr. Jones (Saavedra 399, Ramos Mejía), junto a Yulie Ruth con quien grabó Poetas de overall, otra placa al tono. “Las canciones son como un resumen de mi vida, y encaré este ejercicio para poder cantarlas en el idioma que entendemos todos”, resume.

–Asumió un riesgo: su público ya se había acostumbrado a escuchar a Dylan, Big Bill Broonzy, Ted Daffan o a Stephen Foster a través de voz.

–Puede ser. En realidad, empecé a escribir de manera fortuita durante unos días en el campo. En castellano, porque pasaron cosas en mi vida que me llevaron a esta necesidad. Una de ellas es que murió mi vieja hace dos años, y fue un golpe severo para mí y toda la familia. “Solo pienso en vos” es para ella. O “Las cosas como son”, un blues al estilo Jimmy Rogers pero en castellano, porque necesitaba hablar de mi vieja y de mi infancia feliz en el campo, de una manera llana, sin metáforas. Este sistema me dio un buen resultado, porque no tuve que pensar nada poéticamente... son conversaciones con melodía, hablo de mí y de mis vínculos.

–El Goin que está en la tapa del disco es una buena síntesis: músicas rurales del norte del continente con letras de un tipo que nació en el campo, pero vive en Buenos Aires.

–Hay una universalidad que uno intenta, porque las músicas que escuchaba de chico eran las de Hank Williams, que hablaban del campo, y el campo, para mí, estaba en la provincia de Buenos Aires, donde había gallinas, sonaba Williams y todo coincidía. Es como cuando cruzás Puente Alsina, y escuchás “Buenos Aires Hora Cero”, por Piazzolla. Incluso llego a asociar el blues con el paisaje urbano que me rodea hoy, como Javier Martínez.

El nombre del disco obedece a un cartel que le hicieron a Goin con el fin de promocionar un concierto en la zona sur conurbana, que decía “Fernando Goin, Leyenda”. “Yo dije ‘¿están locos éstos?, ¿me dan por muerto?’” se ríe. “Qué loco que haya gente que te ponga ese rótulo y tal vez no sepa ni quién sos. Entonces hice una canción, ‘algunos me llaman leyenda, algunos no saben quién soy’, como si todos fuéramos conocidos circunstancialmente y desconocidos casi permanentemente”, explica Goin. “No soy un star sino un músico que labura de esto: pretendo mostrar solo lo que aparece en el disco, y provocar algunas reflexiones en gente que le haya pasado lo mismo que a mí”. Como “Cruce de caminos”: “Hay una parte de mí que intenta abandonarlo todo, y hay otra que me suplica seguir”.

–¿Cuándo aparece una, y cuándo la otra?

–La primera cuando escucho la radio y aparecen noticias espantosas o características de personas detestables. Pero otra aparece cuando miro a mi hijo, lo acompaño a estudiar o tocamos. La vida tiene un factor negro evidenciado por la realidad que nos toca vivir, y tiene otra cantidad de cosas por las que seguir luchando. Es una locura total lo que digo, pero es verdad, y mucha gente se siente reflejada por ella.

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