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Jueves, 21 de septiembre de 2006

CINE › UNA PELICULA EN TRES MOVIMIENTOS

El paraíso custodiado por los marines

 Por Luciano Monteagudo

De una u otra manera, el cine de Jean-Luc Godard siempre fue, desde su primer comienzo, una obra de intervención política. La famosa “política de los autores”, de la cual Godard se convirtió en uno de los principales impulsores, desde las páginas de los Cahiers du Cinéma, fue tan decisiva en el campo del cine como La chinoise lo fue en relación con Mayo del ’68, al que se anticipó visionariamente. Se diría que para Godard, en todo caso, no hay compartimientos estancos (cine por un lado, política por el otro) y que su manera de interrogarse sobre el estado del mundo y eventualmente hacer intentos por modificarlo pasa por la profunda convicción de que sólo a partir de nuevas formas pueden producirse nuevos contenidos. Esa premisa no ha variado desde los tiempos en que imaginaba un noticiero alternativo (como fueron los revolucionarios Cinetracs) o en que reformuló la concepción del film policial en Detective. Ahora Nuestra música –un título que parece interpelar al espectador, haciéndolo responsable de sus actos y elecciones– viene a confirmar esa ambición (comprender la realidad a través de los medios del cine) y demuestra que Godard está en plena forma y más lúcido que nunca.

Organizado a la manera de una cantata, en tres movimientos –Infierno, Purgatorio y Paraíso–, este ensayo audiovisual de Godard (¿cómo definir Nôtre musique? Hace tiempo que las categorías de ficción y documental no alcanzan para reflejar el cuerpo de obra reciente del director) consigue que la música propiamente dicha se disuelva en una trama de fragmentos sonoros y, a su vez, que los sonidos y las voces elaboren una composición musical, de una rara, incandescente belleza.

El Infierno, tal como lo concibe Godard en Nôtre musique, es lo real como espectáculo de la muerte, un patchwork, una sucesión de imágenes de guerra, desde noticieros de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española hasta la famosa batalla sobre el hielo de Alejandro Nevsky, de Eisenstein, pasando por las cargas de caballería del Ran de Kurosawa y las pilas de cadáveres de la Shoah que descubría con horror Noche y niebla, de Resnais. Aquí el procedimiento es muy similar al que Godard ya utilizó en sus Histoire(s) du Cinéma: hacer dialogar, poner en tensión distintos momentos privilegiados de la historia del cine, para que sean capaces de expresar una verdad aún mayor que los films que los contienen.

El Purgatorio, en cambio, propone un Godard en tiempo presente. El director se traslada a Sarajevo (ciudad cosmopolita marcada por la violencia étnica), donde dice participar de una conferencia sobre el texto y la imagen y se encuentra con distintos escritores –el poeta palestino Mahmolud Darciwch, el español Juan Goytisolo– que discurren sobre la guerra y sus consecuencias. “Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea, es matar a un hombre”, sentencia Goytisolo, en una frase que parece escrita por Godard, o en todo caso especialmente para él, considerando su gusto por los epigramas. Mientras tanto, Sarajevo en general y el puente de Mostar en particular se revelan como metáforas que exceden al mero lugar geográfico: una Babel de culturas y de idiomas –francés, español, ruso, hebreo, palestino– y un puente entre el pasado y el futuro. “La verdad siempre tiene dos caras”, dice Nôtre musique. Y Godard, siempre también, es capaz de dar cuenta de ambas.

El Paraíso, finalmente, aporta una nota irónica. Un personaje central del movimiento anterior, una joven periodista francesa de origen judío, de quien se dice que se autoinmoló en Jerusalén, llega a un paisaje bucólico, una pequeña playa de rodeada de vegetación y bañada por aguas serenas. Hay una incongruencia, sin embargo, en ese Edén tan contemporáneo: la presencia de alambradas y de soldados estadounidenses, ¿cuándo no? De fondo, se escucha esa marcha tantas veces trajinada por el cine bélico de Hollywood, que afirma: “No temas ir al Paraíso, que está custodiado por marines”.

9-NUESTRA MUSICA

(Nôtre musique) Francia, 2004.

Dirección y guión: Jean-Luc Godard.

Fotografía: Julien Hirsch y Jean-Christophe Beauvallet.

Diseño de producción: Anne-Marie Miéville.

Intérpretes: Sarah Adler, Jean-Luc Godard, Juan Goytisolo, Mahmolud Darciwch, Jean-Paul Curnier, Pierre Bergounnioux, Gilles Pecqueux.

Estreno de hoy en copias DVD en los cines Cosmos y Arteplex únicamente.

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El Infierno, tal como lo concibe Godard en Nôtre musique, es lo real como espectáculo de la muerte.
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