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Lunes, 11 de febrero de 2008

LITERATURA

La ficha

Samanta Schweblin nació en Buenos Aires en 1978. Es egresada de la carrera de Imagen y Sonido de la UBA y se especializó en guión cinematográfico. Pasó por el taller literario de Diego Paszkowski y actualmente asiste al de Liliana Heker, a quien define como “su gran maestra”. Su primer libro, El núcleo del disturbio, que obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes en 2001, fue publicado en 2002. Algunos cuentos de Schweblin integran distintas antologías: Cuentos argentinos (2004), La joven guardia (2005) y Una terraza propia (2006). “Fui uno de los primeros lectores de Samanta”, recuerda el escritor Vicente Battista, quien en 2001 era jurado del Fondo Nacional de las Artes. “No bien leí los originales de El núcleo del disturbio supe que estaba ante una narradora excepcional: me deslumbraron sus historias, desde la manera en que las contaba hasta el modo de ubicar naturalmente lo antinatural”.


Laura Yasan nació en Buenos Aires en 1960. Publicó los libros de poemas Doble de alma (Tierra Firme, 1995), Cambiar las armas (Botella al mar, 1997), Loba negra (La bohemia, 1999), con el que obtuvo el premio Unico de Poesía Educa (Costa Rica, 1998); Cotillón para desesperados (La Bohemia, 2001), mención especial del jurado en el IV Premio Internacional de Poesía Ciudad de Medellín (Colombia, 2002); Tracción a sangre (La Bohemia, 2004) y Ripio (Nuevo Hacer 2007). Su obra fue parcialmente traducida al inglés y publicada en la antología Poetry Ireland Review (Irlanda, 2002). Integra desde el 2000 el consejo de redacción de la revista literaria Los rollos del mal muerto. Muchos de sus poemas fueron publicados en diferentes revistas literarias del país y del exterior. Ha diseñado y coordina actualmente el programa de trabajo Palabra Virtual, talleres de creación literaria a través de correo electrónico. Yasan concibe el poema como “un acto de valentía” y cree que esa fuerza reside “en el coraje de atreverse a decir; que la poesía es un arma y que para ser buena debe ser belicosa, debe provocar, remover, maldecir”. Piensa que los poemas que “sólo reflejan superficies pulidas, ámbitos donde el polvo y la humedad no tienen cabida, son actos cobardes que no denuncian la realidad sino que la disfrazan”.

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