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Sábado, 14 de junio de 2008

NOTA DE TAPA

Galileo cortesano: la cultura de las cortes y la legitimación de la ciencia

Cuando la ciencia moderna todavía gateaba para legitimarse como tal –pugnando por escapar tanto a la fuerza del aristotelismo como al autoritarismo de la inquisición religiosa–, Galileo Galilei (1564-1642) huía de esa complicada situación arrojándose en brazos del mecenazgo de las cortes, una relación no muy estudiada ni entendida. Justamente profundizando en este aspecto de la historia de la ciencia del siglo XVI, Futuro adelanta fragmentos de Galileo cortesano (Katz Editores), del historiador italiano Mario Biagioli.

 Por Mario Biagioli


“Si las pulgas tuvieran rituales,
serían sobre los perros.”

Ludwig Wittgenstein

No es una novedad que Galileo pasa la mayor parte de su vida adulta en la corte de los Medici como matemático y filósofo del gran duque de Toscana. No obstante, el carácter fundamental de ese puesto en la corte para su producción científica es un dato que no ha llamado la atención de los filósofos y los historiadores de la ciencia.

La tendencia a trazar una distinción entre el Galileo “científico” y el Galileo “cortesano” no se limita sólo a los estudios académicos. Bertolt Brecht, por ejemplo, le atribuye el ethos y la cultura de un artesano más que de un cortesano, aunque en su profunda obra Vida de Galileo no lo presenta como un científico “puro” y desinteresado.

Para Brecht, los artesanos representan las fuerzas progresistas, mientras que los cortesanos simbolizan al ancien régime: una cultura que el autor considera opuesta a los valores potencialmente positivos y modernos de la ciencia.

La representación habitual de la identidad y la producción científica de Galileo como elementos ajenos a los valores de la corte no deriva solamente de la distinción tajante entre ciencia y sociedad que realizan algunos autores.

Esta representación también aparece en los textos de aquellos que aceptan vincular el desarrollo de la ciencia moderna con el cambio social, pero no consideran a la corte como una institución que encarne las fuerzas “positivas” de la modernidad.

CORTESANOS Y ARTESANOS

En especial, la corte contribuye con la legitimación cognitiva de la nueva ciencia porque ofrece un espacio para la legitimación social de quienes la practican, lo que a su vez aumenta el estatus epistemológico de la disciplina.

El desplazamiento del interés en el taller del artesano hacia una mirada más concentrada en la corte de los príncipes como ámbito fundamental para el desarrollo de la nueva ciencia refleja una inquietud cada vez mayor acerca del funcionamiento de los rituales, las representaciones y el discurso, no sólo en la historia de la ciencia sino en el marco más general de las ciencias sociales y las humanidades.

Por otra parte, también refleja un enfoque más complejo para el análisis de las relaciones entre conocimiento y poder. Quienes están familiarizados con las cortes del Renacimiento y el Barroco, con su cultura y sus normas de protocolo, saben que allí el poder se encuentra muy arraigado en los modales, la disciplina y la cortesía del discurso.

Asimismo, saben que a pesar de su apariencia delicada, éste es un factor muy eficaz para la formación de las ideas, la conducta y la identidad individual. A su vez, el poder no existe por fuera de esas prácticas, como una especie de causa independiente, sino que se constituye en ellas. Esta perspectiva sobre la relación entre poder, conocimiento y autoconstrucción se puede aplicar con buenos resultados a un análisis de la carrera de Galileo.

ARMANDO A GALILEO

En muchos sentidos, lo que se presenta aquí es un estudio sobre la autoconstrucción de un científico. Ahora bien, la elección de este enfoque para dar cuenta de la carrera científica de Galileo refleja el carácter de su propia trayectoria social. En efecto, Galileo comienza su carrera como integrante de una cultura socioprofesional específica: la de los matemáticos.

Sin embargo, en el proceso de migración a la corte, logra recrear su identidad para pasar a ser una especie atípica de filósofo, que en el momento no tiene atribuido ningún rol social ni cuenta con ninguna imagen establecida.

Se podría decir que Galileo se reinventa alrededor de 1610 cuando se transforma en el filósofo y matemático del gran duque de Toscana. Aunque en el proceso toma elementos prestados de los roles sociales y los códigos culturales existentes y los renegocia, la identidad socioprofesional que construye para sí es definitivamente original.

En este libro se rastrea la articulación de esa nueva identidad socioprofesional (el “nuevo filósofo” o “astrónomo filosófico”) dentro del ámbito de la corte y se analiza la relación entre esa identidad y la obra galileana. Para ello, se reconstruyen la cultura y los códigos de la conducta cortesana que enmarcan las prácticas cotidianas de Galileo, sus textos, la presentación de su persona y sus hallazgos, y su interacción con otros cortesanos, mecenas, matemáticos y filósofos.

VIDA COTIDIANA, ACTIVIDAD CIENTIFICA Y ARTEFACTO HISTORICO

Esta obra no es una biografía ni una historia social de la carrera de Galileo. Si bien sigue a Galileo en varios años de su vida, rastrea varias de sus disputas científicas y analiza varios de sus textos, lo que pretende es ofrecer un estudio pormenorizado (en algunos casos, hasta microscópico) de las estructuras de su actividad y sus inquietudes cotidianas, para mostrar luego cómo éstas enmarcan su actividad científica.

Aunque algunas tensiones importantes recorren todos los capítulos cronológicamente, aquí no se presenta la carrera científica de Galileo en tanto pasaje de la infancia a la madurez intelectual, ni se adjudica más valor a sus últimos trabajos, como el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo o el Discurso sobre dos nuevas ciencias, que supuestamente son los más significativos.

Lo que interesa en este libro es identificar y examinar desde una perspectiva sincrónica los procesos, las condiciones, los recursos y las limitaciones que dan forma a su vida cotidiana y a su actividad científica y que, con el transcurso de los años, producen ese artefacto histórico que hoy se conoce como la carrera de Galileo.

A modo de conclusión, se presentan algunas reflexiones sobre la posible relación entre la cultura de la corte, el absolutismo político, la legitimación de la ciencia y el desarrollo de las primeras instituciones científicas.

UNA INSTITUCION SIN MUROS

El mecenazgo constituye un tema recurrente en este trabajo, donde se ofrecerán pruebas de que las inquietudes relativas a dicho sistema y al ascenso social no son ajenas a la labor de Galileo. En efecto, tener un mecenas de la corte no representa un mero recurso para ser usado por beneficiarios astutos y lúcidos (como el Galileo de Brecht).

El mecenazgo es un elemento integral en el proceso de autoconstrucción de todos los cortesanos. Como se propone en el capítulo 1, se trata de una institución sin muros, un sistema complejo y amplio que constituye el mundo social para la ciencia de Galileo.

En síntesis, aquí no se presenta al matemático italiano como un mero manipulador racional de la maquinaria del mecenazgo, sino como un científico cuyo discurso está orientado por la cultura del mecenazgo en la que opera hasta el final de su vida, al igual que sus motivaciones y sus elecciones intelectuales.

El estilo de Galileo está impregnado de la cultura cortesana, pero además, como se pretende demostrar aquí, existe una simbiosis entre su compromiso cada vez mayor con el copernicanismo y su proceso de autoconstrucción como beneficiario exitoso en la corte.

No obstante, las inquietudes de Galileo por la cultura de la corte y del mecenazgo no determinan su producción ni su actividad científica, a pesar de que tampoco les son ajenas. En este libro no se pinta el retrato de un “esclavo del sistema” que se adapta a los roles y las expectativas tradicionales para recibir legitimidad.

El poder no censura ni legitima un corpus de conocimiento que existe independientemente de él. Al destacar el proceso de autoconstrucción, no se supone la existencia previa de un “Galileo” que despliega diferentes tácticas en distintos ámbitos pero permanece “fiel a sí mismo”, ni tampoco se lo concibe como un ser pasivo que se deja moldear por el contexto que lo rodea.

En lugar de ello, se pone el acento sobre el modo en que detecta y usa los recursos presentes en ese contexto para construirse una nueva identidad socioprofesional, proponer una nueva filosofía de la naturaleza y crear un público para ella dentro de la corte.

De hecho, el funcionamiento entre 1657 y 1667 de la Accademia del Cimento, creada por el príncipe Leopoldo de Medici, confirma que la incidencia de Galileo en la cultura de la corte florentina se extiende mucho más allá de su muerte, en 1642.

DE LA CORTE FLORENTINA AL JUICIO

Si bien al principio de este libro se analiza el surgimiento de las redes de mecenazgo de Galileo y sus estrategias en la etapa universitaria de su carrera, el foco central está puesto en el período que transcurre entre 1610 y 1633, es decir, desde su llegada a la corte florentina hasta el juicio que sigue a la publicación del Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.

La primera parte del libro está dedicada al paso de Galileo por la corte florentina, mientras que en la segunda se observa su interacción con la corte romana y con el soberano papal.

En el capítulo 2 se explora la eficacia de su migración a la corte, que no se atribuye a lo que hoy sería el valor científico de sus hallazgos astronómicos sino a la presentación de dichos hallazgos como elementos aptos para el discurso de la corte y la mitología dinástica de los Medici.

En el capítulo 3, continúa el análisis de sus actividades científicas en la corte florentina, pero ese análisis se concentra en un debate sobre la flotabilidad que no ha sido muy estudiado y que tuvo lugar allí entre 1611 y 1613. Se trata de la primera confrontación continuada entre Galileo y los filósofos aristotélicos, que hasta entonces eran sus superiores en la jerarquía de disciplinas. En esa ocasión, intenta aprovechar por primera vez los privilegios disciplinarios derivados de su nuevo título de filósofo.

Otro aporte interesante de este análisis de caso es la luz que arroja sobre el lugar de la ciencia en la corte, su protocolo y su relación con los espectáculos. Como se verá, el clímax de la disputa se alcanza cuando Galileo y el filósofo Papazzoni debaten en la mesa del gran duque, con la participación de los cardenales Barberini y Gonzaga.

A partir del análisis de ese debate, en el capítulo 4 se demuestra que la dinámica de la autoconstrucción y de la legitimación sociocognitiva de la ciencia pueden ayudar a desentrañar un problema fundamental en filosofía de la ciencia: lo que se conoce como la inconmensurabilidad entre paradigmas científicos.

El Intermezzo que sigue al capítulo 4 ofrece un esquema del panorama cultural y académico en Roma durante esa época y de su relación con la corte. En particular, se identifican algunas dimensiones específicas de la cultura académica y cortesana en Roma que luego tendrán una función muy importante en las tácticas de Galileo, así como en sus posteriores dificultades.

En el capítulo 5 se ofrece un análisis contextual de la disputa sobre los cometas entre Galileo y el matemático jesuita Orazio Grassi. En el transcurso de esa disputa, cada vez más circunscripta al ámbito romano, Galileo publica El ensayador, un texto que ha desconcertado a muchos especialistas en el autor debido al carácter problemático de su contenido científico.

En ese capítulo se trata de examinar la relación con Roma del mismo modo que en el capítulo 2 se estudia la relación con Florencia, o sea, analizando el uso que hace Galileo del discurso cortesano para legitimar sus ideas sobre los cometas y presentarse como un filósofo de la naturaleza sofisticado y cortés.

El capítulo 6, por su parte, propone una reinterpretación del juicio a Galileo. Tras reponer el contexto mediante un análisis de las dinámicas peculiares que impulsan el mecenazgo y los ciclos generacionales en la corte romana, el capítulo se centra en una práctica característica de las cortes: la caída del favorito (como se la describe en los tratados de la época).

Al aplicar algunos aspectos de esa práctica en el análisis del juicio a Galileo, se observa que los acontecimientos de 1633 no derivan sólo del choque entre la teología tomista y la cosmología moderna, sino también, en la misma medida, del choque entre la dinámica y las tensiones que caracterizan la sociedad y la cultura de la corte barroca.

En síntesis, los mismos procesos que posibilitan la carrera de Galileo y sus esfuerzos por legitimar la astronomía copernicana también les ponen fin.

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SISTEMA DE LOS CIELOS (SISTEMA DEL MUNDO) I. A. HUGUETAN, 1641.
Imagen: Gentileza Burndy Library
 
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