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Viernes, 30 de octubre de 2015

MúSICA

Sola y pecando

A poco de volver a nuestro país, la cantautora uruguaya Ana Prada recorre sus tres discos solistas mirando de cerca los temas que la obsesionan: la violencia, el amor, la ciudad y el campo y el rol de las mujeres en un mundo aún muy machista. Sin etiquetas y con una sutil ironía les canta a la soledad y al “pecado” principal: ser feliz sin pareja.

 Por Silvina Herrera

Soledad, pecado y otredad, tres modos de ser que están presentes en las canciones de Ana Prada como un testimonio sincero y firme, pero no estridente. “Soy sola” canta, para salir de ese lugar común todavía impregnado que dice que la soledad en la mujer es mala compañera y que necesitamos otro (sobre todo en masculino) para completarnos. “Soy sola y vuelan sombreros”, canta a la soledad no como sinónimo de tristeza, sino como una situación que se puede elegir a voluntad y con alegría. En “Soy pecadora” hay una ironía a esa condición que prejuzga el pecado y libera un espacio para disfrutar. “Soy pecadora y qué” dice la letra en una intención de abrirse al placer sin importar lo que piensen lxs demás. En “Soy otra” habla de la vida después de los 40 y afirma que la juventud no es el sueño idílico que nos quieren hacer creer. “El amor es una trampa para conservar la especie”, asegura.

Los tres discos, Soy Sola, Soy Pecadora y Soy Otra, forman parte de una trilogía autorreferencial compuesta e interpretada por la uruguaya Ana Prada con tonos de folklore y aires de modernidad pop. La cantautora nació en Paysandú, vivió gran parte de su vida en Montevideo y hace un año se fue a vivir al campo, para tener nuevas experiencias y acercarse a la naturaleza. Suele cantar rodeada de músicxs consagradxs y sus primeros pasos en Buenos Aires fueron subiendo a tocar en recitales de Jorge Drexler o Fernando Cabrera. Con el tiempo y las canciones, se hizo un lugar y hoy tiene una identidad y un público fiel que la espera cada vez que cruza el río para colgarse la guitarra y pronunciar melodías íntimas que aspiran a la universalidad. “Escribo mis canciones con ironía. Soy pecadora es el disco que más se acercó a la temática de género, me refiero a la mujer metida en el mito cristiano que comió la manzana, estamos acostumbradas todavía a ver al héroe bueno y a la mujer mala que lo hace pecar o a los roles en la publicidad. Hice esta canción riéndome un poco de lo que se sigue considerando pecado”, sostiene desde el otro lado de la línea en la mitad de su gira que la traerá de nuevo a la Argentina.

Sus letras hablan de amor, pero no del modo romántico más lineal, hay una búsqueda para contarse desde adentro, una catarsis hecha con armonías, silencios y un poco de desilusión. “Me pasó de todo desde que empecé a componer: me enamoré, me separé, me volví a enamorar. El amor sigue siendo el eterno móvil, el mayor de todos y la canción de amor es algo con que todos nos identificamos, es una temática inagotable, que genera mucha representatividad”, dice esta mujer que pasó los 40 y no tiene miedo a gritarlo: “Los 40 me cayeron parada en el medio de mi vida. No creo que cambie para mal, ahí también uso la ironía. En este mundo donde la juventud, la belleza y la delgadez son valores extremadamente sobrevaluados, como si una se valiera o fuera por cómo se ve, para mí los 40 me hicieron entender que había vivido mucho, pero todavía tengo la fuerza y la capacidad de seguir haciendo cosas para adelante. Me gusta mucho esta edad y me falta hacer muchas cosas, pero tengo una vida feliz, estoy donde quiero estar. Enamorada, con trabajo y proyectos. No me quejo, pero sí quiero seguir aprendiendo cosas. Me mudé, ahora vivo en el campo y quiero hacer cosas relacionadas con la naturaleza. Quiero hacer discos nuevos, discos con otras personas, giras, viajes. Tengo muchas ganas de conocer lugares de Latinoamérica que no conozco y que me parece que tienen un gran valor humano que hay que redescubrir”.

Yendo de la ciudad al campo

La vida en el campo le abrió un nuevo mundo de posibilidades y de estados de ánimo. Los ruidos se vuelven más nítidos, las distancias se alargan y los momentos se transforman en espacios para contemplar sin horas que corren a contrarreloj. “Yo viví en el campo de chica, me mudé a una chacra, tengo gallinas, caballos y estoy viendo cómo producir, estoy armando la huerta. Me da mucha felicidad, no le está haciendo bien a mi música, porque estoy contenta, vivo afuera, siempre tengo algo para hacer. Te influye porque ves cosas nuevas de la naturaleza, la araña comiéndose a la abeja, cosas fuertes y maravillosas. Si una se sienta bajo un árbol, observa y tiene mucho que aprender. Tengo largas horas de soledad, porque la vida en la ciudad está más rodeada de gente. Tengo visitas, pero esa cosa de la presencia continua de los otros no se da tan fácilmente. Esa cantidad de horas sola genera algo diferente también”, cuenta y adelanta que dentro de poco va a empezar de nuevo a componer para crear su cuarto disco, que ya no tendrá el ser como verbo inicial, pero que mantendrá el sentido autoreferencial: “Voy a seguir haciendo canciones. Quiero hacer un disco más polenta, relacionado con la cuestión de género. No me escapo de la realidad. Toda obra tiene la subjetividad absoluta de su autor o autora, pero no significa que todo me haya pasado a mí, es mi lectura de cosas de la vida. Lo autoreferencial es inherente a cualquier manifestación artística. Estoy con ganas de salirme de la temática tan cercana y hacer una canción que describa la realidad, contar la historia de otro, sin hacer un panfleto”.

Ana Prada empezó cantando canciones de otros, pero de a poco se animó a componer, teniendo como referentes a otras mujeres del folklore que crearon sus propias canciones como Violeta Parra, María Elena Walsh o Teresa Parodi. Hoy es una influencia para muchas chicas que empiezan a tocar y le acercan sus canciones como un modo de agradecimiento. A pesar de la diversidad, hay un movimiento de música uruguaya del que ella es parte. “Creo que hay una cantidad de compositores y compositoras que están haciendo cosas y puede haber un hilo conductor generacional, ya que muchas vivencias son las mismas. Somos una generación que se educó en la dictadura, y cuando fuimos creciendo vivimos una apertura, esto determina una forma de crear. Pero yo no me siento rioplatense, me siento litoraleña, yo soy de Paysandú, nací en el campo. No tengo candombe, no me sale cuando compongo, me salen otros ritmos. Lo rioplatense lo asocio con algo más urbano, como Fernando Cabrera que para mí es un maestro absoluto. Jaime y Rada son rioplatenses, algo más de puerto, y yo no sé si en mi música está claro eso. Tal vez está porque viví en Montevideo la mitad de mi vida, pero me siento más cerca de lo litoraleño”, explica a la hora de intentar darle un entorno a lo que hace. Para ella definir la música es cosa de lxs críticxs o de sus seguidores: “Me cuesta definirme. Son canciones de autora, creo que compongo letras musicalizadas. Tienen un aire folklórico, usamos mucho el acordeón, pero no es género puro. La canción se viste sonoramente en función de la emoción que la generó, como Soy sola que la imaginaba como en una kermese. Donde una se sitúa geográficamente en la imaginación a la hora de componer determina el género”.

“Hoy te pusiste tu vestido, el prohibido, Vos inconsciente, tan decente, desmedida. Tu figura se la lleva la calle, de ese farol, en la esquina te espero, desmedida, inconsciente, sin alivio”, dice la letra de Tu Vestido, una canción que utilizó el movimiento de mujeres llamado Mujeres de negro, similar al Ni una Menos nuestro, que recorre las calles de Montevideo para gritarle a la violencia machista: “Estuve con ellas cuando usaron mi canción. Son mujeres víctimas de violencia o madres de mujeres muertas que un miércoles por mes se paran en determinado lugar de la ciudad vestidas de negro, con los carteles y las fotos de las víctimas. Es un movimiento increíble, con cada vez más apoyo. En Uruguay es espantoso la cantidad de mujeres que mueren víctimas de la violencia. Es necesario que le crean a la mujer que va a ser una denuncia y que se tomen medidas, para que dejemos de morir”.

Ana Prada se presenta el 5 de noviembre en la Sala Siranush, Armenia 1366, CABA, a las 21.

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