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Viernes, 13 de noviembre de 2015

MONDO FISHION

Susurros en las firmas de lujo

 Por Victoria Lescano

El nuevo objeto de análisis y de crítica para lxs expertxs de moda excede a las cartas de colores, los estilos, las inspiraciones y texturas, para en cambio focalizar en los culebrones de despidos y de renuncias en las principales firmas. Durante octubre trascendió que el holding chino que cobija a la firma Balenciaga no renovaría el contrato del diseñador Alexander Wang, de 31 años, quien se desempeñó en la firma desde 2012 y luego de la renuncia del belga Nicholas Ghesquiere. Además de sus prédicas del estilo deportivo, impuso una modalidad de saludo final risueño y con saltitos de entusiasmo, muy lejos de los modismos que revelan las enciclopedias de moda acerca de Cristóbal Balenciaga (de su resistencia a siquiera hacer vidrieras para que las clientas contemplaran sus milagrosos diseños o la afirmación ante la revista Paris Match: “la de los modistos es una vida de perros”). El joven Wang, además de hablar mandarín sentó a las siniestras chicas Kardashian en la primera fila de sus desfiles, se paseó con Lady Gaga por el Met Museum, acercó la cultura del entretenimiento a la moda y los nuevos modelos de Balenciaga subieron sus ventas. El conglomerado Kering (así se llama la firma propietaria) no dio detalles acerca de la decisión pero afirmó al Women’s Wear Daily que “ya estábamos buscando al nuevo diseñador de Balenciaga en reemplazo de Wang”. Y hacia fines de octubre otro titular y noticia de último momento hizo foco en la moda: se trató del despido de Alber Elbaz, el diseñador que durante catorce años se desempeñó en la firma Lanvin al punto que logró reinsertar una firma revolucionaria de los años veinte pero que se encontraba en la quiebra entre las favoritas de las consumidoras del siglo XXI. Además de renovar la alta costura sin facilismos, Elbaz se atrevió a lanzar un fashion film que parodiaba la vida de lxs modelxs– sus protagonistas bailaban pésimo al ritmo de Pitbull y el modisto ensayó unos pasos de reggaetón desde su silueta robusta a lo Hitchock–. El anuncio oficial de la firma que desde 2001 tiene como directora a Shaw-Lan Wang, la dueña de un periódico de Taiwan y devota del uso del tradicional quipao remixado con largos collares de perlas inicialmente esgrimió: “Que deseaba agradecer al creativo israelí radicado en los Estados Unidos por el capítulo que escribió en la empresa en su historia de más de más de 125 años”. Cuando trascendió la noticia, 330 trabajadores de la firma marcharon para protestar por el despido y exigieron que la señora Wang se presentara en París; hasta el ministro de cultura se manifestó en contra de los cambios en la casa fundada por Jeanne Lanvin y que durante 2015 fue celebrada con una muestra en el museo de la moda Galliera. Pero las discusiones entre la señora Wang y Elbaz se acentuaron cuando la firma puso en duda la calidad de los diseños. Antes de que trascendiera el despido y en ocasión de ser premiado en Nueva York, el modisto había enunciado su descontento para con los actuales modales de la moda: “Los profesionales de mi generación empezamos como unos simples modistos con sueños, emociones y aspiraciones. Nuestras únicas cuestiones giraban en torno a satisfacer las necesidades de las mujeres. De repente todo se convirtió en directores creativos que además de crear, dirigen y captan imágenes que protagonizan ellos mismos en los que tienen que asegurarse que salgan favorecidos. Gritar es la nueva norma, pero yo prefiero los susurros”.

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