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Viernes, 13 de noviembre de 2015

PERFIILES > CAROLINA ARDOHAIN

Nunca tan perfecta

 Por Sonia Tessa

¿Viste lo de Pampita? La pregunta irrumpe en clase de inglés, en la cola del colectivo, en la oficina, en el supermercado, y vos que te abstenés de mirar Intrusos o cualquiera de sus sucedáneos, estás escuchando de pronto que fue una empleada doméstica quien filtró la grabación de la modelo, empresaria, una de las mujeres más exitosas de la Argentina, en una discusión muy íntima con su pareja, Benjamín Vicuña. Quien afirma que Pampita no es trigo limpio no la conoce, repite lo que dijo un conductor de televisión, en plena hora de la siesta. Los audios de la pelea se hicieron públicos, sin el consentimiento de ninguno de los dos protagonistas. En la Argentina, el artículo 52 del Código Civil protege el derecho a la intimidad aunque quizás sea demasiado pedir que los conductores de los programas de la tarde lo conozcan. Y en el regodeo que se extendió durante días se notó que para las mujeres –en este caso, para Pampita– no es suficiente con cumplir con todos los mandatos del mundo, siempre habrá algún resquicio para quemarlas en la plaza pública, en este caso, con forma de televisor.

Pampita se llama Carolina pero todo el mundo la conoce por su apodo, tomado de una historieta de Horacio Altuna en el diario Clarín de los años 70. Nacida en La Pampa, ella con sus curvas como dibujadas es muy parecida a la mujer perfecta de acuerdo a los cánones de la belleza establecidos. Desde este suplemento se defiende que cada mujer es dueña de hacer con su cuerpo lo que desee, y ella lo ha convertido en su mejor obra. Habla poco, siempre medida, pero también decidida, jamás cuestiona los lugares que la sociedad tiene reservados para sus congéneres. Como mujer, como empresaria y como madre cumple el libreto a la perfección. La tragedia la golpeó en septiembre de 2012, cuando su hija Blanca murió a los 6 años. Tiene otros tres hijos, el más pequeño de 10 meses. Por ellos se cansó de pedir –esta semana nomás– que respeten su intimidad.

Hace una década cambió radicalmente su vida cotidiana para jugarse por el amor del actor chileno y, aunque lo cuenta como “una locura”, también allí redondea su perfil de mujer perfecta, objeto de admiración y envidia, que es capaz de dejar todo por amor.

Su intimidad avasallada despertó solidaridades –la de esta columna es ferviente– y también el morbo de buena parte de quienes se sientan a espiar las vidas ajenas todas las tardes. Ella se refugió en el hermetismo. Sólo rompió el silencio con un tweet del 16 de octubre, donde le preguntaba a Jorge Rial “¿por qué tanto odio hacia mi persona?”. El mismo Mario Pergolini había cuestionado –invitado al programa en el que se difundieron estos audios– que se ventilara semejante intimidad. Rial respondió con cinismo que se trataba de personas públicas.

La respuesta la dio la misma Pampita por la televisión, esta semana. Es evidente que sabe lo que hace, y es difícil de manipular. Lo demuestra en cada nota, mucho antes de que su intimidad fuera puesta en la picota. Hace pocos días, Desayuno Americano y AM la fueron a buscar a la salida del supermercado. La frase que repitió como 30 veces es que no tenía nada que decir, y que se trataba de asuntos privados que se resolverían en la intimidad. Todo con una sonrisa y sin levantar la voz.

Que además, la difusión de los audios haya puesto a circular los estereotipos de género más difundidos, la excede por completo. Aquello de que las mujeres hablan mucho y hartan a los hombres fue uno de ellos, que se escuchó, incluso, como justificación de esa institución patriarcal que es la infidelidad masculina. Pero también hubo otro, la sorpresa de que una mujer perfecta como Pampita haya sido engañada. Esa construcción tramposa –la que justifica la infidelidad como una “falla” de la mujer que “no le da todo lo que necesita” el marido– tuvo una expresión divertida, pero no por eso menos falaz. “No te preocupes por la pancita, las arañitas, los kilos de más. Pensá que la cagaron a Pampita”, dice el cartel que circula por Facebook. Siempre, haga lo que haga, será ella, la mujer, la que esté en discusión.

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