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Viernes, 13 de noviembre de 2015

ESCENAS

Algo huele mal

Los podridos expone desde una mirada crítica las injusticias que padece una familia que se resiste a dejar su vivienda precaria rodeada de residuos tóxicos.

 Por Carolina Selicki Acevedo

Las paredes que se vienen abajo, la cama que cruje, el ventilador que aturde, la cocina invadida por el laboratorio que ya no es. Restos de hace 10 años caben ahí. Menos ellos. También parecen restos, de la familia que intentan ser. La muerte de su esposa obligó a Jaime (Guillermo Osuna) a hacerse cargo de sus hijxs Alegría (Florencia Mattioli) e Hilario (Ranaldo) y de Brigitte (Delfina Robles) y, de a poco, a convertirse en su peor versión. Mientras, el cuerpo de la difunta sigue en el patio, como si eso lograse retenerla un poco más en este plano terrenal. En medio del dinero que escasea, de la suciedad y de la toxicidad reinante emergen los sueños y luchas de ellas. Alegría desea poder perfeccionarse en danza en la Capital y Brigitte busca salir del encierro, de la rutina impuesta, del cuerpo sometido, cuidar a la distancia a su pequeño hijo, crianza de la cual está privada también. Ambas desean no estar ahí. Alegría se ve sumida en la promesa de una ayuda que está por llegar. Mientras, vive entre fantasías y acercamientos demasiado cercanos con su hermano. Brigitte, en cambio, planea la venganza, y por ende, la libertad. Ha grabado a los funcionarios que han pasado por esas cuatro paredes y no parará hasta que se escuche en todas partes. Mientras, el agua podrida de los ríos y alrededores continúa tomándose con un filtrado casero, ignorando las enfermedades mortales –cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia. Frente a ese cuadro familiar, se presenta Juan Karlic (Nicolás Bermúdez), heredero de la planta potabilizadora, quien intenta impedir que siga funcionando el laboratorio clandestino y recuperar el terreno, obligando a la familia a dejar lo poco que tiene valor en sus vidas.

Los podridos es la segunda creación de Florencia Cagliero como dramaturga y directora y tiene ejes en común con la anterior puesta, Matar a uno mismo, en la elección de un espacio reducido y una impronta política aunque desde el humor. “Este tipo de espacios potencia el nivel de intimidad, además son dos historias donde la opresión y el ahogo forman parte de la temática. No imagino aún a mis personajes respirando grandes aires. Lo político en ambas obras me brota desde el dolor, desde las injusticias y desde el resentimiento con algunas cuestiones sociales y vinculares. En la obra anterior pensé de antemano atacar a la burocracia y el consumismo, ahora, se expresó naturalmente, desde la búsqueda dramática de los conflictos de los personajes”, aclara.

Con ecos que aún resuenan, la historia ataca varios frentes con muy buenas actuaciones y una estética decadente que profundiza más allá de lo aparente. Aquellos que parecen vulnerables esconden un as bajo la manga pero la viveza no es tanta y el poder recae en los poderosos, en los que se dicen dueños de las tierras, hasta que la situación se les vaya de las manos y genere un final abrupto. Quienes habitan la casa aparecen como “una imagen arraigada de mi infancia y raíz”, según cuenta Florencia, y agrega sobre los personajes: “Los hijos expresan su deseo de que no les corten las alas, son ariscos, no quieren reglas de crianza ni reglamentos sociales y, sin embargo, están completamente atados a ellas, entonces, despiertan el mayor de los deseos ante todo lo que esté prohibido: hacer por atrás, fantasear, ahorrar, planear la huida, los deseos carnales, ser primitivos en revelación a lo infeliz de los métodos represivos. Sin dejar de ver qué golpes recibió el padre para armarse de tal modo y temer tanto por ellos”.

Cagliero, formada en teatro por Bernardo Cappa, Julio Chávez y Andrés Binetti, entre otrxs, es también cantante. Actualmente se encuentra escribiendo su tercera obra que transcurre en una sacristía, y trabajando en la edición de Chúcara, segundo libro de prosa poética, a lanzarse a comienzos de 2016. l

Funciones: domingos de noviembre, 20.30 horas. Fandango teatro, Luis Viale 108. Reservas: [email protected]

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