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Viernes, 15 de abril de 2016

ENTREVISTA

Osadía

Actriz, dramaturga, cantante y compositora, Maruja Bustamante tiene 37, dirige desde los 20, y este año, al teatro y la música les suma su debut en el cine junto a Lali Espósito. Sobre sus obras, compiladas en un libro editado por Blatt & Ríos, pero sobre todo la que tiene actualmente en cartel, donde se sube al escenario disfrazada de oso misógino, habla en esta nota.

 Por Marina Yuszczuk

Los últimos sábados a la noche se viene disfrazando de piloto de avión para darle vida a Oso, el protagonista de la obra homónima que escribió el último verano inspirada en la premisa de que el hombre es como el oso, cuanto más feo más hermoso. Ella misma es una chica hermosa pero le importa poco: llegado el momento, de pantalón y bigotes, no tiene problemas en hacer bromas chocantes sobre las mujeres ni en demostrar cómo se hace un cunnilingus en la nariz de Gonzalo Pastrana, su partenaire que interpreta a una dulce azafata en esta pieza atípica, tramada por disquisiciones sentimentales, un toque de brutalidad y canciones melancólicas. De esta y otras producciones de Maruja que se compilan en Hija boba y otras obras, editado por Blatt & Ríos, hablamos bajo la luz de un reflector en El estepario, entre butacas vacías.

¿Cómo llegaste a este personaje masculino que se levanta minas y canta canciones de amor?

–Yo hace rato que quiero hacer un personaje masculino. Y también trabajar con Olmedo, con sus chistes fáciles y todo ese imaginario machista. Yo era muy fan de Olmedo, me acuerdo de mi mamá llorando cuando se cayó de ese edificio. En un programa habían hecho una recreación de la caída con un muñeco, mi mamá lo había grabado y cada vez que lo miraba, lloraba, ¡por el muñeco! Yo estaba en Costa Rica en diciembre porque fui a hacer Maruja enamorada, una obra de Vivi Tellas en la que actúo, y me llaman de Timbre 4 preguntando si podía hacer algo. Les dije que si ellos confiaban en mí podía armar algo nuevo, en dos meses. Allá estaba Gonzalo Pastrana que es el que interpreta a la azafata en la obra pero como estaba de viaje, primero se me ocurrió que el personaje fuera una chica que habla de su amante, un piloto de avión después pensé que el piloto podía ser el que hable y que podía interpretarlo yo. Lo fuimos armando con Gonzalo y él hizo las canciones que tocamos durante la obra. Me gusta mucho Elvis Presley, también le gustaba a mí mamá, entonces lo que hicimos fue ver ese recital mítico que dio en Las Vegas, eso nos inspiró para la música. Además de Olmedo, la idea fue tomar a Elvis sobre todo, hacer algo así como “Elvis fantasy”.

El protagonista de Oso es un tipo machista, habla de las mujeres haciéndose el canchero, pero hay un momento en que vos empezás a desarmar ese personaje, ¿no? Le mostrás ese otro costado más sentimental que Olmedo claramente no tendría.

–No, no lo tendría. En un momento, sobre todo cuando me vestí de hombre y me vi con el traje, los bigotes, pensé, “Es Maruja disfrazada de hombre, tengo que ser consciente de qué opina Maruja, la que está metida en ese disfraz, sobre lo que está diciendo Oso”. Ahí apareció ese otro lugar más sentimentaloide, más romántico que tiene el personaje. También fue por escuchar a mis amigos varones, hay muchas frases que están en Oso que me las dijeron alguna vez mis amigos. Así se fueron configurando los sentimientos de ese hombre que interpreto. No soy ingenua cuando escribo, pensé que la gente que venía a ver la obra se podía preguntar qué opino de las barbaridades que dice mi personaje. Tampoco quería que Oso fuera una especie de panfleto feminista, sino que se viera la contradicción en el personaje. A mí me gusta mostrar, “Miren esto puede ser así”; al personaje siempre hay que darle una contradicción porque si no queda como una especie de parodia y no quería eso. Ni siquiera me aplasto las tetas para hacerlo más realista, quería que se viera que es Maruja disfrazada que está jugando, me gustaba más esa idea.

Nombraste un par de veces a tu mamá y los gustos que compartías con ella cuando eras chica, ¿pensás que un poco de ahí viene tu obra, o aunque sea algunos aspectos?

–Yo creo que sí. Lo que yo escribo o creo es una realidad aumentada que se arma a partir de lo que observo, así construyo la ficción. Puede ser sobre una anécdota familiar, algo que vi en la calle, un libro que leí. De vez en cuando puedo llegar a dialogar con otra obra de arte también. Casualmente el año pasado vi todas las RuPaul Drag Race (un reality que transmitió VH1 donde varios varones compiten para ser la mejor drag queen) y me volví loca, me encantó, entendí algo sobre actuar que fue como una revelación porque pensaba, “Esto es lo más falso que puedo ver y es una cosa totalmente verosímil, orgánica, y me gusta mucho verla”. Porque otra cosa que me fascina es la fantasía, crear una fantasía, una ficción total sobre un cuerpo por ejemplo. Como RuPaul, que encima hace el doble juego, se muestra como hombre y como drag y en los dos casos es monumental, todo es ficción, él mismo es una fantasía y eso me fascinó. Cuando me puse a escribir Oso algo de todo eso vino naturalmente.

En las obras tuyas que publicó Blatt & Ríos hay algunas que tienen un grado de artificio bastante importante como Paraná Porá, pero en otras la ficción es una línea muy fina y se tiene la sensación al leerlas de que casi no te estás disfrazando, como pasa con Hija boba.

–Lo que pasa que en un momento se cruza Vivi Tellas en mi vida. Pero en el caso de Hija boba yo quería hacer un ejercicio de estilo sobre Florencio Sánchez, que ponía una línea muy delgada entre la realidad y la ficción. Cuando yo leo las cartas que escribió Florencio Sánchez, incluso sus obras, me siento identificada con esa cosa existencial del artista con respecto a lo material que me angustia muchísimo. Está todo el tema de ascender socialmente o de vivir del arte, y esa obra es mi humilde diálogo con él. Después me pidieron que haga la otra que es Nació en primavera, esa directamente es una versión más piadosa, inventada por mí, de la voz de mi papá. O de la voz que me gustaría que él tenga. Lo único que es real de esa obra es que él me dijo, “Yo a veces te veo roncando y pienso que un monstruo se agarró a mi hija”. Lo que pasa que hay cosas que dice mi papá que de por sí son poéticas. Crueles, pero poéticas. Entonces yo siento a veces que no necesito más que replicar eso.

Parece que tu relación con el teatro fuera sobre todo auditiva, como que siempre estás escuchando. ¿Cómo llegás a la escritura a partir de eso?

–Siempre me cuentan que cuando era más chiquita quería ser el centro, cantar y bailar y que todos me vean, pero en un momento de la pubertad me convertí en una observadora. Ahí empecé a escribir cuentos, poemas, retratos de lugares. Yo iba mucho a Entre Ríos a los trece o catorce años. La esposa de mi papá es entrerriana, de Villaguay, y fui mucho allá en vacaciones o a pasar las fiestas. Ahí me regalaron Juan L. Ortiz, que me mató. Me encanta el litoral, es salvaje y hostil y lindo, me encantan los colores, lo que puede pasar en un atardecer ahí o como pueden dar la sombra los árboles, el agua, el verde que va subiendo más y se pone flúo, me vuelve loca. Siempre leí mucha poesía porque mi maestra fue Helena Tritek que me daba Pessoa, Marosa di Giorgio, Trakl, Silvina Ocampo, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath. Ella me dio mi librito de Pizarnik de los catorce años que todas las chicas recibimos en algún momento, sus obras completas de Corregidor que me acompañaban siempre en mi mochila. Y escribo poesía mala para mí, un poco Dios tenía algo guardado para nosotros es un intento de exorcizar mi poesía mala porque Floriana Rossi (la poeta que leen los personajes de esa obra) soy yo, es como que son poemas malos, queriendo imitar otra cosa.

¿Y cómo influyó tu encuentro con Vivi Tellas en la idea que tenés sobre el teatro?

–Un día Vivi me dijo “Ponete radical con tus ideas estéticas, ¿por qué no? ¿por qué querer gustarle a alguien?”. Una lo piensa todo el tiempo pero un día te cae la ficha. El punto de inflexión es Dios tenía algo guardado para nosotros, una obra donde me permití no poner didascalias pero sí poemas, canciones, diálogos muy pensados, estrictos. Está todo muy pensado y sin embargo quedó muy suave, a diferencia de Paraná Porá que es más jugosa y tiene esas palabras raras, pero todo es más “teatroso” en un sentido, más espectacular. La referencia para la vestuarista en Paraná Porá era Mad Max. Las actrices estaban vestidas con objetos reciclados, una tenía una pollera de llantas, estaban pintadas con barro y azul. Con Dios tenía algo guardado para nosotros pensé en una obra que quizás se pudiera leer solamente, y donde la escucha sea importante. Yo cuando dirigía a los actores les decía “No hay cuerpo”, esta es como una obra de pensamiento, de locura. Lo que yo hacía se cruzó un poco con el biodrama que hace Vivi Tellas, o el teatro encontrado, donde ella ve que en la realidad hay ficción, hay drama, por eso no hace falta ficcionar de más. En cambio a mí me gusta la fantasía, entonces yo traté de fusionar esos dos modos sutilmente, encontrar un punto intermedio entre yo que soy más “el litoral” y eso otro más despojado, más sutil.

De todas formas vos también tenés un lado muy pop, además de esa fascinación con la oralidad.

–Yo eso creo que se lo debo a varias cosas, por ejemplo el primer lugar donde yo voy a bailar de noche es un boliche gay, y la primera música que bailo es la música pop a los 16 años. Escucho otras cosas, por mis compañeros de la secundaria escuchaba punk. Pero me importaba la cuestión de no ser marginada por la variable que sea; en un boliche gay yo sentía que no me iban a estar diciendo “gorda” ni me iban a estar cargando, que ahí podía hacer lo que se me cantara realmente. Sentía una libertad y una aceptación que la verdad no la sentí en otros lados en la adolescencia. A eso se le suma que yo no vengo de una familia intelectual ni profesional, vengo de una familia que tiene prendido el televisor todo el día, creo que eso hizo que yo tenga todo un imaginario pop que al principio me daba vergüenza, después lo empecé a sacar y ahora trato de ver qué es lo que quiero hacer con eso. Una de las cosas que hice fue una banda que se llama Te amo, yo de adolescente quería ser la cantante de una banda punk pero siempre fui también romántica y rosa, y Te amo es las dos cosas, es punk y es un muffin.

Maruja Bustamante se presenta con Oso en El estepario (Medrano 484) todos los sábados a las 23 hs.

El disco de su banda, Te amo, se puede escuchar en: teamocanciones.bandcamp.com

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Imagen: Constanza Niscovolos
 
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