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Viernes, 17 de junio de 2016

ACTIVISMOS

En construcción

Organizaciones de alumnxs de varias facultades de la Universidad de Buenos Aires lanzaron la Campaña por una consejería integral de salud sexual, reproductiva y no reproductiva que brinde asistencia y contención a estudiantes, docentes y no docentes, y a la comunidad de cada territorio, con una perspectiva inclusiva de los géneros y para desarmar el discurso médico hegemónico.

El lanzamiento de una campaña para la creación de consejerías integrales de salud sexual reproductiva y no reproductiva en la Universidad de Buenos Aires (UBA) que contengan y asistan a alumnxs, docentes y no docentes aunque también abiertas a la comunidad, es un proyecto largamente anhelado por alumnas de diferentes carreras que palparon, al calor del Ni Una Menos, la urgencia de crear un dispositivo poderoso en ámbitos de formación clave, como son las facultades. Pero la iniciativa cobró un impulso diferente, de rabia y dolor, en los últimos días, cuando una catarata salvaje de violaciones múltiples arreció espantosa, casi en paralelo a la manifestación de diferentes organizaciones de mujeres este lunes frente a la Casa de Salta, en reclamo de Justicia por Juana, la niña wichí de 12 años con retraso madurativo violada por ocho varones, que no pudo acceder a un aborto legal y debió soportar una gestación de 31 semanas hasta la interrupción de su embarazo por inviable.

“Fue muy crudo, a días apenas de la última movilización de NiUnaMenos, vernos cruzadas por tantos ataques machistas y patriarcales renovados, con el femicidio como último eslabón letal. Sin embargo esos coletazos de horror nos confirmaron que vamos por buen camino ahora más que nunca en la decisión de promover las consejerías integrales”, dice Lucía Zanini, estudiante de Ciencias de la Educación de 27 años e integrante del colectivo MUE en la facultad de Filosofía y Letras, que, impulsa el nacimiento de esos espacios.

Lucía explica que las varias claves de las consejerías se encuentran en la discusión de políticas para poder abordarlas con perspectiva de género desde la salud “entendida como algo integral; no limitada a una mirada biológica sino extensiva a lo social y cultural. La universidad es territorio fértil para generar espacios donde estudiantes, docentes y no docentes puedan ser escuchadxs y empoderadxs para tomar autónomamente decisiones sobre su sexualidad y sobre diferentes métodos anticonceptivos”. El proyecto es ambicioso: también promueven que las consejerías aborden temas vinculados a prácticas sociales educativas de currícula obligatoria.

Junto con las agrupaciones La Sampay, en Derecho, y Gulp, en Ciencias Económicas, el MUE nucleado en Ciencias Sociales, Psicología y Ciencias Exactas toma el guante de otro camino trazado por la corriente universitaria Seamos Libres, impulsora de las consejerías pre y pos aborto, y de un protocolo contra las violencias que el año pasado fue aprobado por el Consejo Universitario pero que todavía no cuenta con asignación presupuestaria. “Son herramientas vitales en momentos en que el Gobierno está desmantelando centros de atención a víctimas y designa pocas o ninguna partida a dispositivos de atención en salud sexual.”

Asimetrías marcadas entre docentes y alumnxs, situaciones discriminatorias con nombre y apellido, cátedras con profundo tinte misógino y el temor a rendir finales para no cruzarse con profesores capaces de dejar la autoestima en carne viva, son otros grandes significantes del por qué hoy más que nunca es imperiosa la implementación de consejerías interclaustros. “Son muchxs lxs que no quieren rendir un final por miedo a que les toque tal o cual profesor, lxs que temen transitar por los pasillos de las facultades”, lamenta Lucía. “Y tampoco hay denuncias internas porque se trata en muchos casos de materias obligatorias. Por eso es vital que “podamos encontrarnos en paz para contar, y después veremos el curso que se les dé a esos relatos. Las consejerías podrían ayudar a quitarse un peso de encima.”

Valentina Viola Frei, 26 años y una licenciatura en Ciencias Geológicas cursando en Ciencias Exactas, entiende que esta colectiva de la que forma parte puede trasvasar cualquier área de estudio, si bien en Exactas deberá ir de la mano de la especificidad de la carrera. “Trabajamos con el rol de la mujer en el sistema científico y las violencias machistas que sufren, por ejemplo al no ocupar espacios de relieve en el Conicet ni en el Ministerio de Ciencia y Tecnología.” Hay un cambio social emergente que, para ella, debería involucrar a toda la población. “En la UBA y en todas las instituciones educativas en general. Mientras la Educación Sexual Integral no llegue a todos los niveles educativos, la consejería se impone como herramienta de asistir derechos sexuales reproductivos y no reproductivos, y dar discusiones de pensamiento crítico también, poniendo en jaque el sistema médico hegemónico.”

Las jornadas y debates semanales, hasta que concluya junio, se volvieron tierra fértil en claustros donde hasta hace dos años “no pasaba nada”, asume la estudiante de Trabajo Social Lucía Figueroa, de 23 años. “Empezamos a deconstruir discursos machistas hacia adentro de nuestras agrupaciones para priorizar discusiones de género. Está claro que Ni Una Menos y los sucesos de estos días, como el de la niña wichí y el de otra nena víctima de una violación múltiple en Tandil, hicieron que nos caigan muchas fichas juntas.”

Lucía sabe que la campaña latirá vigorosa en tanto se priorice el trabajo conjunto de militantes y estudiantes independientes. “Por suerte en Ciencias Sociales se pueden discutir cuestiones como el protocolo de interrupción voluntaria del embarazo, las violencias machistas contra las mujeres y personas de otras identidades autopercibidas. No tengo dudas de que esta campaña instalará una serie de articulaciones aceitadas para necesidades que hoy no obtienen respuestas. Cuando hablamos de violencias, lo único que queremos es vivir, pero además se nos niega el derecho al deseo y se nos somete a encasillamientos.”

Un buen cuaderno de bitácora para acercarse al proyecto y estimularlo desde lo territorial puede hallarse en la página de facebook Campaña por una Consejería SSRyNR UBA, con encuesta incluida. Convoca, por estar en red social y porque su gen es inclusivo, a feminismos de diferentes horizontes, a colectivas lgbttiq y a organizaciones sociales y políticas, y también intenta sacudir a un Estado, supuesto garante de derechos, que hasta el momento se hunde en bostezos.

“Las consejerías prometen un proceso encaminador, que difiere para construir líneas interdisciplinarias integradoras. Y juro que no estamos creando un matriarcado, aunque nos encante”, ríe Lucía despojada de los prejuicios sociales y culturales que “sólo asfixian, pero eso sí, guerreras y furiosas, porque tenemos un millón de motivos”.

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LAS CONSEJERIAS INTEGRALES EMERGEN TAMBIEN COMO DISPOSITIVOS QUE PERMITAN DESARTICULAR ASIMETRIAS DE PODER ENTRE ALUMNXS Y DOCENTES.
 
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