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Viernes, 5 de noviembre de 2004

EXPERIENCIAS

La pluma y la palabra

Una semana antes que el Congreso Internacional de la Lengua Española sesionará el “Congresito”, un espacio para que niños y niñas tomen la(s) palabra(s) y la(s) llenen de sentido. María de los Angeles Chiqui González es quien abrió el juego y ya se ilusiona con lo que tendrá para decir el Diccionario Urbano, una especie de ranking de las palabras más amadas en Rosario.

 Por Sonia Tessa

Desde Rosario

Qué tienen en común amor con sopa, mamá con milanesa, sol con amigos? Esas palabras son algunas de las que votaron rosarinos y rosarinas como las mejores del idioma. La confección de un Diccionario Urbano es una iniciativa promovida por la Municipalidad de Rosario en el marco del Congreso de la Lengua para Niños “Los chicos tienen la palabra”, que se desarrollará del 9 al 12 de noviembre. Será justo una semana antes del Congreso Internacional de la Lengua Española, el acontecimiento cultural del año para la ciudad. Lejos de los catedráticos que llegarán para el evento oficial, María de los Angeles Chiqui González, la impulsora del “Congresito”, quiso abrir el juego y convocó a más de mil instituciones. Desde el primer día sugirió que la mayor parte de la ciudad debía elegir aquellas palabras que la significan, que hablan de su deseo. Para algunos funcionarios municipales era una tarea ciclópea, pero ella decidió emprenderla desde la Isla de los Inventos, el espacio público para la infancia que comanda. Se emociona cuando cuenta que las maestras se quedan sin dormir para pasar los escrutinios, que la llaman desde centros de jubilados para pedirle un día más de plazo, que nadie quiere quedarse afuera de la elección de esos vocablos. “No me importa que se elijan más de diez, lo importante es que la gente hable de las palabras, que las llene de sentidos”, desliza en medio del torbellino de trabajo en el que está metido todo el equipo de la Isla para garantizar la concreción de las múltiples actividades previstas.
Como parte del Congresito habrá dos muestras en la Isla de los Inventos, una vieja estación de ferrocarril recuperada como lugar de juego que se inauguró hace un año. En uno de los andenes estará María Elena Walsh para todos, una exposición inspirada en la obra de la escritora importada desde Córdoba. En el otro, la nueva muestra interactiva desarrollada por el equipo de trabajo de la Isla, que se llamará El porvenir de las palabras. Las dos estarán abiertas hasta mayo del año próximo.
Recorrer los juegos que forman El porvenir de las palabras, en plena construcción, es abrumador. La guía es la misma González, quien explica con un entusiasmo desbordante el sentido de cada propuesta. Habrá un sector dedicado a vanguardias literarias y su relación con la indumentaria de la época. Cada disfraz tendrá su poema. Habrá una fábrica de papel, que tendrá una prensa y permitirá a los chicos crear libros, habrá juegos de plaza –para los más chiquitos– que tendrán forma de letras, habrá discos de madera multicolores donde cada uno de los visitantes podrá escribir las palabras que le sugiere cada color, pero deberá evitar lo literal, una consigna que Chiqui repite a cada rato. Habrá una sala para escuchar canciones de cuna de todo el mundo, y recuperar la memoria de las primeraspalabras. Habrá tantos juegos que es imposible describirlos sin restarle espacio al resto de las actividades que se inician la semana próxima.
Por un lado, del Diccionario Urbano participa toda la ciudad, eligiendo las que considera las mejores palabras del idioma. Desde el martes próximo, 1400 chicos de 4 a 14 años harán el Congresito, y allí les darán sentido a cada uno de los vocablos más votados. “Chicos y chicas dirán por sí mismos aquellos asuntos del idioma que los adultos tanto analizamos y debatimos sobre las nuevas generaciones. Nos reúnen las palabras, que necesitamos para pensar, actuar y crear, las que dicen lo que dicen y además más y otra cosa. Vocablos amados que puestos en acción nos comunican, expresan, y sobre todo, nos convierten en personitas de las culturas”, dice la convocatoria del Congreso. Los chicos que asistirán fueron elegidos democráticamente en las escuelas y otras instituciones, como clubes y centros comunitarios.
Con actividades lúdicas y la presencia de escritores debatirán sobre las palabras. Aunque estas discusiones estarán restringidas a los congresales, en forma paralela habrá charlas con escritores, como Marcelo Birmajer y Silvia Shujer, que serán abiertas al público, igual que las muestras. También habrá recitales todos los días.
El Congresito –como le dicen para diferenciarlo del más grande y solemne– no será la única actividad pensada para que los niños tengan la palabra. En forma simultánea habrá un Encuentro Internacional de Culturas de Infancia. “Vamos a recibir a chicos extranjeros de habla hispana y niños argentinos pertenecientes a distintas comunidades indígenas, que traerán los cuentos y poemas, canciones de sus ciudades y pueblos, y otras muestras de su cultura”, dicen los organizadores. Vendrán desde Ecuador, Perú y Guatemala, entre otros países.
“La idea fue que pudiera venir todo el que quiso, y después vimos cómo hacerlo”, dice Chiqui. Y teatraliza su peregrinar por despachos oficiales de distintas reparticiones para conseguir que les paguen a los músicos que se presentarán gratis los folletos, el alojamiento. Todo a pulmón. “Los argentinos somos más creativos cuando hacemos las cosas con dos mangos”, dice Chiqui, y la frase no suena como un elogio de la pobreza sino como la voluntad de superar las restricciones.
Como credenciales del congreso consiguió unas plumas de colores para que cada niño tenga su identificación. A Chiqui le brillan los ojos cuando imagina en voz alta el acto inaugural –con la actuación de Luis María Pescetti– en el que más de mil chicos formarán un cuadro con los colores de las plumas.
¿Quién es la impulsora de todo este torbellino de actividades? Directora de teatro y docente, González concibe la función pública como espacio de integración social, creación de nuevos sentidos colectivos y transformación de la realidad. No son consignas, sino las premisas implícitas en la apuesta al juego como forma de aprendizaje. Así fue con la muestra Berni para niños, que organizó en 2000 y llegó al Centro Cultural Borges de la Capital Federal en 2002. También en el diseño del tríptico que integran el Jardín de los Niños, la Granja de la Infancia y la Isla de los Inventos. Tres espacios públicos ubicados en puntos diferentes de la ciudad que crean una poética de la infancia.
Su creadora sabe que los niños necesitan jugar, y no acepta que la pobreza sea una excusa para expropiarles también el juego. Al contrario, apuesta a su poder transformador.
Junto a un entusiasta equipo de trabajo, diseñó esos espacios modelos, que la convertirían en una celebridad si estuvieran en una metrópoli. Son espacios inabarcables, donde suceden muchas cosas a la vez. Entre otras cosas, en el Jardín de los Niños se juega a volar. En la Granja de la Infancia se juega a hacer el pan y la mermelada. En la Isla de losInventos se juega a fabricar objetos. Ahora también se jugará con las palabras.
En plena construcción de la nueva muestra, Chiqui conduce la descripción de cada juego como un torbellino de pasión hasta el final de la Isla. La emoción aparece al llegar al último, “la palabra clandestina”. En varias franjas negras pintadas sobre el piso, donde se pueden leer frases o palabras nacidas en la valentía y las convicciones. “Es un homenaje a todos los que fueron perseguidos por causa de su palabra o su acción”, dice Chiqui. Cada una de esas frases estarán tapadas con una piedra, y los que lleguen allí deberán descubrirlas. “Soy la nena del hilo azul en la oreja”, dice una de las frases y Chiqui desliza al pasar, “es de la última desaparecida recuperada”. Se refiere a Victoria, cuya verdadera identidad fue restituida hace menos de quince días. Con las piedras, los asistentes deberán hacer instalaciones artísticas pero ya no encima, sino al lado de las palabras.
Talento y voluntad de transformar se combinan con una inusual capacidad para comprometer a sus colaboradores en sus quimeras. El ritmo de trabajo es frenético. Faltan pocos días para el Congresito y temen no llegar. Pero el tren no se detiene, para garantizar que el martes los chicos puedan tomar la palabra.

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