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Viernes, 25 de noviembre de 2005

TENDENCIAS

El sueño del bíceps propio

¿Qué es este aguijonazo de angustia que se clava cuando transcurre la hora nueve en el trabajo? ¿Nostalgia de la familia? ¿Sensación de que el tiempo pasa y lo aprendido se olvida? ¡No! ¡Es la certeza de que otra clase de gimnasia se ha perdido! Porque, sepámoslo, dicen las últimas encuestas que si las mujeres argentinas pudieran elegir qué hacer con un rato extra ¡irían al gimnasio! Eso, siempre que Ud. crea en las encuestas...

 Por Luciana Peker

Siete de cada diez mujeres que trabajan sienten que les falta tiempo. Y siete de cada diez mujeres que trabajan (y sienten que les falta tiempo) hacen varias cosas al mismo tiempo. Por supuesto, a siete de cada diez también les gustaría tener más tiempo. El tiempo, entonces, es una de las claves de los condicionamientos (por sobreexigencia) de las mujeres actuales. Hasta aquí todo más o menos previsible en una sociedad que abrió la puerta de calle a las mujeres, pero convirtió a esa puerta en giratoria (con el consiguiente precio de tener que estar en todos lados todo el tiempo y tener que hacer tooooooooodo con el mismo tiempo que antes se hacía una sola cosa).

¿Pero qué harían las mujeres si contaran con más tiempo? En el siglo XXI las encuestas son como la lámpara de Aladino, una fábula que no se hace realidad, pero que deja pensar sobre qué pediría uno/a si pudiera pedir. Seguramente Aladino se hubiera sorprendido (y todos los que pensaron que trabajar y dejar a los hijos era un aguijonazo a la culpa femenina también): El 18 por ciento de las mujeres argentinas si tuviera un día de 27 horas (o un trabajo de 6) iría al gimnasio, practicaría deportes o saldría a caminar, el 17 por ciento saldría o iría a pasear, el 14 por ciento estudiaría o se capacitaría, el 8 por ciento haría artesanías o manualidades y recién a la par que el crochet o la pintura en madera el 8 por ciento estaría más horas con su familia. Glup.

Por debajo sólo están el deseo de trabajar más (6 por ciento), de dormir (5 por ciento) o de viajar (5 por ciento). Hasta ahora siempre se dijo –o se quiso decir– que el desafío de las mujeres modernas era dejar a los hijos para ir a trabajar y que ese desafío seguía siendo doloroso. O sea, que las mujeres ya no eran madres full time, pero sí tenían culpa full life por no ver pasar el reloj de sus vidas junto al reloj de la vida de sus hijos. Esta encuesta –realizada por TNS Gallup, a pedido de la marca Skip Unilever, sobre 536 casos en todo el país durante julio y agosto del 2005– parece hacer pensar en la caída del paradigma (no del deseo de tener hijos) sino de la presunta tortura por dejarlos.

No es sólo que la mayoría de las mujeres argentinas que trabajan lo hacen porque quieren y necesitan trabajar, sino que si tuvieran más tiempo no volverían en helicóptero a martillar milanesas sino que se quedarían haciendo flexiones, viendo una obra de teatro, estudiando francés o practicando tejido. En el podio de los deseos de las encuestadas por Gallup, las ganas de hacer más bizcochuelos con chocolate y dulce de leche para la hinchada infantil, corregir cuadernos o ir a la plaza a aplaudir piruetas en trepadoras ocupan un modesto (modestísimo) cuarto puesto.

Los resultados no son aislados. También el sueño número 1 de las argentinas es maximizar el día o achicar las obligaciones para poder ir a hacer abdominales o subirse al step, según otra encuesta –realizada vía Internet a través de 1115 votantes de Clarín Mujer– de la consultora D’alessio Irol, en donde el 36 por ciento de las mujeres dijo que le gustaría tener más tiempo libre para ir al gimnasio, el 24,7 por ciento para tener un hobby, estudiar idiomas u otro aprendizaje, el 16, 7 por ciento para pasear y (nuevamente en cuarto lugar) el 15,5 por ciento para estar con sus hijos y su marido. Después del anhelo por extender la jornada en el hogar dulce hogar sólo resta el 6,5 por ciento de las que quieren –y no suena de lo más entretenido– terminar trabajos pendientes.

La socióloga María Rosa Oreglia, directora del Area Market Research de TNS Gallup –a cargo de la encuesta de Skip–, analiza: “Creo que las mujeres siempre han tratado de compatibilizar estas dos responsabilidades –trabajar y tener hijos– pero a costa de su tiempo personal y así lo prueba nuestro estudio: hacen malabares para cumplir con todo”. Oreglia cree que estos resultados marcan el deseo femenino de tener más tiempo personal, pero que este deseo no implica un rechazo a la maternidad. “Cuando se les pregunta a las mujeres cuáles son las cosas que más disfrutan hacer, el 24 por ciento manifiesta ‘estar/salir con los hijos, familia’ contra un 7 por ciento que menciona que el trabajo es su mayor disfrute.”

O sea, un cuarto de las mujeres disfruta mucho de su familia. Pero quisiera agregarle a su día más horas no a disposición de otros, sino a disposición de ellas. “Las mujeres quieren la revancha y van por su tiempo”, enfatiza, por su parte, Nora D’alessio, la socióloga a cargo de la consultora D’alessio Irol. “Las mujeres quieren tiempo para ellas. Esto no quiere decir que son malas madres. Pero las responsabilidades básicas en el hogar y la crianza de los hijos siguen siendo de las mujeres y, especialmente, las de treinta y pico ya no sienten culpa por dejar a los hijos sino deseo de poder hacer otras cosas además de trabajar y ser mamás.”

Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, reflexiona sobre los resultados de esta consulta de opinión: “La atención que las mujeres dedican a sus hijos, al parecer, es percibida como parte de su trabajo. La ‘doble jornada laboral’ es un patrón característico de las mujeres, sobre todo de las que están en edades conyugales y reproductivas. A la jornada de trabajo remunerado se suman las horas destinadas a ocuparse de la crianza de los hijos y de las tareas domésticas. Los maridos contemporáneos tienden a participar, pero en carácter de ayudantes. Aún no asumen como propia esa carga de trabajo no remunerado y poco prestigioso. A esto se agrega que hay una proporción significativa de hogares donde el marido está ausente, debido al divorcio o a la viudez. Por lo tanto, las mujeres se encuentran sobrecargadas. No resulta extraño entonces que sueñen con un tiempo libre, un tiempo destinado a sí mismas, una especie de permiso para una (módica) cuota de egoísmo”.

Este permiso personal –aunque sea expresado como deseo– sería un paso adelante en la liberación de las mujeres argentinas de los patrones culturales que ataban a vivir por y para los demás. Sin embargo, el top ten del gimnasio como meca de la autorrealización trae algunas sospechas. ¿Se desea tiempo propio o la presión estética es un nuevo patrón cultural tan fuerte que ahora compite a codazo limpio con el mandato de ser buena madre, ser buena trabajadora (y también estar buena para mostrarse en el verano)?

Meler no ve un componente negativo en la mirada hacia el ombligo. “Si el gimnasio ocupa el primer puesto en esa escala de elecciones es porque el cuerpo representa al propio ser, y el sí mismo femenino de la Modernidad tardía sin duda se sueña saludable y por qué no, sexualizado y erótico”, subraya. La socióloga Oreglia detalla quiénes son las más fanatizadas por llegar a la oficina con el mismo número de pantalón que cuando se fueron de licencia por parto: “Las entrevistadas que mencionaron el deseo de tener más tiempo para el cuidado del cuerpo son en mayor medida las que trabajan, de 25 a 34 años y de nivel ABC1, y es este segmento en particular el que está más expuesto a la competitividad y presión del medio donde se mueven: son jóvenes, trabajan y tienen medios económicos para hacerlo”.

La relación entre el tiempo y la estética para ciertos modelos de mujeres no es una metáfora. “Vivo ahí adentro”, le dijo la modelo Soledad Solaro a la revista Caras –del 22 de noviembre– refiriéndose a su centro de estética (seguramente mencionado en la nota gracias al San Canje del que viven, o viven para su cuerpo, las modelos) en donde se hacen tratamientos faciales, drenajes, masajes sobre glándulas del cuerpo para eliminar toxinas y aparatos para mantener la delgadez y la tonicidad.

Más allá de las que se estiran para verse estiradas, el largo y zigzagueante camino de la liberación femenina todavía juega a una rayuela en donde las mujeres se estiran para poder llegar a todos lados. Y el tiempo es tirano. ¿Sólo el tiempo? La falta de espacio no es equitativa entre los géneros. Oreglia destaca: “A 6 de cada 10 mujeres les falta tiempo y para poder compensarlo hacen varias cosas al mismo tiempo, proporción que se reduce a la mitad entre los hombres, ya que sólo 3 de cada 10 entrevistados del sexo masculino mencionan hacer varias cosas a la vez”.

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