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Viernes, 14 de julio de 2006

SOCIEDAD

Cara y cruz

Si algo quedó claro durante el Mundial es que explotación sexual y deportación van de la mano de los grandes eventos, a veces en medio de olas de indignación, y otras, encerrados en el más profundo de los silencios. Aquí, un mapa de los debates europeos sobre la trata.

 Por Veronica Gago

El Mundial de fútbol, en su montaje de una escena global, dejó entrever una relación de larga historia: la que entrelaza prostitución y migración. Hoy este vínculo se hace más complejo cuando, por un lado, Europa pretende amurallarse y endurece sus leyes migratorias y, por el otro, la mayoría de las mujeres que se prostituyen allí son extranjeras que cruzan la frontera desde Europa del Este, América latina y Africa. Así, las mujeres migrantes pobres que deben prostituirse para sostener a familias enteras con las remesas que envían a sus lugares de origen son muchas veces perseguidas y deportadas. No pasa lo mismo con los clientes ni los proxenetas. Tal vez el slogan alemán del Mundial “el Mundo en casa de amigos” diga algo de esta geografía política que a la vez que se pretende libre de todo tipo de barreras, fortifica pequeñas patrias con retóricas de la (in)seguridad. El mapa, a la vez, vuelve a remarcar las estrías de una desigualdad Sur-Norte creciente: las mujeres del sur cargan sobre sus cuerpos los tránsitos más dolorosos de una migración que soporta niveles de explotación casi siempre mayores a los vividos en los países de origen que sin embargo las forzaron a irse.

El debate sobre la prostitución desatado por los megaburdeles construidos en Alemania a propósito del Mundial de fútbol –animados por cafishios devenidos empresarios gracias a la legislación de ese país que equipara la prostitución con cualquier otro servicio– deja al desnudo la tensión entre dos posturas en el debate europeo. Por un lado, quienes enfatizan que las mujeres extranjeras son traficadas y coaccionadas a ejercer la prostitución y organizan campañas de denuncia (donde se mezcla la presencia de diversos grupos feministas, la iglesia evangélica y católica y ONG). Por otro, quienes argumentan que la prostitución es un “trabajo decidido” por las propias migrantes para sobrevivir y escapar de situaciones de violencia doméstica y pobreza en sus lugares de origen y, por esto, privilegian las acciones contra su deportación (en su mayoría organizaciones de defensa de derechos para las extranjeras). Sin embargo, llama la atención la ausencia de una voz desde las propias migrantes que a la vez que repudie las deportaciones, cuestione la cadena trasnacional de explotación por la cual las mujeres pobres quedan sometidas a su parte más brutal y violenta, sean o no traficadas. El dilema parece polarizarse cuando no tiene como interlocutoras directas a las mujeres en situación de prostitución, en su mayoría provenientes de los países periféricos. De hecho, explotación y deportación se muestran como dos caras de una misma moneda: la explotación sexual es sostenida por la pobreza de mujeres sin frontera que encuentran en la venta de sexo una forma de enfrentar el hambre de sus familias mientras resisten la amenaza de la deportación.

LA PROMESA EUROPA

A partir de denuncias de que más de 40 mil mujeres estarían siendo llevadas a prostituirse durante el Mundial en Alemania, se lanzaron diversas campañas: “Silbatazo, fin a la prostitución forzada” del consejo alemán de mujeres, diversas entidades deportivas y el sindicato alemán de policía, entre otros; “Paren la prostitución forzada” de orientación evangélica, “Tarjeta roja a la prostitución” organizada por el Parlamento europeo, entre más de otras veinte iniciativas. La organización Doña Carmen de Francfort, que asesora a prostitutas migrantes, se opone a estas campañas. “Las prostitutas extranjeras son las víctimas aquí, pero no de la prostitución forzada y la trata sino de las acciones policíacas. Las razzias en su contra son el ‘niño mimado’ del estado de derecho, oculto detrás de la máscara del bienestar”, sostienen. En su documento Histeria en el marco de la Copa Mundial señalan: “Que estas redes de campañas cooperen con la policía demuestra una alianza funcional entre sus integrantes. Hay una coincidencia de intereses: para que las iglesias católicas se involucren en el control y deportación de migrantes irregulares. Esta criminalización es un medio para la contención de la migración femenina hacia Europa occidental”.

La investigadora latina Laura Agustín, especialista en el tema, sostiene una posición similar: “Cuando se construye a las prostitutas migrantes como traficadas, se da por sentado que fueron arrancadas contra su voluntad, permitiendo que medidas de deportación nada sutiles parezcan ser acciones benévolas”, señala. Mónica Orjeda, nacida en Perú, es del grupo Mucolade (Mujeres contra la deportación), que hace trabajo preventivo legal para las prostitutas migrantes en Hamburgo. Ante la pregunta de Las/12 por las cifras de mujeres llevadas a prostituirse al Mundial, responde: “Lo primero es cambiar un poco la mirada: las mujeres no son ‘llevadas’. La imagen es que son ‘forzadas’ y la situación es diferente. Hay una elección de venir aquí. No todas quieren dedicarse a la prostitución, claro, pero saben que el billete está ahí y se la juegan. Lo que muchas no saben es en qué condiciones tendrán que trabajar y cuando no se tiene papeles ni se habla el idioma, pues son muy malas...”.

contra la prostitucion

Según Leonor Núñez, una de las coordinadoras argentinas de la Red No a la Trata, no puede desligarse la prostitución de la coacción sobre las mujeres y su tráfico: “Nadie se prostituye solo y lo importante es no encubrir al prostituidor”. La trata es hoy un negocio millonario en el mundo: cada tratante gana entre 35 mil y 100 mil euros anualmente por cada mujer. En los burdeles son los empresarios-cafishios los que aprovechan el negocio. Núñez impulsa en Argentina la campaña “Jugar al fútbol sí, prostituir no” y no está de acuerdo con considerar la noción de “trabajo sexual” porque –precisa– siempre hay dos elementos en la prostitución que dan cuenta de la coacción: el asco y el miedo. “No hay prostitución sin sometimiento. A diferencia de otras formas de explotación, la intimidad que es violentada tiene menos posibilidades defensivas y el daño es de otro tipo”, enfatiza. Y agrega: “La deportación funciona como una presión más para que las mujeres se callen”.

Hay que distinguir –continua Núñez– la postura del “abolicionismo” de los usos que puede hacer la Iglesia o la derecha racista a favor de la deportación: “El abolicionismo plantea abolir toda reglamentación para que no sea penalizada la situación de las mujeres y que sí lo sea la trata y el proxenetismo. No tiene nada que ver con la postura ‘reglamentarista’ que pretende regular el trabajo sexual a través de controles sanitarios y zonas rojas que sólo habilitan la injerencia oficial y policial sobre las mujeres ni con el ‘prohibicionismo’ que busca cazar y reprimir a las mujeres, fomentando una mayor clandestinidad y dependencia al proxeneta”.

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