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Viernes, 29 de septiembre de 2006

VIOLENCIAS

¿Por qué no nos creyeron?

En Mar del Plata, 39 niños y niñas de un jardín de infantes denunciaron como pudieron que habían sufrido abusos por parte de su profesor de educación física en una escuela católica, Nuestra Señora del Camino. Cuatro años después, el profesor fue absuelto y las peritos –oficiales y de parte– fueron recusadas por haber “ayudado a construir” el relato coincidente de todos esos niños. Padres y madres siguen marchando mientras esperan el resultado de la apelación del fallo.

 Por Sonia Santoro

El 27 de cada mes marchan desde la costa hasta la Catedral marplatense. Llevan máscaras blancas pintadas con lágrimas negras. Intentan proteger la identidad de sus hijos, nenes y nenas que a los 4 o 5 años dijeron haber sido abusados por el profesor de educación física de una escuela católica. Pero, el 27 de marzo, la Justicia determinó que el profesor Fernando Melo Pacheco era inocente y lo absolvió, poniendo en duda los dichos de los chicos.

Fernando Melo Pacheco ejercía en el jardín de infantes del colegio católico Nuestra Señora del Camino. Melo Pacheco estaba imputado por 21 casos de “abuso sexual gravemente ultrajante reiterado y calificado” y “corrupción de menores agravada” hasta que los jueces del Tribunal en lo Criminal Nº 1 –José Martinelli, Alfredo Deleonardis y Esteban Viñas– no sólo absolvieron a Melo Pacheco sino que procesaron a Ana María Birades, una de las psicólogas privadas que trabajó en las pericias de los chicos, acusada de “coconstruir el relato de los chicos”; y a Adriana Vitale, perito oficial, por incumplimiento de los deberes de funcionario público. En los fundamentos del fallo, los jueces hablan de que los relatos de los niños fueron coconstruidos o contaminados por intervención de padres y por las dos peritos que tuvieron contacto con los chicos desde el comienzo. Sin embargo, en el caso hubo otros profesionales de la psicología que entrevistaron a los chicos. En marzo del 2005, Norma Mioto y María Amalia Cejas de Escaglia, jefa y subjefa del Cuerpo de Justicia Forense Nacional, hablaron con ellos mediante el uso de cámara Gesell, que permite que sean filmados sin notarlo. Esas pruebas, que fueron fundamentales para el pedido de condena de la fiscalía –a 18 años de prisión–, no fueron suficientes para los jueces.

El fallo fue apelado ante la Cámara de Casación –tanto por los padres como por la fiscal–, que todavía no se expidió.

Graciela, Mónica y Laura (así las llamaremos, para resguardar a sus hijos) llegaron a Buenos Aires para averiguar el estado de la causa. No tienen abogado desde que despidieron a Julio Razona porque, dicen, las estafó: “El nos explica que con que haya un solo particular damnificado era suficiente, que los demás estábamos defendidos igual, que para qué pagar todos la tasa si con uno alcanzaba y sobraba. Ante nuestra ignorancia y ante el sufrimiento que teníamos, escuchábamos lo que nos decía y nos pareció bien. A los dos años nos enteramos de que no era así, y que ya era tarde para presentarnos todos como particulares damnificados”.

–Con 21 casos, en vez de 1, el juicio hubiera tenido mucho más peso. ¿Con qué objetivo creen que hizo eso?

Mónica: –Montaron un buen espectáculo, nosotras compramos los boletos y usaron a los chicos como payasos.

–¿Quiénes?

–Todos (a coro). Todo el sistema judicial, la escuela desde el primer momento. La escuela jamás dijo “separemos al profesor y mantengámonos en una línea imparcial”, no, la escuela tomó parte por el profesor desde un primer momento. Y lo que hizo la escuela en Mar del Plata lo hicieron todos, el Obispado, el Tribunal de Menores...

–¿Por qué las psicólogas fueron cuestionadas durante el juicio?

Mónica: –Era la única manera de llegar a ese fallo.

Laura: –Como lo que más valor tiene es el primer testimonio de los chicos, había que tirar abajo esa teoría, y la única manera era que no fueran competentes.

Desde la presentación de las primeras denuncias, en el 2002, los nenes y nenas abusados fueron retirados del colegio. Más allá de la decisión de los padres, la institución no les renovaba la matrícula. Mientras tanto, Melo Pacheco sigue ejerciendo en la misma escuela, en la secundaria, denuncian las madres.

–En todo este proceso, que lleva años, ¿qué fue lo más doloroso para ustedes?

Mónica: –Lo más duro es escucharlo por primera vez de la boca de tu hijo. Y después... todo...

Laura: –Pensá que tenían 4 años, la etapa más feliz se la aniquilaron. A cuatro años siguen padeciendo problemas, muchos no tienen el alta, sufren bajones...

Mónica: –Hay días que están muy bien, son nenes normales que han pasado por una situación difícil. Pero hay situaciones que no pueden manejar. Mi nene no ha ido a cumpleaños porque no podía enfrentarlo, le costó recuperar la confianza en el adulto.

La mayoría de los padres también está en tratamiento psicológico y sobrellevan el peso de mostrarse fuertes frente a los chicos y hacia fuera. Impotencia es una palabra que se escapa de vez en cuando en la charla: “Tenés que leer que digan que no hay que creer en la palabra del niño. Esa fue una de las caídas de muchos chiquitos al tener que explicarles lo que vieron en la noticia...”, dice Graciela.

–¿Qué explicación les dieron?

Laura: –Se decidió decirles la verdad, o sea, que había salido absuelto, que estaba libre. Y la pregunta de todos los chicos fue, en general: “¿Por qué los jueces no nos creyeron?”. Es un momento muy feo escuchar eso.

–¿Ustedes son católicas?

–Eramos (a coro).

–¿Cómo es la relación con la comunidad? ¿Cuál es la idea de qué fue lo que pasó?

Mónica: –Mar del Plata es una ciudad donde la Iglesia pesa muy fuerte. El 90 por ciento de Mar del Plata es de la Iglesia.

Graciela: –Si bien hay algunos que nos apoyan y nos creen, no se hacen cargo.

Laura: –El abuso en sí es algo que a la gente le impacta. A la gente le impacta los 39 chicos abusados.

–Es increíble pensar que 40 padres se puedan complotar...

Mónica: –Pero es más fácil pensar que somos 40 padres locos que buscamos plata, porque es lo que dicen.

–En este juicio se juzgaron 21 casos.

Mónica: –Son 39, el juicio está dividido en dos y ahora podría empezar el segundo juicio.

–¿Qué esperan que pase en los próximos meses?

Graciela: –Que anulen este juicio y empiece uno nuevo, en donde crean en los chicos.

Mónica: –Yo, la verdad, lo único que quiero es salir adelante, tratar de terminar con todo esto, más allá de nuestros hijos, con tanto caso de abuso que hay y tanto silencio. Que la gente se anime a hacerse cargo. La verdad es que mucha fe en el juicio ya no tengo.

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Imagen: Sandra Cartasso
 
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